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waldo bioWaldo González López (Las Tunas, Cuba, 1946)

Poeta, ensayista crítico teatral y literario, periodista cultural. Graduado en la Escuela Nacional de Teatro (ENAT) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana (Universidad de La Habana). Autor de 20 poemarios,  6 libros de ensayo y crítica literaria, varias antologías de poesía y teatro. Desde su arribo a Miami (2011), ha sido ponente y jurado en eventos teatrales y literarios internacionales. Merecedor de 3er. Premio de Poesía en el X Concurso “Lincoln-Martí” 2012. Colaborador de las webs: teatroenmiami.com (Miami) y Encuentro de la Cultura Cubana (España), Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (New York), y los blogs OtroLunes (Alemania), Palabra Abierta (California), Gaspar. El Lugareño, y el diario digital El Correo de Cuba (ambos en Miami).

 

IMG 0216Por Waldo González López – www.TeatroenMiami.com

Fotos: Zoraida V. Fonseca

La chinfonía burguesa —aún en la indetenible cartelera de la Compañía Havanafama— resulta, a no dudarlo, una simpática farsa escrita al alimón por los importantes poetas nicaragüenses José Coronel Urtecho (1906-1994) y Joaquín Pasos (1914-1947), no siempre reconocidos, a pesar de sus calidades y su singular actuación en la renovación del verso en su patria.

   Muy cierto que han sido y son aún un tanto olvidados, ante la mayor divulgación que han tenido, a lo largo del siglo XX, diversos autores de otros países latinoamericanos, como Argentina, México, Venezuela, Colombia y Cuba, más agraciados quizás por poseer mayor número de nombres que enriquecieron sus letras.

   Escrita en los “30 del siglo pasado por estos integrantes de la vanguardia en ese país centroamericano, la pieza, tras casi ocho décadas de escrita, gracias a su carga de crítica social y humor, significa, ante todo, un meritorio esfuerzo del creador nica Christian Ocón, quien la inserta en el espacio Teatro Nicaragüense en Miami, proyecto ideado y emprendido por él, con el noble afán de divulgar la literatura y, en especial, el verso de su país, no tan tenido en cuenta como el de otras tierras del subcontinente.

   En consecuencia, tal vez mejor decir —parafraseando al poeta, ensayista y diplomático colombiano Jorge Zalamea (Bogotá, 1905–1969) y su excelente ensayo de 1965— que la lírica nica ha sido, injustamente, casi incluida en la que él denominara La poesía ignorada y olvidada, de acuerdo con el título de tan valioso volumen homónimo.

   Tal aconteció con la poesía nicaragüense, obnubilada desde el siglo XIX, por la omnímoda presencia del modernista Rubén Darío (Metapa, hoy Ciudad Darío, Matagalpa, 1867-León, 1916), cuya obra influyera, a fines del siglo XIX e inicios del XX, en todos los autores hispanoamericanos vivos, incluso en el más significativo poeta de la Generación del 98: Antonio Machado, cuya contemporánea expresión superaría con creces el influjo inicial que tuvo en su producción inicial el autor de Cantos de vida y esperanza (1905), por lo que devendría el notable español uno de los más lúcidos nombres del verso actual.

 

IMG 0526OBRA Y PUESTA

La pieza —de acuerdo con el laborioso director y actor Christian Ocón— aborda “las diferencias sociales, un amorío entre un poeta de clase baja con la hija de un acaudalado”, de donde resultan acciones paródicas, que transforman la pieza original en una “fantasía caprichosa y hasta absurda”, con un final  “irónico, bufo y poético”, tal la define en un artículo (con entrevista al director y comentario sobre la pieza) del colegamigo Luis de la Paz, publicado en el importante Diario de las Américas.

   Lo farsesco, siempre aliado al mejor humor, critica la poesía y el ambiente de la época de los autores en su país natal. Con su complicado montaje (en el que debió laborar duramente con el elenco internacional), Ocón logra entregar al agradecido público una puesta a tener en cuenta, además por el meritorio gesto de rescatar una obra que marcó, en el país, la necesaria vanguardia que, por esa época, asimismo marcara los novedosos rumbos de la poesía en Latinoamérica.

   Tan plausible rasgo de reunir diversas nacionalidades actorales residentes en Miami (acción que, en general, caracteriza las tablas de Havanafama y la mayoría de los grupos latinos), llevó al director nica a integrar un variopinto elenco con intérpretes de Nicaragua, Perú, Colombia, Cuba, Costa Rica, Guatemala, República Dominicana y Venezuela.

   De tal suerte figuran (junto al más conocido Ernesto Jam, por sus constantes desempeños en Havanafama) los talentosos nombres de Salomón Morales, Guadalupe Hernández, Sara del Río, Katia Ribeyro, Ivette Kellens, George Durán, Octavio Gallardo, Mario Camargo, Rebecca Aguilera, Marta Lizana, Roberto Pichardo, Lilliana Espeleta, Juan M. Lacayo, Marlene Martín, Reynayira Guido y Jamilett Palacios. Ellos entregan, con habilidad y simpatía, algunas de las deliciosas criaturas de la pieza, tales: Doña Chomba, el Poeta, Don Chombón, Fifí, Norberta y La Muerte, entre otras.

   Resalto la valiosa colaboración del experimentado Alejandro Galindo, en el diseño de vestuario, maquillaje y peinados. Asimismo, son destacables la lograda escenografía y la ambientación del propio Ocón, quien, como buen conocedor de la pieza y del teatro en general, le otorga a la puesta una no común atmósfera surrealista.

   Con tal propósito, acentúa la iluminación (para conseguir los efectos y los contrastes visuales idóneos) que, como el sonido (en colaboración con Carlos Laso) realzan esta farsa/sátira contra la hipocresía y otros desórdenes de índole moral, en la época de la pacata.

   Creo, por fin, que La chinfonía burguesa es no sólo el meritorio esfuerzo de Christian Ocón y su equipo, sino, además, una magnífica opción para los fans de la escena entre las variadas que ofrecen, entre viernes y domingo, las compañías latinas de Miami.


FOTOS

 


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