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waldo bioWaldo González López (Las Tunas, Cuba, 1946)

Poeta, ensayista crítico teatral y literario, periodista cultural. Graduado en la Escuela Nacional de Teatro (ENAT) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana (Universidad de La Habana). Autor de 20 poemarios,  6 libros de ensayo y crítica literaria, varias antologías de poesía y teatro. Desde su arribo a Miami (2011), ha sido ponente y jurado en eventos teatrales y literarios internacionales. Merecedor de 3er. Premio de Poesía en el X Concurso “Lincoln-Martí” 2012. Colaborador de las webs: teatroenmiami.com (Miami) y Encuentro de la Cultura Cubana (España), Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (New York), y los blogs OtroLunes (Alemania), Palabra Abierta (California), Gaspar. El Lugareño, y el diario digital El Correo de Cuba (ambos en Miami).

el caso hamlet 9Por Waldo González López - www.TeatroenMiami.com 

Fotos: Alfredo Armas

Considerado uno de los pilares de la mitología humanista, pues su creación dramatúrgica clasifica con caracteres arquetípicos del comportamiento humano, William Shakespeare es uno de los pilares del Renacimiento por su vasta cultura; sin embargo, no se suelen hallar en sus piezas argumentos originales, sino excelentes reelaboraciones de textos anteriores, muchos de ellos tomados de la antigüedad clásica.

   Por el enorme legado de su portentosa creación, se le ha llamado filósofo y psicólogo, pasando por otras definiciones como historiador, mitólogo… hasta plagiario.  

   Mas, importa sobre todo que, con su genial dramaturgia, nos dejó una guía para la vida, ya que en sus fabulosas pero creíbles piezas están los caracteres “humanos, demasiado humanos”, que decía el pensador.

   Se ha dicho que el tema central de Hamlet es la venganza pues la tragedia, basada en una leyenda, gira en torno de esta, ya que su padre, el Rey, ha sido asesinado y él quiere vengar su muerte. A tal fin, hace hasta lo imposible para lograrlo. De aquí le vienen pasiones como la corrupción y el desprecio al mundo en que mal vive, con engaños y bajezas, para lo que se finge loco, aunque el orate realmente es su vil tío Claudio.

   Hamlet está en contra de todas estas bajas pasiones, para vengar la muerte de su padre, por lo que debe apoderarse de los sentimientos más crueles que no son parte de su personalidad ni de su agrado, como no lo son tampoco la hipocresía, la crueldad, la criminalidad ni lo inhumano, porque además tendrá que matar al asesino para lograr su objetivo.

   Tras múltiples versiones de ese clásico de clásicos siempre anhelado por directores escénicos y cinematográficos y ansiado por actores de diversas regiones, idiosincrasias y lenguas, al fin podemos disfrutar de este otro y esperado Hamlet.

   El caso Hamlet, ya desde el título prefigura el enfrentamiento con un distinto y distante abordaje de su quizás más célebre tragedia, asumida por importantes realizadores e intérpretes, escénicos y cinematográficos, entre cuyas mejores puestas en la pantalla grande se hallan las realizadas e interpretadas por el inglés Sir Lawrence Olivier (1948) y por el ruso Gregori Kozintsev (1964), protagonizada por el también ruso Innokenti Smoktunovski, para ejemplificar con dos momentos singulares.   

   Ahora, a partir del presupuesto shakespeariano (el teatro debe ser un espejo colocado ante la naturaleza, que muestra la verdadera imagen del Hombre y la Vida), del que parte su peculiar poética, la compañía Ingenio Teatro, conducida por la también actriz Lilliam Vega, se atreve con una propuesta compleja, hermosa y, sin duda, convincente, en tanto recuerda que la escena es el origen y la suma de las artes.

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UN HAMLET DISTINTO

Cinco actores develan las claves de la historia secreta de Hamlet:

¿Cuáles fueron las razones de Hamlet?

¿Cuáles las de Claudio, el rey usurpador, y las de Gertrudis, la reina adúltera y simuladora?

¿Una conspiración por el poder o una historia de amor?

   Ante estas preguntas, los espectadores asisten, involucrados con los actores, al develamiento de la intrahistoria de la mítica obra: si en el texto original el autor cuenta esta suerte de leyenda, ahora los personajes narran, con brevísimos monólogos o en conjunto, sus complejas praxis con la pasión, el crimen, la lucha por el poder, la venganza y el miedo, ocultos en el oscuro y enrevesado tejido de la pieza que, desde el propio título, se me antoja una novela de rasgos policiales, como a la dostoievskiana Crimen y Castigo.  


DE UNA EXULTANTE DRAMATURGIA

   La exultante dramaturgia de Raquel Carrió avanza esta ocasión aún más en su cosmovisión, para entregar una válida pieza que posibilita la hermosa puesta de Lilliam Vega, cautivadora por su verdad y belleza, convincente por el novedoso registro de la atractiva oferta que atrapa al público, cautivo por la organicidad de las profesionales interpretaciones del elenco, en cuyos resultados incide la probada dirección de actores de la propia Lilliam.

   De acuerdo con el absolutismo de la época en que se desarrolla la tragedia —donde se explicita la desidia y los abusos del traidor hermano del Rey, a quien solo le importa su ex cuñada y ahora esposa—, se escucha en boca del propio Claudio una alusión muy próxima al totalitarismo castrista: “Gobernar un país como si fuera un cuartel.”

   He aquí, pues, un Hamlet distinto, cuyas tesitura mixta, factura contemporánea y acabada realización constituyen sus mayores logros, en los que mucho aportan los excelentes desempeños del equipo actoral de valía. 

   Resalto, entre las interpretaciones, las de Jorge Luis Álvarez (por su Hamlet, cuya organicidad y cadena de acciones le posibilitan su mejor entrega hasta la fecha, según las visionadas por quien escribe) y de Gilberto Reyes (por su Claudio, cuya contención en su maldad y cinismo resulta tan creíble como la propia bajeza de su taimado y vil personaje).

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 Mas no por ello dejo de subrayar los desempeños de la actriz más experimentada del equipo: Susana Pérez, quien con su malvada e infiel Gertrudis, evoca varias de sus interpretaciones que la ubican desde décadas atrás entre las mejores actrices de teatro en la Isla, como lo es en Miami desde su arribo una década atrás.

   Asimismo, resultan destacables las entregas de Anna Sobero (quien, con su bella y lírica Ofelia, me recuerda las grandes puestas shakesperianas, tal la de Macbeth, realizada décadas atrás por la notable realizadora y actriz cubana Berta Martínez, visionada en la mítica compañía Teatro Estudio) y de Carlos Garín (quien, con su doble y lograda caracterización de Polonio y Laertes, evidencia su talento comprobado a lo largo de su continua labor en Ingenio Teatro desde su creación).

 
  Pero no olvido la hábil apoyatura técnica de este Hamlet, cuyo deslumbrante componente visual, enriquecido por la hábil mixtura de pantomima y coreografía, el formidable diseño de luces (cenitales, color y claroscuros) y el escenográfico, minimalista, que le permite —con apenas una silla, una alfombra y, al fondo, breves videos deudores del cine bergmaniano— dotar una rica imaginería a la puesta.

   Mas, aun subrayo asimismo el diseño  musical —con fragmentos renacentistas y contemporáneos (rock), como efectos de sonido sugerentes del vigente tema del nepotismo totalitarista: caso Cuba— que, aunado a los logros ya subrayados, amplifica aún más el amplio escenario del Kubeck Teatro, prestigiado esta formidable propuesta escénica miamense.

   En suma, con su más reciente título, Ingenio Teatro no solo demuestra su defensa de la dramaturgia cognitiva/intelectiva, sino también corrobora su ascendente calidad, por la que ha devenido una de las mejores agrupaciones escénicas de la ciudad.

   Por ello, sugiero a los ciberlectores no perderse esta otra y esperada puesta: El caso Hamlet, que pueden disfrutar este fin de semana durante las tres últimas funciones de esta memorable temporada que espero regrese al idóneo escenario del Koubek Teatro. 


Fotos - Alfredo Armas

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