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Tres estrenos en TEMFest 2014

Daniel Fernández - El Nuevo Herald

La expresión From Russia with Love (Desde Rusia con amor) parece haber sido acuñada en 1957 con la famosa novela de Ian Flemming que protagoniza el inefable super espía James Bond. Aunque sin espías ni intrigas internacionales, sin duda resultó un título muy sugerente para el concierto que ofreció el sábado la New World en el Arsht Center, pues el público repletó el teatro.

 

Abrió la noche con el brillante director interno Joshua Gersen en el podio, quien entregó brillantemente la infrecuente Marcha de la Fiesta de Coronación, de Chaicovsky. Como su nombre indica, se trata de un magno ejercicio sobre la tradicional ceremonia monárquica rusa con un lujo orquestal que evoca el esplendor de la corte zarista. El vistoso final, con gran despliegue de percusión y fanfarrias, puso al público en vena para las ovaciones que se repetirían durante la noche.

 

Luego entró en escena el solista de la noche, el aclamado violinista Gil Shaham quien habría de lucirse con una espectacular entrega del Concierto no. 2 en sol menor para violín y orquesta, op. 63, de Prokofiev.

 

Resuelta en tres movimientos, esta magna obra es un muestrario de diferentes estilos de su autor, desde la exploración de las temáticas folclóricas hasta las largas frases melódicas y los panoramas expansivos con vasto paisaje sonoro de múltiples capas. Y por supuesto, los palpitantes juegos rítmicos donde la percusión intenta robar el protagonismo. Si bien la orquesta estuvo impecable, ahora bajo la batuta de su director Michael Tilson Thomas, el solista se lució sin dejar lugar a dudas acerca de su virtuosismo y de su impecable memoria, ya que tocó la exuberante obra sin asistencia de partitura. Los espectaculares acordes del cierre llevaron al público a ovacionar de pie.

 

La Sinfonía no. 2, en mi menor, op 27, de Rachmaninof ocupó toda la segunda parte de la noche. Monumental por su extensión y su concepto esta es una de esas obras que precisa un particular esfuerzo, tanto de los intérpretes como del público, para lograr todo su tremendo esplendor. Dada su larga duración, algunos cortes se le hicieron hace décadas, pero finalmente ha vuelto a establecerse en toda su original dimensión. El amplio desarrollo de los temas, sobre todo, en el primer movimiento, exige de los intérpretes la mayor intensidad y del director, la mano sabia que entresaque los planos sonoros, destaque los juegos dinámicos y vaya exponiendo el entramado sinfónico como quien desenrolla un rico brocado.

 

De igual manera, el público debe relajarse y entregarse a esta épica musical con la curiosidad de un niño que descubre los tesoros de una dulcería. Tema tras tema, ritmo tras ritmo, la obra se desarrolla con distintos niveles de intensidad. De particular belleza es el tercer movimiento, Adagio, que resulta especialmente familiar pues ha sido utilizado con harta frecuencia en películas, anuncios, programas de TV… Pero sin duda, donde se lanzan al vuelo las campanas del Kremlin es en el tres veces explosivo Allegro vivacecon que cierra la obra. No es frecuente que una creación musical de semejante proporción logre una entrega tan impecable y a la vez tan sentida e intensa. El público reaccionó al borde del delirio. Muchos estaban visiblemente emocionados. La ovación fue larga, pero el recuerdo de esta noche durará mucho más.• 

 

El próximo concierto de la New World Symphony será el 3 de marzo en el New World Center con Bernard Labadie como director invitado. Información y entradas: (305) 673-3331 y www.nws.edu.

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