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waldo bioWaldo González López (Las Tunas, Cuba, 1946)

Poeta, ensayista crítico teatral y literario, periodista cultural. Graduado en la Escuela Nacional de Teatro (ENAT) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana (Universidad de La Habana). Autor de 20 poemarios,  6 libros de ensayo y crítica literaria, varias antologías de poesía y teatro. Desde su arribo a Miami (2011), ha sido ponente y jurado en eventos teatrales y literarios internacionales. Merecedor de 3er. Premio de Poesía en el X Concurso “Lincoln-Martí” 2012. Colaborador de las webs: teatroenmiami.com (Miami) y Encuentro de la Cultura Cubana (España), Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (New York), y los blogs OtroLunes (Alemania), Palabra Abierta (California), Gaspar. El Lugareño, y el diario digital El Correo de Cuba (ambos en Miami).

alguna cosita que alivie el sufrir 2Por Waldo González López - www.TeatroenMiami.com 

Fotos: Asela Torres

Tras su exitosa reposición en el 30 Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami (2015), entre el jueves y el domingo pasados se disfrutó nuevamente, en el On. Stage Black Box Theater, la valiosa puesta de la siempre disfrutable pieza del dramaturgo cubano René R. Alomá (1947-1986) Alguna cosita que alivie el sufrir, estrenada el 2 de  mayo de 1986 en el Teatro de Bellas Artes, durante en la apertura del FITH

   A un tiempo sencilla y honda, la obra posee la ineludible marca de la nostalgia del exilio, representada por la familia de los Rabel, de Santiago de Cuba, uno de cuyos integrantes, Carlos, Pay, regresa en una breve visita, tras 17 años de sufrir el frío de la emigración en Canadá, y hallar otra realidad, tan distante de la dejada atrás, que se le antoja irreal por las carencias sufridas por la población de la Isla. Asimismo, a su arribo intentará paliar los problemas con su hermano Nelson, Tatín, quien se mantuviera en Cuba, a cargo de su esposa Ana, la anciana Cacha y las tías.

   Con un elenco de valía, integrado por Julio Rodríguez (Carlos Rabel, Pay), Mario Ernesto Sánchez (Nelson Rabel, Tatín), Ana Viña (Doña Cacha, la abuela), Gerardo Riverón (Julio Rabel, primo), María Malgrat (Dilia, tía), Edna Schwab (Clara, tía), Alina Interián (Ana, esposa de Tatin) y Claudia Quesada (Amelia, estudiante), obra y puesta se afilian al denominado teatro de temática familiar, abordado asimismo por dramaturgos cubanos del relieve de Virgilio Piñera, Abelardo Estorino y Héctor Quintero, entre otros.    

   Las actuaciones resaltan por los excelentes desempeños de Julio Rodríguez y Mario Ernesto en los hermanos con sus viejas rencillas, como el de Gerardo Riverón en el primo, cuyo carácter de «cubanazo» aborda con organicidad.

   Asimismo, configuran con talento sus respectivas criaturas escénicas en las tías a cargo de María Malgrat y Edna Schwab, y la abuela de la experimentada Ana Vina, como la estudiante de Claudia Quesada, todos dirigidos por Mario Ernesto Sánchez, quien, intérprete de reconocida y amplia praxis, es asimismo un reconocido conductor de actores, tareas por que ha sido merecedor de significativos lauros a lo largo de su extensa e intensa carrera.       

MÁS DE LA PIEZA Y LA PUESTA

Alguna cosita que alivie el sufrir mantiene su vigencia, tal se corroba en estos años, cuando acontece otro de los numerosos éxodos que han marcado la paupérrima y sufrida sociedad cubana, de la que miles se atreven osados a escapar, en arriesgadas aventuras, por mar y por tierra, desesperados por dejar atrás la «infravida» a que son sometidos por el vil régimen que no ceja en su férrea dictadura de más de medio siglo.

alguna cosita que alivie el sufrir 1   El ambiente realista, acorde con los tópicos de la obra, integrado con la escenografía, el vestuario, las luces y la utilería a cargo del consagrado dueto conformado por Pedro Balmaseda y Jorge Noa, las atinadas luces de Ernesto Padilla y la música original del emblemático cantautor Mike Porcel, logran que obra y puesta se fusionen orgánicamente para ofrecer un alto momento de la escena cubana en Miami, donde la plausible pieza tuvo, otra vez, una emotiva acogida del público latinoamericano presente en la sala, y no solo de la Isla.

   Y lo subrayo: no solo de Cuba, pues el exilio, desde años atrás, es tema-padecimiento común entre no pocas de «las dolorosas repúblicas» (verbigracia José Martí) que hoy padecen el desastre de la falaz invención denominada Socialismo del Siglo XXI, si bien ya felizmente en bancarrota, tal muestran, en Argentina, el por fortuna ya fenecido régimen de la enriquecida Kirchner y, en Venezuela, en vías de extinción, el del podrido Maduro, como en Bolivia, el de Evo (In)Morales, entre otros que esperan su turno, tan ansiado por los habitantes de esos países hermanos, que sufren la farsa auspiciada casi dos décadas atrás por el déspota/totalitario Fidel Castro y secundada por el felizmente extinto Hugo Chávez.

   Otro aspecto que aportó verdad, razón y emotividad a la función de despedida del pasado domingo, fue la sorpresiva presencia de hermanos del autor, como de amigos de Mario Ernesto Sánchez, quienes como familia lo acogieron a su llegada como Pedro Pan a Estados Unidos, durante su adolescencia.

   En suma, con piezas y puestas de la calidad de Alguna cosita que alivie el sufrir, la escena cubana y latinoamericana de Miami sigue apostando por la calidad del genuino arte y apoyando la urgente libertad de nuestros pueblos. 

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