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waldo bioWaldo González López (Las Tunas, Cuba, 1946)

Poeta, ensayista crítico teatral y literario, periodista cultural. Graduado en la Escuela Nacional de Teatro (ENAT) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana (Universidad de La Habana). Autor de 20 poemarios,  6 libros de ensayo y crítica literaria, varias antologías de poesía y teatro. Desde su arribo a Miami (2011), ha sido ponente y jurado en eventos teatrales y literarios internacionales. Merecedor de 3er. Premio de Poesía en el X Concurso “Lincoln-Martí” 2012. Colaborador de las webs: teatroenmiami.com (Miami) y Encuentro de la Cultura Cubana (España), Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (New York), y los blogs OtroLunes (Alemania), Palabra Abierta (California), Gaspar. El Lugareño, y el diario digital El Correo de Cuba (ambos en Miami).

El elenco despide la funcionPor Waldo González López - www.TeatroenMiami.com 

Fotos: Cortesía de Clara Varona

El pasado domingo se estrenó, en función única, la esperada pieza de teatro musical Sueños Un tributo al exilio, en el Miami Dade County Auditorium.

   Con letras de canciones, música y dirección artística del dramaturgo y compositor cubano José Garrido y arreglos y orquestaciones del laureado compositor, pianista y arreglista colombiano José Negroni —quien también acompañó al piano las canciones y dirigió la orquesta—, Sueños tiene a su favor el tema y su inevitable partenaire: la nostalgia, que marcó la puesta como un inevitable canon y sobrevoló escenario y platea  con su halo de saudade y morriña, provocando en no pocos momentos la inevitable melancolía de cientos de cubanos de varias generaciones, allí emotivos espectadores que aplaudían cada tanto las interpretaciones del valioso elenco internacional, integrado por actores-cantantes y músicos de Cuba y Puerto Rico.

LA OBRA

   Sueños realiza, en dos actos, una suerte de bojeo por la compleja vida del amplio exilio cubano, simbolizado en la familia de José y Teresa González quienes, con sus niños (Miguel y Gabriela), llegan en 1961 a la entonces incipiente ciudad de Miami, huyendo del avasallador castrismo, en pos de un futuro mejor; mas, siempre con el sueño de regresar algún día a la patria, lo que nunca sucederá, pues la pareja, como su fraternal amiga Gloria (quien los acompañara en su aventura del exilio), envejecen y quedan en La Florida, aunque guardando en sus pechos la nostalgia por su querida Cuba.

   Aquí, además, asumirán con esperanza “los trabajos y los días” ofrecidos en la nueva tierra que los acoge, les brinda ayuda y trabajo para continuar sus duras existencias, ganadas poco a poco en su triste condición de exiliados; pero, con su esfuerzo, irán conformando en el nuevo ámbito otro espacio identitario, copia del muy rico dejado atrás, con su definitoria idiosincrasia fuerte y rica culturalmente.

    En consecuencia, el autor homenajea a destacados músicos cubanos que —salidos de Cuba durante los primeros ‘60s, huyendo de la feroz plaga castrista, como la peste que asolara siglos atrás a Europa y reflejara Giovanni Boccaccio en el Il Decamerone— en su mayoría continuaría con éxito sus carreras en Miami. Tales son los casos de destacados cantantes como, entre otros, Olga Guillot, Marta Pérez, Roberto Ledesma y La Lupe, como los actores-humoristas Leopoldo Fernández y Guillermo Álvarez Guedes, quienes son mencionados en la pieza.    

JESUS BRANAS   También, y no menos importante, es el tributo que rinde Garrido a la esforzada vida de miles de compatriotas en La Pequeña Habana: fundamental núcleo sociocultural del exilio y símbolo (desde los ‘60s del siglo pasado) de los cubanos llegados a Estados Unidos y ubicados en La Florida.

   De igual modo, el dramaturgo elogia la decisiva figura católica de “El Padre Varela de nuestro tiempo”: Monseñor Agustín Román, y su esfuerzo por construir La Ermita, tal igualmente otros centros e instituciones que, tópicos de nuestra cultura, conservan el provechoso legado del exilio, como la Torre de la Libertad, el cine-teatro Tower, el restaurante Versailles y El Parque del Dominó, visualizados en las proyecciones, como idónea iconografía cultural de los cubanos a lo largo de su estancia definitoria en suelo floridano.

   Tan convincente fábula, asimismo, integra un intenso y extenso recorrido que abarca buena parte de la agreste sobrevida cubana en la Isla, desde 1958 hasta hoy, aun bajo la maldita bota castrista, evidenciando, al paso, trágicos momentos y graves etapas, marcas a sangre y fuego de las desgracias, el sufrimiento y el hambre de millones de conciudadanos que han partido y continúan huyendo de la Isla, por no seguir sufriendo los avatares y desmanes cometidos a diario por la canallesca Gerontocracia y sus secuaces.

LA PUESTA

   En el periplo, desde la víspera de la mal llamada ‘Revolución’, pasando por “los años duros”, que prosiguen en la Cuba de estos días —no obstante la visita de Obama y el ingenuo entusiasmo de quienes, desesperanzados, se agarran a cualquier tabla de (supuesta) salvación—, intérpretes, texto y canciones viajaron del pasado al presente, entregando en certero dueto creadorobra y puesta, si bien con sus brillos y manchas, “que hasta el Sol las tiene”, dixit José Martí.

   Entre los brillos, subrayo los no pocos éxodos mencionados en la obra que, en amplio abanico, van desde los Pedro Pan, hasta estos días en una etapa incesante, porque no se han detenido las dramáticas peripecias sufridas por casi dos millones de cubanos durante más de 55 años, tales los vuelos de la Libertad, el desembarco por Bahía de Cochinos, Camarioca, la Embajada del Perú, los Hermanos al Rescate, la Crisis de los Balseros y la interminable diáspora de hoy, entre otros duros momentos, que fueron recordados con rigor y verdad, pasión y entrega, por un convincente elenco, integrado por Jesús Brañas (Ricardo González), Grethel Ortiz (Teresa), Marinel Cruz (Gabriela), Clary Varona (Gloria), Joel Rod (Miguel), Clara Varona y Alan Gasel (con varios personajes singulares que colaboran con graciosas dosis del típico humor cubano a la puesta), sin olvidar los niños Priscilla Gocende y Alexander José Fernández: en suma, todos dotaron a sus personajes la necesaria organicidad en la amplia escena del MDCA.

   Asimismo resultaron acertadas las visualizadas proyecciones de momentos y etapas de floreciente Cuba antes del desastre castrista, como igualmente fue certera la ambientación minimalista con muy escasos recursos, a tono con la escena contemporánea.

   Otro valiosa característica fue la riqueza de los ritmos (bolero, son, canción,jazz…), las interpretaciones ocasionales de dúos, tríos y conjuntos de los actores-cantantes y el cuarteto vocal de apoyo, apoyados por la alta calidad de las excelentes orquestaciones y los arreglos, tan decisivos en el teatro musical por ser razón definitoria de su existencia.

Marinel Cruz y Joel Rod   Del propio modo, fue válida la breve, pero lograda coreografía de los intérpretes-danzarines en varios momentos, acordes con esta gustada variante escénica.

   Sin embargo, como dije atrás sobre las manchas, citando al Apóstol: “hasta el Sol las tiene”, y varias afectaron el esperado estreno, ya que resultaron incómodas al expectante público que ansiaba y más aún: soñaba visionar estos Sueños. Veamos o, mejor, leamos:               

   Ante todo, hubo equívocos en la cita del proverbial texto martiano, extraído de su relato “Los Tres Héroes” y tomado de La Edad de Oro: “Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía.”

   Igualmente, fue infortunada e innecesaria la voz del autor leyendo redundantes textos aclaratorios, incluso uno de Teresa, pues, lógicamente, debió ser emitido por la voz de la valiosa actriz-cantante Grethel Ortiz, quien encarnó este coprotagónico.

   La ubicación de la orquesta en el escenario impidió, a causa del deficiente sonido, disfrutar a plenitud las timbradas voces de los intérpretes, cantando las hermosas canciones, cuyas letras narran “esta historia de cientos de miles de sueños” e, incluso, obstaculizó la audición de los parlamentos.

   El muy amplio texto, creado a partir de la dura experiencia del autor —quien experimentara el sufrimiento en los vuelos Pedro Pan desde su salida de nuestra patria en plena niñez, cuando arribara a estas tierras de libertad— resultó en ocasiones tediosopor repetir temas y tópicos.

   La dirección artística, a cargo del propio Garrido y de Norberto Perdomo, no estuvo al nivel de las expectativas. Y es una lástima que las deficiencias antes señaladas lastraran el resultado final, al parecer por la inexperiencia de ambos en la compleja tarea de realización, tarea que implica el mayor y más difícil trabajo creador, pues como el director de una orquesta sinfónica debe velar cada detalle para que los ejecutantes ofrezcan un brillante tutti final, el regisseur escénico debe cuidar hasta la saciedad su conjunto actoral y técnico para que el resultado final sea óptimo, lo que —y es lamentable— no aconteció esta ocasión.

EN SUMA…

   No obstante las deficiencias apuntadas (que pueden salvarse con más y mejores ensayos para las funciones de una próxima temporada de dos fines de semana, sin duda esperada por cientos de espectadores que no visionaron la propuesta en su estreno), creo válida la puesta porque, de todos modos, resultó una importante “Jornada de sueños y coraje”, tal define el propio autor su obra, nacida de su puntual empeño y su digna causa, recompensadas por el aplauso cerrado y de pie de toda la platea.

   En fin, considero provechosa por necesaria la pieza y la puesta en escena de Sueños. Un tributo al exilio, porque resulta un justo homenaje al exilio “que nos ha dado la luz para seguir soñando”, tal asevera el coprotagónico de Ricardo González, encarnado con acierto por Jesús Brañas. 

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