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Habey Hechavarria PradoHabey Hechavarría Prado (La Habana, 1969).

Teatrólogo. Padre de Familia. Humanista. Graduado de la Facultad de Arte Teatral del Instituto Superior de Arte, donde ejerció la docencia durante más de una década. Integró grupos teatrales y diferentes instituciones de las artes escénicas cubanas que le dieron experiencia como actor, director, dramaturgista, asesor y crítico.

Sus artículos e investigaciones se encuentran en publicaciones especializadas y sitios web. Ejerció el periodismo cultural dentro de revistas católicas habaneras. Publica reseñas teatrales en El Nuevo Herald y escribe para Teatroenmiami.com

Azul Tirreno Julio de la Nuez 18Habey Hechavarría Prado – www.TeatroenMiami.com

Varias generaciones han crecido junto a El Principito, narración del autor francés Antoine de Saint-Exupéry. Y una frase del libro ha configurado la vida y el espíritu de mucha gente alrededor del mundo: “No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.” Sin embargo, cuando el teatrista cubano José Manuel Domínguez escribió y dirigió su obra Azul Tirreno, una producción de Antiheroes Project presentada recientemente en la sala de Artefactus Cultural Project con su colaboración, no le dio relevancia al célebre exergo de aquel relato para niños, pero no infantil. Y una razón muy sencilla consigue iluminar el enigma. Toda la obra y su representación revelan, comentan, enarbolan dicha frase que recupera una antigua máxima de la filosofía y del misticismo.

Sobre estas dos ideas, lo esencial invisible y la sencillez de la grandeza, se descubre un espectáculo dominado por la palabra, donde las imágenes mentales someten a las imágenes visuales. El punto de encuentro de un teatro para ciegos y un teatro para visionarios conquistó, para la cartelera hispana de Miami, uno de los mejores resultados artísticos en lo que va de año. Contar la vida del escritor y piloto francés, desaparecido en extrañas circunstancias sobre el Mar Tirreno, cuando debía estar componiendo nuevas maravillas literarias, fue otro logro de una hermosa puesta en escena que se ve con los oídos y se escucha con los ojos, según se decía de la Comedia Española del Siglo de Oro. Pero el mérito extraordinario, dentro de los márgenes del teatro local, estuvo en el equilibrio interpretativo del elenco, rara avis de nuestra creación teatral. Fernando Goicochea, Yerandy Basart, Juan Echeverri, Romina Musach y Belén Curiuni acoplaron diversas tradiciones actorales, a razón de un poco de construcción psicológica de personajes, algo más de técnica psicofísica y un decir escénico bastante articulado, matizado, proyectado, que integró diferentes acentos hispanoamericanos con la misma gracia y credibilidad.

 El escenario sin escenografía, un reincidente color azul en la iluminación, el uso de la utilería imprescindible, cohesionaron la estructura fragmentada del espectáculo. Otro aspecto, el ensamblaje de los cuadros, cada uno con un desarrollo un tanto desigual, protegió el disfrute de la puesta, apoyada en diálogos balbuceantes que oscurecieron e inflamaron el tono mítico del relato directo escogido por los directores. Es que sin la co-dirección del protagonista Goicochea, la obra no hubiera atravesado diferentes planos de construcción teatral potenciando la riqueza verbal de un texto, al parecer, muy bueno. Porque José Manuel Domínguez es invidente pero también es un artista de ideas claras, olfato dramático y una fina sensibilidad que, al enfocar su Azul Tirreno en pasajes significativos de la vida de Saint-Exupéry, desborda los límites del homenaje para emprender el más largo viaje hacia el corazón de un hombre. Este itinerario lo cumplen el halo poético del escritor que contempla la existencia como un misterio, y el aliento épico del piloto que atraviesa una historia repleta de endriagos y aventuras interiores.


FOTOS JULIO DE LA NUEZ

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