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waldo bioWaldo González López (Las Tunas, Cuba, 1946)

Poeta, ensayista crítico teatral y literario, periodista cultural. Graduado en la Escuela Nacional de Teatro (ENAT) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana (Universidad de La Habana). Autor de 20 poemarios,  6 libros de ensayo y crítica literaria, varias antologías de poesía y teatro. Desde su arribo a Miami (2011), ha sido ponente y jurado en eventos teatrales y literarios internacionales. Merecedor de 3er. Premio de Poesía en el X Concurso “Lincoln-Martí” 2012. Colaborador de las webs: teatroenmiami.com (Miami) y Encuentro de la Cultura Cubana (España), Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (New York), y los blogs OtroLunes (Alemania), Palabra Abierta (California), Gaspar. El Lugareño, y el diario digital El Correo de Cuba (ambos en Miami).

LA COREANA 1Por Waldo González López – www.TeatroenMiami.com

Fotos: Miguel Pascual

Adaptado y dirigido por la actriz, realizadora y poeta Clara Varona, el sábado pasado se estrenó —en la sede de la nueva compañía escénica: Factory Theater Escena— el monólogo La coreana, incluido por José Milián (Cárdenas, 1946) en su primera pieza Vade Retro, escrito cuando apenas tenía 15 años, en 1961, si bien lo estrenaría a los 21.

   Sobre tan temprana iniciación —semejante a la de su contemporáneo habanero Nicolás Dorr que, nacido en el propio año, escribiera a los 13 su opera prima Las pericas— Milián confesó al colega Jorge Ignacio Pérez el pasado 2 de noviembre, en entrevista para martinoticias.com, la causa de tal dilación: “porque a nadie le interesaba montarla… y tuve que esperar”. Sin embargo, ¿acaso ello fue un preámbulo de lo que le sucedería en 1971? Veamos.

   Desde su pieza iniciática hasta la fecha, el actor, director artístico y fundador en 1989 de la Compañía Pequeño Teatro de La Habana acumularía un vasto currículum cercano a los 50 textos, algunos decisivos en la dramaturgia cubana, entre ellos: La toma de La Habana por los ingleses (1969, estrenada en 1970 por Teatro Estudio) y Juana de Belciel, más conocida por su nombre de religión como Madre Juana de los Ángeles (1971), que valdría Primera Mención en el Concurso Casa de las Américas, aunque el verdadero “lauro” para el creador resultó el ser apartado de la escena por un ignominioso proceso-ukase, en tanto fue, aun es y siempre será otro de los peores baldones sufridos por la cultura cubana por parte de la ¿Revolución?

   En consecuencia, no pocos de los mejores artistas y escritores cubanos serían apartados del panorama internacional a causa del Quinquenio Gris, según lo denominara el profesor, crítico e historiador del teatro cubano Rine Leal, aunque, en realidad, fue el Decenio Gris, tal lo renombrara el ensayista Ambrosio Fornet, por los graves daños ocasionados a la comunidad de artistas y escritores cubanos, algunos de los cuales no soportaron la ignominia fascistoide de la ‘parametración’, término de las (des)autorizadas autoridades castristas y castrantes, censoras del autor y su pieza, con su inmediata desaparición del panorama escénico nacional durante casi una década, sin olvidar que ello les acarrearía no menos injustas medidas, como dejarlos sin trabajo o enviarlos a labores no acordes con su nivel, como pintor de brocha gorda, tal le sucedió a Milián, quien solo podría reincorporarse en 1977 como productor de espectáculos.

   Luego vendrían otras piezas singulares, como Las mariposas saltan al vacío (1994; incluida en el Festival de Teatro de La Habana y recién estrenada en Bogotá); Si vas a comer, espera por Virgilio (galardonada en el Concurso Casa de las Américas, estrenada en 1998 y llevada al cine por Tomás Piard en 2013), y Mamíferos hablando con sus muertos.

   Mas, durante su extensa e intensa temporada de una década en el antes luminoso y hoy extinto Teatro Musical de La Habana —creado en los ‘60s por el actor y director escénico y cinematográfico mexicano Alfonso Arau con otros artistas cubanos, y en el siguiente decenio dirigido por el también Premio Nacional de Teatro, el dramaturgo, realizador e intérprete ya fallecido Héctor Quintero— ampliaría su quehacer con textos y puestas concebidos para su gustada manifestación, que renovaría con «mis experimentos musicales en el Salón Alhambra […] la salita pequeña del teatro», según evocara en la citada entrevista, aun recordados por su calidad, añade el crítico.

   En tal sentido, tal bien le afirmara a Jorge Ignacio Pérez, «con Héctor al frente, Nelson Dorr y yo, sí puedo decirte que teníamos un teatro musical con un futuro brillante». En consecuencia, como fue encargado por Héctor de inaugurar el Salón Alhambra (1981), un espacio para espectáculos de pequeño formato y trabajos de experimentación, para esta nueva sala escribió y realizó, entre otros espectáculos, En el viejo Varietés, Tres mujeres y Él, El amor no es un sueño de verano y Los triunfadores, corroborando su cenital tesis: el teatro musical no está reñido con el civismo y la reflexión.

   Podría continuar esta suerte de preámbulo sobre el colegamigo de años y sueños que —en su modesto hogar capitalino, ya cercanas sus siete décadas de feraz vida— continúa escribiendo, estrenando y formando actores, en fin, enriqueciendo el teatro de la Isla, pero creo que tras estas palabras de preámbulo, debo analizar aspectos esenciales de la puesta de La Coreana, a cargo de Clara Varona, tan incansable como Milián.


ADAPTACIÓN, DIRECCIÓN Y ACTUACIÓN  

El monodrama sería presentado en el Festival de Monólogos y Espectáculos Unipersonales, realizado en el Teatro Nacional de Managua, Nicaragua, dirigido por Eneyser García, en 1996.

   Mas, solo meses atrás, a petición de la directora general y artística de La Pequeña Compañía Theater, el propio Milián le enviaría desde La Habana su texto completo, del que Clara Varona extrajo el monólogo,  lo adaptó y amplió con acierto, para que lo interpretarra la experimentada actriz venezolana Myriam Amanda, quien lo estrenara meses atrás en el Festival «Monologando Ando», de New York, donde obtendría uno de los galardones.

LA COREANA 2   La Coreana es el seudónimo de la enajenada María González quien    —en plena Nochebuena, hambreada, con su muñeco Palacho a horcajadas, al que cree su fallecido hijo— le habla de su padre Vicente González, «de familia mulatica, pero muy fina», que la abandonó por otra, como asimismo narra pasajes de su infancia, su mamá y su padre preso.

   En consonancia con su malhadada mente, ella “vuela entre sus sueños, frustraciones y delirios […] Se debate entre ficción-realidad”, por decirlo con el colegamigo Max Barbosa en sus Notas al programa de mano.  

   Así, demencia mediante, la paupérrima mujer vive en el pasado e imagina estar de nuevo en el circo donde trabajara: le canta con su guitarra rota una ranchera al muñeco Palacho, como si fuera su bebé, ante los espectadores que cree enemigos y los amenaza, no obstante, pedirles algo de comer para su pequeño, aunque aclara que no quiere tragos, revelando su pasado alcohólico. Y se autodefine: «Soy la diplomática» y «La embajadora del hambre».

   La pieza revelaría tempranamente en el creador la adopción de lo grotesco, tópico que signa la mayoría de su dramaturgia: de hecho, aflora ya en esta obra que lo ubicara tempranamente en la dramática nacional.

   De acuerdo con el trazado de la poética milianesca en sus montajes, como de la labor que exige a los intérpretes, el destacado realizador también confesaría a Jorge Ignacio Pérez:

para mí el centro de toda representación es el actor porque es el portador de la voz del dramaturgo. Mis puestas siempre están centradas en el actor. Y los elementos son mínimos o en función de lo estrictamente necesario. Claro que hice espectáculos grandes, superproducciones como Vaselina, por ejemplo, que se salía de mis propósitos como director.

   La dirección de Clara Varona, acorde con su cuidada ampliación del texto, como de la poética y premisa técnica de Milián ya mencionadas, se centró en el desempeño de Myriam Amanda, intérprete de la mayoría de sus puestas en Miami, lo que facilitaría la imbricación, “la química” a la hora de la creación y adopción por la actriz de su compleja criatura.

   Con ínfimo apoyo de luces (apenas un cenital-frontal), la experimentada directora (realizadora de espectáculos para niños en Cuba y Colombia, como en Miami) conduce a la actriz, con precisos movimientos por el escenario, del que solo en dos ocasiones desciende, para moverse entre el público, interpelándolo y propiciando la intercomunicación necesaria en la puesta.

   Como ya dije, lo grotesco define la dramática de Milián en tanto muchas de sus piezas integran este elemento, pero igualmente se da la mano con la rica proyección por la escena de la intérprete, quien se vale de un marcado expresionismo facial y un atendible dominio corporal y de movimiento, como ha corroborado en otras de sus interpretaciones en comedias, y aunque aquí no es tal, la Amanda refleja tales condiciones, ganadas en su continua praxis escénica en diversas compañías y piezas.  

   Se trata, en suma, de una válida puesta que —por su estricta economía de medios (solo unos pocos elementos), concisión y austeridad—, resulta una propuesta que se agradece, como siempre que se disfruta de buenas entregas, logradas como en La Coreana, con las virtudes antes apuntadas.

   En fin, con tal praxis ganada a lo largo de su extensa e intensa carrera, y, a pesar de lo sufrido en la Cuba ¿revolucionaria? durante la injusta etapa padecida entre 1971 y 1977 (que no creo olvidará por la injusticia y el sufrimiento experimentados), el próximo 17 de marzo de 2016 cumplirá 70 años el igualmente autor de otra pieza singular, entre las preferidas por este redactor, quien escribiera y publicara una rigurosa valoración a raíz de su estreno: ¿Y quién va a tomar café?, Premio de Dramaturgia “José Antonio Ramos”, en el Concurso UNEAC de 1985.    

   Por ello, y acorde con su admiración y agradecimiento al creador cubano José Milián, fue muy justa Clara Varona al dedicar, en la noche del estreno miamense de La Coreana, sus justas palabras de homenaje, ahora suscritas por este crítico y amigo desde muchos años atrás, sumándose a su onomástico desde mi columna en teatroenmiami.com    

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