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XII Festival Latinoamericano del Monólogo «Teatro a una voz». Segunda semana

 

quiero-morir

Por Waldo González López - www.TeatroenMiami.com 

 

Fotos: Miguel Pascual

Al monólogo, por sus requerimientos de escasos recursos (si es bueno el texto, le basta al talentoso intérprete con sus destrezas y habilidades) prefiero denominarlo «teatro pobre», parafraseando al que —por la honda introspección de la labor actoral, a partir de la técnica del trabajo psicofísico (elaborado por el teórico y director ruso Konstantín Stanislavski)— (re)creara el también teórico y director polaco Jerzy Grotowski, destacada figura de la escena posvanguardista del siglo XX.

   Con tales características, necesarias como los «agonistes» (intérpretes que luchan contra/por sus conflictos y, en consecuencia, actúan por merecer el trofeo/aplauso del público), en su segunda semana el evento, realizado por creadores de distintas experiencia y trayectoria, evidenció, desde sus inicios, con sus luces y sombras, diversas características y calidades.

   De ahí que, tal era de esperarse, el esperado muestreo (que no concurso) de monodramas, sin ánimo de metas de lauros, ofrece a los actores, directores y dramaturgos la posibilidad de presentar sus nuevas credenciales, como la de probarse ante el público amante de un gustado género que, nacido siglos atrás, gozó de notable desarrollo en la pasada centuria, y en la presente continúa con vigor, como se constata en cada jornada de este XII Festival.

   Comparto ahora con los ciberlectores mis impresiones de lo visionado la pasada semana, que no fueron todos los días ni piezas, por problemas personales. Así, el jueves presencié los siguientes monodramas:    


LA TRAGICÓMICA MUERTE: JULIE DE GRANDY Y ALEJANDRO GIL

Tal podría definirse la que, teñida de absurdo, ofreció al nutrido público la válida interpretación de Alejandro Gil, a partir del delicioso texto de Julie de Grandy Me quiero morir.

   Con su habitual energía y visible preparación física, como su potencial carga expresiva, el aún joven actor evidenció una vez más sus posibilidades en la alocada criatura que —taras infantiles y complejo trato maternal mediante— convence desde su aparición en la escena.

   Apoyado por el silente y decisivo apoyo interpretativo de la propia Julie —quien resalta lo humorístico con su amplio registro de intenciones y gestos, transiciones y miradas, todo en rico haz sugerente—, Gil logra transmitir la enajenada sicología de su aspirante a “Super Star” del suicidio en el teatro y el cine.

   Y todo, con un sencillo montaje, respaldado con referencias a memorables puestas de figuras en la dirección y actuación escénicas y cinematográficas, con guiños a clásicas bandas sonoras.

 

trabajar-yoDE UN FALLIDO DÓLAR

Así es el que intentó, pero no logró la italovenezolana Arianna Coltellacci con su inhábil desempeño en la ¿comedia? de Joaquín Pedroso Todo por un dólar, dirigida por el experimentado realizador  Osvaldo Stróngoli.


   A quienes conocemos la valiosa labor del asimismo autor y actor argentino (en espectáculos de valía como Quiero ser famoso… ¿y qué?, exitosamente presentado en la Sala Catarsis del Trail durante dos meses), nos asombra su crédito en la realización de este fallido monólogo, cuya pobreza es corroborada por la anciana protagónica de la Coltellaci, quien, al parecer, no preparada con el suficiente trabajo precedente, tampoco quedó cautivada con el texto y, en consecuencia, no logró su empatía con él.    

 

RETORNO DE DARIO FO

El siempre bien recibido Premio Nobel italiano ha sido autor recurrente en el evento monológico de Havanafama. En tal sentido, le tocó el turno a su comedia (aunque se anuncia como  melodrama) no tan conocida aquí: La puta en el manicomio, que permitió visionar un nuevo desempeño de la novel actriz cubana Hildelys Acosta.


puta-manicomio   Al lanzarse por segunda ocasión al ruedo, evidencia gracia natural y talento en «El Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo», parafraseando al eterno Lope de Vega: canon del teatro clásico y, en él, del género.


   Aunque su elocución fue a ratos plana (y le impidió brillar en tonalidades y matices), en cambio, sí estuvo provista de desenvoltura, gracejo y jocosidad, con las que logró sensaciones y situaciones, justamente por su apego y condición nata y neta para la comedia.


   Mas la propia inexperiencia de la también poetisa habría requerido de mayor precisión en la dirección del laborioso Yoshvani Medina, uno de cuyos indudables méritos es descubrir, iniciar y presentar a los aspirantes a actores: valga el propio ejemplo de Hildelys.


   En consonancia, el también laureado dramaturgo debió acentuar las intenciones en un más delineado carácter, ganancias con las que la intérprete habría dotado un más completo sentido de la verdad a su divertida putaine o cocotte.


   Creo oportuno destacar la lograda relación interactiva con el público, singular aspecto en el que no pocos intérpretes fallan. Por último, la entusiasta intérprete tiene planes de incorporarse a proyectos de promisorias comedias que, con su ascendente experiencia, estoy seguro le reportarán mayores logros.

 

angel-lucenaLA LÚCIDA ENAJENACIÓN DE LUCENA  

Evoqué al narrador galo Raymond Radiguet en su inmortal novela El diablo en el cuerpo, al disfrutar Usted sabe tanto, pero yo sigo muriendo, del venezolano Carlos Angulo, interpretada con alta teatralidad por su coterráneo Ángel Lucena.


   El también cantante y diseñador de vestuario evidenció su probada calidad, una vez más, en este montaje que —bajo su propia dirección— califica como uno de los más altos instantes hasta el momento, en la presente edición monológica.


   Un enajenado delira en el manicomio con sus fantasmas y demonios, evoca y revive el pasado-presente en desequilibradas acciones, generando más las «presiones y diamantes» virgilianas que atribulan su cerebro, ya del todo perdido en un marasmo sin tiempo.


   Pieza deudora de los movimientos escénicos posvanguardistas de mediados de siglo pasado (sobre todo, el teatro del absurdo), el actor recrea, alucinándolos, tales influjos, con (in)contenible exaltación.


   Mas, tal pletórica expresiva es lúcidamente interiorizada por Lucena, quien en el clímax de su notable desempeño, despliega un haz de barroquismo gestual que, acorde con la atribulada sique de su criatura y apoyado en su teatralidad, evoca grandes actuaciones de figuras de la escena y la cinematografía internacionales.


   A su formidable entrega, añade el idóneo maquillaje, la peluca y el vestuario minimalista, sólo apoyados por una camilla que le sirve de podio, como otro cuerpo transgresor del discurso escénico.  

   En consonancia, la insania mental que posee al protagonista en este montaje del mayor nivel teatral, realza la presente edición de Havanafama.


   Propongo ahora mis impresiones de lo visionado el jueves y el viernes (pues no pude asistir el sábado ni el domingo).

 

rezandoLOS REZOS DE TAMARA

Recién premiada en los Miami Life Awards 2013, la cubana Tamara Melián corroboró su pericia interpretativa al incorporar la imaginativa pieza Llevo una semana rezando para que te mueras, del también laureado narrador, poeta y crítico literario José Abreu Felippe.


   Dirigida con ingenioso aliento por Juan Roca, posibilitó a la actriz la incorporación de precisos mecanismos, en su doble papel y continua combinación de madura y joven ama de casa, apoyada por mínimos recursos escénicos que muy bien funcionan, justamente por su parca propuesta,    

 

   El montaje, acorde con la pieza, resulta otro ejemplo de cuánto han avanzado los directores y actores con las exiguas características de «teatro pobre», concernientes al monólogo.

 

AÑORADO ENCUENTRO DE ALEJANDRO Y JUANITA

El título del canónico bolero de los recordados compositores cubanos Gerardo Piloto y Alberto Vera, sirvió al conocido escenógrafo cubano Alejandro Galindo para estrenar otra de sus divertidas piezas que lo corroboran como talentoso comediógrafo.


 anorado-encuentro Ubicado a fines de los ’50, Añorado Encuentro parte de un popular personaje de ficción “Olaya, La Pulpita” —con su fe en las icónicas deidades del panteón afrocubano, común en la actual cotidianidad isleña— es abandonada por su amante, “Mayito”, quien se ha ido con otra más joven.

   

   De tal suerte, el dramaturgo se vale de un socorrido tópico de la idiosincrasia criolla en su personaje muy bien interpretado por Juanita Baró, quien —conocedora del contexto y dirigida por el propio Galindo— evidencia su lograda incorporación, apoyada por la inmediata comunicación con el público. En la idónea ambientación sonora  colabora la audición, de fondo, del mencionado bolero, en la voz del clásico bolerista cubano Vicentico Valdés, como de otro, hecho raro en la voz de Celeste Mendoza, dedicada a otros géneros musicales.


   Todo colaboró en el debut actoral de la intérprete —asimismo danzarina y profesora de folclor—, quien consiguió los aplausos del público, gracias a la orgánica interpretación de su personaje costumbrista: creyente de la vertiente africana que, con la hispana, conforma el dúo de las raíces identitarias de la Isla.

        

encerradosEL ENCIERRO DE YESLER

Cuando concluyó su actuación el talentoso Yesler de la Cruz, un actor amigo y vecino de butaca, me preguntó: ¿Qué quiso decir, Waldo? Y no supe decirle.


   Y aquí radica el intríngulis de Encerrados afuera, de Ulises Cala, uno de los autores residentes en Cuba, más representados en Miami, en especial en ArtSpoken, por su director Yoshvani Medina.

   Sin embargo, esta ocasión quien asumió la dirección de la pieza fue Sebastián Acevedo, con tan incongruente resultado que su complicado discurso dramatúrgico y escénico aún resulta harto complejo.


   Por ello, el intérprete —con dominio sicofísico de su potencial mental y cognitivo— no logra transmitir una señal que abra algún camino para la definición del ¿conflicto?, y el público se queda en ascuas o equívocamente, lo toma como una sencilla comedia, echando a un lado la calificación original de “tragicomedia”, de ahí, la constante risa de varios espectadores.

 

aquello-buenisimoHÉCTOR QUINTERO, POR ORQUÍDEA Y VALENTÍN

Solo algunos ¿colegas? de la Isla (que lo envidiaban, porque no podían con su talento y arraigo) se alegraron de la muy temprana e inesperada muerte, poco tiempo atrás, del incambiable Héctor Quintero (a cuya memoria entonces dediqué un artículo).

   En el evento de Havanafama, el actor y director también cubano Valentín Álvarez-Campos, enamorado de la pieza —facilitada por el crítico, que la incluyó en uno de sus antologías teatrales—, asumió la dirección de uno de los más gustados unipersonales del Premio Nacional de Teatro, como asimismo actor y relator de documentales.

   Así, para el montaje de Aquello está buenísimo, el también artista plástico escogió a Orquídea Gil, una actriz que —dotada de la gracia requerida para la comedia, por su apego y sus probadas facultades para el género— mostró, sin embargo, cierta inseguridad en la interiorización del rico texto, como poca soltura.

   Ello, unido a la feble apoyatura de su entusiasta colega y contraparte Ernesto Jam, impidió un óptimo resultado en la obtención del  reconocible humor de Quintero, quien dejara dos piezas clave de la mejor dramaturgia cubana: Contigo pan y cebolla (1962) y El premio flaco (1964), con significativos lauros y puestas internacionales, como entre otros, el estreno de la primera en Estados Unidos con el título de Rice and beans.     

   En fin, por ahora concluyo. La próxima (y tercera) semana regresaré con otros comentarios, como siempre, en esta, mi columna de www.teatroenmiami.com

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