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Habey Hechavarria PradoHabey Hechavarría (La Habana, 1969).

Teatrólogo, profesor, padre de familia, humanista. Licenciado en Artes Escénicas, por Instituto Superior de Arte (Cuba). Master en Ciencia, por Nova Southeastern University (USA).

web teatroarte3Habey Hechavarría Prado - www.TeatroenMiami.com 

Prólogo a una revisión histórica

En términos de aporte a la cultura desde el arte, “poner el muerto” sería mucho más que morir. Es fundar una visión, un camino que trasciende como destino compartido. La trascendencia de esta convocatoria supera las buenas intenciones, genera un liderazgo y, lo imprescindible, contribuye de manera sensible al cambio. Por eso empleo una categoría que mezcla el glamour del heroísmo con los padecimientos del chivo expiatorio. Justo como les sucede a los artistas en sus procesos teatrales. Me refiero a la noción de pharmakós.

Este concepto alude a una víctima propiciatoria que funda una ceremonia ritual. Así lo utilizó, entre otros antropólogos e investigadores, el profesor inglés George Thomson en sus estudios sobre los orígenes del teatro griego. Pues sin el elemento del pharmakós el teatro no existiría tal cual lo conocemos hoy. Aunque comprender íntegramente esta noción excede los márgenes del presente artículo, al menos algo debe entenderse bien. Ya sea un macho cabrío, un ser humano o un personaje dramático, un pharmakós estampa el sacrificio del héroe cultural cuando transforma el mundo. Y da lo mismo si se trata de salvar una nación entera, el gran universo de la cultura o el universo mínimo del Teatro de Arte.

Hablamos de entidades que, a pesar suyos, cumplen una función “farmacológica”, sanadora, una suerte de “limpieza sagrada” que los coloca en la frontera del bien y del mal. Recordemos entonces otros tipos de heroicidad: histórica, épica, trágica, cómica, espiritual. En todos se cumple un principio básico. El heroísmo, en su esfuerzo, transita por una muerte simbólica que muchas veces se convierte en muerte física. Dicho en sentido negativo: si no duele no hay eficacia. Por eso, desde este punto de vista me concentro en lo que parece la eficacia del dolor y del sacrificio, pero que el artista experimenta como una pulsión y un placer.

A pesar de que la palabra sacrificio contiene esplendentes connotaciones mágico-religiosas, prefiero emplearla en el sentido espiritual que Andrei Tarkovski incorporó en su última película. Para el cineasta ruso, un pharmakós o “muerto fundacional” toma una decisión dolorosa cuya repercusión sobre sí mismo y sobre la realidad no podía siquiera imaginarse. Tengo la firme convicción que hoy podemos analizar la idea de un Teatro de Arte porque ese pensamiento, esa decisión convertida en ejercicio cotidiano, gobernó (y gobierna) la vida y la obra de cientos (no miles ni millones) de creadores a lo largo y ancho de la historia. En medio de las difíciles condiciones para mantener de manera estable un verdadero arte teatral en Miami, los principios anteriormente explicados recuperan toda actualidad y sentido.

La próxima entrega de este artículo, ya extenso, revisará la obra de conocidos gigantes del arte teatral que enfrentaron obstáculos semejantes a nosotros. Lo haré desde dos presupuestos. Tal vez mencionaré solo las “celebridades” pero no olvidaré que cada uno encabezó un memorable equipo de trabajo, cuyos nombres tienden a olvidarse. Además, presentaré los maestros en su fragilidad. Me interesa reforzar la idea del sacrificio y no la del triunfo de quienes fueron, a un tiempo, “héroes” y “delincuentes”. Brevemente quisiera mostrar que ellos y ellas desafiaron las normas del entretenimiento con un inexplicable amor hacia la renovación artística y un desprecio incontrolable hacia la mediocridad. 


Nociones básicas para un Teatro de Arte

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