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Habey Hechavarria PradoHabey Hechavarría Prado (La Habana, 1969).

Teatrólogo. Padre de Familia. Humanista. Graduado de la Facultad de Arte Teatral del Instituto Superior de Arte, donde ejerció la docencia durante más de una década. Integró grupos teatrales y diferentes instituciones de las artes escénicas cubanas que le dieron experiencia como actor, director, dramaturgista, asesor y crítico.

Sus artículos e investigaciones se encuentran en publicaciones especializadas y sitios web. Ejerció el periodismo cultural dentro de revistas católicas habaneras. Publica reseñas teatrales en El Nuevo Herald y escribe para Teatroenmiami.com

hhp 07 06Habey Hechavarría Prado - www.TeatroenMiami.com 

A las puertas del Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami, en su edición 31 del 2016, el evento teatral más importante de la ciudad que organiza la compañía Teatro Avante, regresa la pregunta que cada año funge como termómetro cultural. ¿Cuál ha sido el recorrido del arte escénico local durante los últimos meses y hasta el mes de julio, cuando arrancan las presentaciones del Festival? La respuesta, que puede ser extensa o precisa, se inclina a la segunda variante. El arte del teatro por excelencia, es decir, el teatro de arte, con su impronta de vanguardia, subsiste pese a las dificultades económicas, organizativas y formativas, evidentes incluso en los resultados de los espectáculos. En contraposición, una mayoritaria producción comercial, también enredada en no pocas dificultades, muestra una ligera pero sostenida tendencia al alza. La modesta vida teatral de Miami, que carece de interrelación con la cartelera del evento miamense, continúa creciendo.

Pero más allá del enunciado emergen tendencias, recursos, perspectivas que, en la escena comercial, o la que aspira a serlo, echa mano a la explotación entusiasta de las variantes de la comedia, la música, el canto, los tan socorridos temas sexuales, eróticos, el cuerpo desnudo de los intérpretes, además de las no tan esporádicas incursiones teatrales de actores y actrices conocidos por su trabajo en las empresas hispanas de televisión. Este avance de la industria del entretenimiento sobre el todavía endeble panorama teatral de nuestro condado, trae espectáculos, a veces superiores en corrección técnica y eficacia comunicativa, que plantean un desafío existencial al teatro de arte. Sin embargo, la escena con mayor visión artística no solo se resiste a desaparecer, sino que con su paso tambaleante no se amilana y consigue explorar caminos estéticos más contemporáneos.

De lo anterior no hay dudas al considerar los principales estrenos del presente año: El caso Hamlet, de El Ingenio Teatro, Carne, de Miami Factory Theater, Mañana es una palabra, de Artefactus Cultural Project, Matemática del deseo, de Artspoken Performing Arts Center y Azul Tirreno, de Antiheroes Project. Pero cuando la mirada atiende los aspectos comunes, quedan en evidencia las características de una ofensiva contra la pereza y el estancamiento. A entender, los cinco espectáculos fueron estrenos “mundiales”, los textos nacieron de procesos de investigación y elaboración minuciosa, los cuatro últimos se concibieron en Miami o desde el enfoque de Miami, además de que sus autores fueron los directores de puesta en escena; respectivamente: Erom Jimmy (junto al dramaturgo cubano Maykel Chávez, residente en la Isla), Eddy Díaz Souza, Yoshvani Medina y José Manuel Domínguez. La obra de El Ingenio Teatro, escrita en Cuba por la prestigiosa dramaturga Raquel Carrió, deviene excepción que confirma la regla porque la eminente profesora habanera suele ser la autora de los espectáculos que Liliam Vega dirige con su agrupación.

Otros elementos son aún más relevantes y reveladores de las actuales andanzas del teatro. Porque lo verdaderamente importante está en apreciar que las cinco propuestas, pese a sus desiguales resultados artísticos, experimentan con expresiones distintas a la teatralidad al uso en la ciudad. Desde una teatralidad visual envuelta en música, casi retiniana, estas propuestas se aproximan a una teatralidad de la acción en la palabra, cuyo desarrollo transforma el acto y las imágenes literarias en una experiencia escénica de comunión y complicidad en lo performativo, que obliga al espectador a reconstruir, a co-crear una imagen escénica que ya casi es una imagen mental. Aunque menos evidente en unos títulos que en otros, nuestros teatristas están cultivando una de las vertientes distintivas del teatro contemporáneo. Parece que arribamos a esa estética de la “palabra-teatro” que es un “teatro de la palabra”. En las próximas entregas, valdría la pena explicarlo mejor desde las perspectivas diferentes que ofrecieron las representaciones de Carne, El caso Hamlet y Azul tirreno.

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