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waldo bioWaldo González López (Las Tunas, Cuba, 1946)

Poeta, ensayista crítico teatral y literario, periodista cultural. Graduado en la Escuela Nacional de Teatro (ENAT) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana (Universidad de La Habana). Autor de 20 poemarios,  6 libros de ensayo y crítica literaria, varias antologías de poesía y teatro. Desde su arribo a Miami (2011), ha sido ponente y jurado en eventos teatrales y literarios internacionales. Merecedor de 3er. Premio de Poesía en el X Concurso “Lincoln-Martí” 2012. Colaborador de las webs: teatroenmiami.com (Miami) y Encuentro de la Cultura Cubana (España), Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (New York), y los blogs OtroLunes (Alemania), Palabra Abierta (California), Gaspar. El Lugareño, y el diario digital El Correo de Cuba (ambos en Miami).

Manana 5Por Waldo González López - www.TeatroenMiami.com

Fotos: Julio De La Nuez

El título de este comentario —tomado de las notas al programa de mano, escritas por el dramaturgo cubano Luis Agüero— me viene de perillas para definir la puesta de Mañana es una palabra, de Nora Badía (Cárdenas, 1921-La Habana, 2007) que el director y dramaturgo Eddy Díaz Souza presenta, en la sala de Artefactus Cultural Project.

   Y es que el aserto del también recordado narrador de La vida en dos muy bien precisa la realización a cargo de Díaz Souza, tal el lector se percatará a continuación.

   Mañana es una palabra —monodrama de 1947, galardonado con el tercer premio del Concurso de Dramaturgia de la Academia Municipal de Arte Dramático (ADAD)— recrea un año de ‘La época de oro’ de la radio cubana: 1948, cuando esta pierde a la actriz hispana María Valero, establecida en Cuba desde 1939, a causa de un torpe accidente automovilístico.

   Como bien evoca Agüero, tal hecho “aflige al país que había conquistado con su arte. Multitudes de habaneros se vuelcan a las calles para acompañarla en su última hora”.

   El libreto recurre a los textos de la pieza original con el fin de recomponer, en broma y en serio, el sustratrum de la radio llevada al teatro en esa época. A tal fin, el realizador conserva algunos parlamentos del monólogo e introduce un nuevo personaje: el ama de casa que, “arrastrada por su pena y liada por un equívoco, termina cantando boleros en una modesta estación de radio”, según también se informa al espectador.

   El mayor mérito de la puesta, apoyada en el magnífico libreto de Díaz Souza, resulta su decisivo tono farsesco —aliado al común espíritu ¿estético? Kitsch de la ingenua propuesta radial con tintes de la posterior e igualmente ¿estética? Camp—, responsable del hilarante espectáculo, enriquecido por los certeros desempeños del trío de avezados intérpretes cubanos: Jorge Ovies, Belkis Proenza y Marcia Arencibia, al que se suma el joven actor colombiano de no menor valía: Ángelo Jamaica. 

   Justamente, la puesta —con presupuestos de los mencionados estilos ¿estéticos?— dimensiona el humor en variados tonos, ya que, como se sabe, el Kitsch, tras surgir en la ciudad alemana de Múnich entre 1860 y 1870, definía los dibujos y bocetos baratos y comerciales, en tanto apelaban al vulgar aprecio de la nueva y adinerada burguesía que, como nuevos ricos, ansiaba alcanzar el estatus envidiado de las élites culturales, copiando las más evidentes características de sus gustos ¿estéticos?

   De tal suerte, el estilo Kitsch era y es simbolizado por objetos ¿artísticos?, empobrecidos por su paupérrimo gusto y su peor factura, “cualidades” que más identifican el consumidor con un nuevo estatus social que con una genuina respuesta estética. Por ello, el Kitsch era y es una suerte de seudo y/o sub arte.

   Por su parte, el Camp, corriente ¿artística? relacionada con las formas de la posterior Kitsch, era y es considerado una copia inferior de un arte empobrecido, con piezas identificadas por sus ¿atractivas cualidades?, caracterizadas por rasgos banales, vulgares, artificiales, ostentosos y, en consecuencia, humorísticos para quienes, desde la visión contrapuesta y crítica, las disfrutamos. Así, en idioma Inglés, suelen aplicarse los adjetivos de campy o cheesy a expresiones culturales con aportes de la ¿estética? Camp, un tipo de sensibilidad seudo estética del arte popular, a partir del humor, la ironía y la exageración.

   Las anteriores referencias toman carta de presentación en la atractiva puesta de Díaz Souza, quien es obvio que —al reelaborar el texto y luego dirigir su excelente revival escénico de lo cursi (que identificara la radio y las expresiones ¿artísticas” del citado decenio y el del ‘50)— explota el ambiente de la época, empleando para ello tonalidades blancas, negras y grises en el vestuario y la escenografía, tal asimismo un idóneo diseño de luces que enfatiza la lograda atmósfera de la época, apreciada apenas penetran los espectadores en el nuevo y acogedor espacio, merecedor del aplauso como loable aporte a la escena de estos meses, cuando salas concurridas por su habitual público —como la ya lamentablemente clausurada Casa del Teatro, y los ya próximos Teatro Ocho y Teatro de Bellas Artes— desaparecen ante el tenaz avance inmobiliario de inversionistas foráneos.

   Acorde con tan diestra asunción/apropiación, el realizador utiliza áreas de luz y sombra que adaptan y adoptan las opacidades utilizadas en algunos clásicos filmes franceses (melos y cine noir) de los ‘40s en el siglo pasado (Le quai des brumes (El muelle de brumas, de Marcel Carné, 1938), La bataille du rail (La batalla del riel, de René Clément, 1946), Panique, de Julian Duvivier, 1946) y Le sang des bêtes (La sangre de las bestias, de Georges Franju, 1949), et al, como las aún más melodramáticas cintas argentinas y mexicanas exhibidos en el espacio televisual “Cine del Hogar” de la TV en Cuba, durante la década del ‘50, aun recordado por nuestras abuelitas.

   La música en no menos certera selección de Nelson Jiménez, incluye sonoridades de esta época, para lo que se vale de bandas sonoras de filmes, como canciones de Elvira Ríos y Miguelito Valdés, entre otras. 

   En suma, si me piden un término que defina la nueva propuesta de Eddy Díaz Souza, sin dilación diría uno solo: excelente.

   Por ello, sugiero a mis ciberlectores (de teatroenmiami.com) que la obra estará en cartelera todo el mes de marzo. Así, que ya lo saben: no se pierdan esta atrayente puesta de Artefactus Cultural Project (12302 SW, 133 CT, Miami, 33186).



SOBRE NORA BADÍA (1921-2007)

Poeta, dramaturga y escritora radial

(Cárdenas, Matanzas, 22/feb./1921-LaHabana,11/dic./2007).

Cursó estudios en la Escuela de Comercio de Matanzas y hacia 1939 se inició como locutora radial en la CMBF, de Cárdenas. En La Habana, adonde se trasladó en 1944, terminó sus estudios de Secretariado y trabajó en una oficina de correos. En 1947 fue alumna fundadora de la Academia de Artes Dramáticas de La Habana (ADAD) y, mientras cursaba el primer año, escribió sus piezas en un acto La alondra y Mañana es una palabra, con las que obtuvo Tercer Premio y Primera Mención, respectivamente, en el concurso ADAD de ese año. Ambas obras fueron estrenadas entonces y la segunda publicada en Nueva Generación (1950). En 1947 fue también uno de los fundadores de la revista teatral Prometeo, cuyo consejo inicial integró y de la que después fue administradora. Al año siguiente se graduó en la ADAD, donde fungió como profesora entre 1949 y 1960. Durante más de una década trabajó como libretista de radio y televisión. Al reorganizarse en 1953 la Sección de Teatro de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo fue responsable de la misma junto a Vicente Revuelta y colaboró en la creación del Círculo de Estudios Teatrales y en la edición de los Cuadernos de Cultura Teatral. En el Patronato del Teatro fue jurado de su primer concurso Luis de Soto y vocal de la Comisión de Selección de obras para el lapso 1956-58. Integró asimismo el consejo directivo de la sala Atelier de Adolfo de Luis. Cuentos suyos aparecieron en las revistas Lyceum, Crítica, Nuestro Tiempo. También colaboró en Crónica. Después del triunfo de la Revolución ocupó la jefatura de la Sección de Teatro de la Dirección de Cultura del MINED a fines de 1960, fue directora de la Revista Nacional de Teatro (1961) y propuso la vertebración del teatro para niños en todo el país, a la vez que alentaba a los autores a crear obras para este teatro. En 1961 participó en la organización del Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas y en el Congreso del Instituto Internacional del Teatro (Viena), cuya revista dirigiera (1964). Fue asimismo responsable del Departamento Nacional de Teatro Infantil y de la Juventud del CNC, directora de la revista Cuadernillos del Teatro Infantil y de la Juventud (1965-66) y asesora del Teatro Nacional de Guiñol. Además, estuvo el frente del Centro Cubano del Teatro. Visitó también Checoslovaquia y la RDA. Colaboraciones suyas aparecerían en Culturales, Conjunto y Mujeres. Su pieza Mañana es una palabra fue incluida en los volúmenes Teatro cubano en un acto (Antología) (1963) y Monólogos teatrales cubanos (1989).

Bibliografía pasiva:

•Hernández Otero, Ricardo, en Diccionario de la literatura cubana,

•González Freire, Natividad, "Nora Badía", en  Teatro cubano (1927-1961), 1961, p. 122-123

•Leal, Rine. "Nora Badía", en Teatro cubano en un acto. (Antología), 1963, p. 87-90.

 

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