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waldo bioWaldo González López (Las Tunas, Cuba, 1946)

Poeta, ensayista crítico teatral y literario, periodista cultural. Graduado en la Escuela Nacional de Teatro (ENAT) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana (Universidad de La Habana). Autor de 20 poemarios,  6 libros de ensayo y crítica literaria, varias antologías de poesía y teatro. Desde su arribo a Miami (2011), ha sido ponente y jurado en eventos teatrales y literarios internacionales. Merecedor de 3er. Premio de Poesía en el X Concurso “Lincoln-Martí” 2012. Colaborador de las webs: teatroenmiami.com (Miami) y Encuentro de la Cultura Cubana (España), Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (New York), y los blogs OtroLunes (Alemania), Palabra Abierta (California), Gaspar. El Lugareño, y el diario digital El Correo de Cuba (ambos en Miami).

jorge hermandez a tiempo 3Por Waldo González López - www.TeatroenMiami.com 

Fotos: Harry Castiblanco y Mayra Hernández Menéndez

                        

                                               “De la musique avant toute chose”

                                                           Paul Verlaine

Ciertamente, tal escribiera el gran poeta simbolista francés (1844-1896) en su clásico “Art Poétique”, la música [está] ante todo, porque prefigura, también, todo el arte, ya que abarca desde la propia poesía hasta la danza, el ballet y el cine, pasando por el teatro dramático y la comedia, la pantomima, la plástica y las más recientes manifestaciones, como el video y el video-arte.

   Y traigo el tema a colación, porque la música estuvo ante ‘todas las cosas’, elementos del arte, no solo escénico, en la formidable performance, suerte de concierto-regalo ofrecido el domingo 24: A tiempo, por el destacado actor, cantante y guitarrista cubano Jorge Hernández, en tanto constituyó una inolvidable tarde que, sin duda, desde entonces está en la memoria de todos los que la disfrutamos, como en la historia del escenario del Black Box del Miami Dade County Auditorium, donde en innumerables ocasiones muchos hemos apreciado los relevantes desempeños del singular multintérprete.

 

   Varios homenajes entregó a algunos de sus músicos cubanos preferidos, quienes  —dioses tutelares— lo acompañarían a lo largo de la primera parte de su extraordinario concierto, como Benny Moré, Bola de Nieve, Luis Carbonell…

   De tal suerte, aun con la sala a oscuras, aún detrás del telón, el público ya escuchaba la melódica voz de Jorge, pues mientras se acercaba a escena, iba llenando con su voz el amplio escenario, incitando y presagiando lo que vendría a continuación.  

 jorge hermandez a tiempo 1  Con los clásicos acordes del bolero “Hoy como ayer”, de Pedro Vega, aunque evocador de la voz del mítico Benny Moré, no por ello dejó de tener su otro sello de oro en la excelente interpretación de Jorge, quien fue secundado por los espectadores que llenaban la amplia sala, desde el inicio cautivados por la muy convincente entrega del artista, cualidad común en sus espectáculos, desde sus ya lejanos conciertos en solitario, como los presentados con su colega Miriam Ramos, en La Habana de los ‘80s, disfrutados por el cronista/comentarista.  

   Así, tras los acordes de “Hoy como ayer, / yo te sigo queriendo, mi bien, / con la dulce pasión, / que sintió mi corazón / cuando te vi junto al mar […]”, Jorge regaló otra página no menos memorable del bolero: “Vete de mí”, creación de los excelentes hermanos argentinos Expósito —Homero (letra) y Virgilio (música)— y con más de 400 versiones —incluyendo las de los cubanos Olga Guillot y Bola de Nieve, como la del brasileño Caetano Veloso— que se expandió como un halo mágico sobre los espectadores, con la “salvaje nostalgia” de las mejores evocaciones de un pasado inolvidable, tal asimismo aconteció con su interpretación de una de las dos más clásicas canciones galas: “La vie en rose” (La vida en rosa, 1946), con letra de Édith Piaf, y música de Louiguy y Marguerite Monnot; la otra, “Les feuilles mortes” (Las hojas muertas, 1945), con letra del poeta y guionista Jacques Prévert y música del húngaro-francés Joseph Kosma, que sería cantada en la segunda parte, como ya veremos.

   “En el último cuarto hay son” —¿acaso avance del espectáculo homónimo donde actuará Jorge, dirigido por la notable actriz también cubana Zully Montero, el próximo 26 de junio en el Miami Senior High Scholl (2450 SW, 1st., Street, Miami, Fl. 33135)?— fue otro instante antológico, pues el cantante se acompañó solo con palmadas en su vientre, entregando la rítmica y la gracia del más puro acento cubano, y conquistando de nuevo el cerrado aplauso del respetable.  

   A ello le siguió otra dádiva memorable: “Los 15 de Florita”, deliciosa estampa del icónico Luis Carbonell, “El Acuarelista de la Poesía Antillana”, quien, creador de la mayoría de los dúos, tríos y cuartetos vocales de la Isla, seleccionó el repertorio, hizo el montaje vocal, secundó al piano y grabó en 1955, el disco de Larga Duración “Esther Borja, canta a dos, tres y cuatro voces”, que no solo adelantó técnicas de grabación impensables en esa época (pues significó un hecho sin precedentes en la historia de las grabaciones en el país), sino también constituyó un nuevo hito en la carrera discográfica de la artista que demostró su absoluto dominio de la técnica vocal al asumir las cuerdas de contralto, mezzo y soprano en composiciones de, entre otros, los grandes Sindo Garay, Jaime Prats, Manuel Corona y Ernestina Lecuona.

   De aquí Jorge pasó a la poesía e inició su breve pero intenso recorrido en versos con un texto de su padre, Lutero Hernández, quien incluyera —en su único volumen publicado durante su juventud— el hermoso soneto “Cita del jueves”, por cuya calidad y belleza no puedo dejar de transcribir a continuación:

                    Gestióname algún jueves por la tarde,               

un jueves inocente que te sobre,

un jueves olvidado que te guardes

para tu paladar gastado y pobre.


Gestióname algún jueves por la tarde,

aunque te duela y aunque no te sobre.

Te usaré sin orgullo y sin alarde,

como quien usa un cántaro salobre.

 Consígueme este jueves, te prometo

 ser medio feliz y analfabeto

 en ese día simplemente jueves.

 Y por quedarnos otra vez en ciernes

  olvidaré la noche donde bebes

  todos los jueves que se vuelven viernes.

 

   Otro texto leído, en compañía de su inseparable guitarra, corrobora —desde el primer hasta el último verso— el talento poético de su padre, cuya línea final transcribo, pues se trata de un verso endecasílabo a recordar: “y que el paisaje siga todavía”. En tal sentido, recordó palabras-versos de su querido Lutero, ejemplo para el creador desde su infancia: “No se puede ser poeta y pasar ileso por la vida.”

   Evocó una vez más a su padre, para subrayar que era poetamigo de su admirada Carilda (¿son necesarios los apellidos Oliver y Labra?), de quien leyó Jorge su emblemático poema “Me desordeno, amor, me desordeno”.

   Del gran poeta amatorio mexicano: Jaime Sabines dijo uno de sus mejores textos dedicados al universal sentimiento: “No es que muera de amor, muero de ti...”: “Muero de ti, amor, de amor de ti, / de urgencia mía de mi piel de ti, / de mi alma de ti y de mi boca / y del insoportable que yo soy sin ti. / Muero de ti y de mí, muero de ambos, / de nosotros, de ese, / desgarrado, partido, / me muero, te muero, lo morimos.”

   Y enseguida habló de otro gran poeta: el español Pedro Salinas y cantó “Donde la noche aguarda”, del brasileño universal Chico Buarque de Hollanda, para continuar con otro tema clásico de la trova tradicional cubana: “En falso”, del inmenso Graciano Gómez, al que le siguió “El yerberito” que, popularizado por la inolvidable voz de Celia Cruz, fue igualmente secundado por el público.

   “Cosas del alma”, del destacado compositor y director de orquesta, José “Pepé” Delgado, nacido en Las Tunas, patria chica del gran poeta popular cubano del siglo XIX “El Cucalambé”, fue el retorno al bolero, para, tras esta pieza antológica, escenificar —con la actriz cubana Micheline Calvert y el músico francés Vincent Raffard (El camarero)— “Almuerzo y dudas”, de Mario Benedetti, estrenada muchos años atrás en La Habana con la propia intérprete, en el grupo El Buscón, dirigido por el actor, realizador y Premio Nacional de Teatro José Antonio Rodríguez.

   Y llegaría entonces el especial homenaje a su querido México, donde residiera durante no poco tiempo, etapa en que aprendiera a amar aun más a la cultura que desde pequeño conocía y gustaba en sus rancheras. En consecuencia, tras breves anécdotas y mencionar a sus admirados artistas: Lola Beltrán y el valioso compositor José Alfredo Jiménez, acompañado por el Mariachi “Voces de América”, cantaría tres números cenitales: “Paloma negra”, “Ella” y “Échame a mí la culpa”.

   Ya tras el receso, en la segunda parte aún más “cantábile” del espectáculo, el valioso quinteto de jazz French Horn (Corno Francés), que —integrado por dos norteamericanos (violín y bajo), un argentino (piano) y el francés Vincent Raffard (guitarra, trompeta y voz)— fueron la idónea apoyatura musical de Jorge, por la perfecta fusión “A Tiempo”, su original performance de la que había vaticinado a la prensa:

Desde hacía tiempo me quería dar el gusto de interpretar algunos temas que nunca había cantado en público. Por eso seleccioné “Hoy como ayer”, “Cosas del alma” y otros boleros muy conocidos. La selección también incluye la ranchera “Paloma negra”, el tema del filme Two for the Road y “para evocar al gran Bola de Nieve”, “La vida en rosa” y “Vete de mí”.

jorge hermandez a tiempo 2   Visiblemente feliz por su sueño sobrecumplido, con el apoyo del quinteto, el talentoso Vincent entregaría una hermosa versión de “Les feuilles mortes” (Las hojas muertas, 1945), que conforma —tal anuncié atrás, con “La vie en rose”— el dueto canónico de la mejor canción francesa, record increíble pero cierto, entre tantas hermosas canciones del país donde los poetas escribieron miles de “Chansones”. Así, con letra de Jacques Prévert y música de Joseph Kosma, sería popularizada por el actor-cantante Yves Montand y la música del estribillo devendría un standard jazz, con el título de «Autumn leaves» (Hojas de otoño), luego popularizada por un gran cantautor: Gilbert Bécaud.

   A continuación, Jorge interpretó el vals peruano “Amor de mis amores”, con el apoyo del grupo, que enseguida regaló “All of me”, tema del filme “Two for the Road”, de Henry Mancini (“La pantera rosa”), tras el cual Jorge dijo el breve y sustancial poema de Raúl Rivero “La última noche que pasé contigo” que le sirvió de antesala para interpretar la canción homónima de Bobby Collazo.

   Y como para no dejar respirar a los motivados espectadores, se despediría con la hermosa canción “El corazón al sur”, con letra y música de la argentina Eladia Blázquez (inolvidable en su música del serial “Éramos tan jóvenes”, con guion de la prestigiosa escritora Aída Bortnik, guionista del filme La historia oficial (1985), galardonado con una tríada de Premios: el del Festival de Cannes y el Oscar de la Academia de Hollywood (1986) a la Mejor Película Extranjera, como un Globo de Oro, por este excelente filme de Luis Puenzo), tras la que Jorge narraría un relato sobre su querido Red-winged Blackbird que, un buen día, volaría hasta su balcón, del que se adueñó, como él hizo una vez más con su público.

   Al final, el cronista pensaba: tantas emociones y nostalgias durante poco más de dos horas —que, tal su querido Red-winged Blackbird, se fueron volando—, donadas por la sensibilidad, el talento y el amor por la belleza, virtudes evidenciadas en la plenitud y la madurez de Jorge Hernández, quien con su amplio registro vocal, actoral y, en fin, multifacético, redescubrió a los atónitos espectadores que llenaron la amplia Black Box, una simple pero contundente verdad que muchas veces olvidamos: la vida —a pesar de la mentira, la hipocresía y el odio, como el afán por la riqueza, las guerras y tantas otras malditas pandemias— vale la pena vivirla, pues como bien demostró el notable artista, la podemos disfrutar con apenas mirar al prójimo o, algo más allá, al paisaje, a través de nuestra ventana, para descubrir, como Jorge, que la ansiada felicidad puede llegarnos con ese mínimo pájaro de sol que visitaba su balcón día a día, y le regalaba la verdad de la simple pero definitiva belleza.

   A fin de cuentas, tal quería Jorge Hernández, su desde ya antológico espectáculo A Tiempo, fue una increíble pero cierta “mezcla libre de música, teatro, poesía y humor”, en suma: de belleza, desde la sencillez, la improvisación y el coloquialismo de su inolvidable performance que debe repetir, ya que muchos no pudieron disfrutarlo.

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