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Multicreación en Luis de la Paz: teatro y cuento, testimonio y poesía

 

Luis de la Paz foto Delio RegueralPor Waldo González López

Fotos: Cortesía: Delio Regueral

Destacado periodista, el también narrador, dramaturgo y poeta labora en Diario de Las Américas, donde atiende la página cultural.

    El título de la presente entrevista responde, justamente, a la polifacética creación literaria del colegamigo nacido en La Habana de 1956, de la que partió para Miami, durante los dramáticos sucesos de la embajada del Perú y el posterior éxodo del Mariel, en 1980.

   Desde entonces reside y labora en Miami, donde ha integrado un riguroso currículum, enriquecido con creces, pues fue miembro del consejo de editores de las revistas Mariel (1983-1985) y Nexos (1998-2001), y director de El Ateje (2001-2008).    

   Asimismo integró, entre el 2005 y el 2011, la directiva del Instituto Cultural «René Ariza», organización que difunde y promueve el teatro cubano. En la actualidad es Vicepresidente del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio,  miembro del Colegio de Periodistas de Cuba en el Exilio y Premio «Lydia Cabrera» de Periodismo Cultural (2011).     

   También merecedor del Premio de Ensayo Museo Cubano, por Dulce María Loynaz, tránsito de una gran dama cubana (1999), otro de sus ensayos: Rostro en la narrativa cubana, integró el volumen 1902-2002: centenario de la República de Cuba, compilado por William Navarrete.

   Ha sido invitado en dos oportunidades por el Cuban American Culture Institute, de Los Ángeles, California al Festival de Cultura Cubana, donde ha ofrecido sendas conferencias sobre la escritora Dulce María Loynaz y el éxodo del Mariel. Del propio modo, ha participado en las Ferias Internacionales del Libro de Miami y Santo Domingo, República Dominicana.

   Su ponencia, Spanglish, una realidad a la que no hay que temer, fue incluido en el libro Español o Spanglish, cuál es el futuro de nuestro idioma (Miami, 2005), así como su ensayo El cuento y el relato cubano contribuyó a la Enciclopedia del Español en los Estados Unidos, publicada por la Editorial Santillana, en Madrid.

   Ha publicado tres libros de relatos: Un verano incesante (Ediciones Universal, Miami 1996), El otro lado (Ediciones Universal, Miami, 1999) y Tiempo vencido (Editorial Silueta, Miami, 2009).

   Realizó las compilaciones Reinaldo Arenas, aunque anochezca: textos y documentos (Ediciones Universal, Miami, 2001), Teatro cubano de Miami (Editorial Silueta, Miami,  2010) y Cuentistas del PEN (Alexandria Library, Miami, 2011). Dos de sus relatos fueron recogidos en Cuentos desde Miami (Poliedro, Barcelona, 2004) y Palabras por un joven suicida (Editorial Silueta, Miami, 2006). Sus monodramas Feliz cumpleaños, mamá y El laundry, se estrenaron en el IX y el X Festivales Latinoamericanos del Monólogo (2010 y 2011, respectivamente). Parte de su obra ha sido traducida al inglés, hebreo, checo y húngaro. En el Diario Las Américas, escribe sobre libros, teatro, espectáculos y mantiene la columna mensual, 5 preguntas a..., en la que ha realizado cerca de 150 entrevistas.

   Ya leído su valioso currículum por el ciberlector, sólo resta adentrarse en los laberintos de la creación del destacado intelectual cubanoamericano, quien revela aspectos de interés en la entrevista que publico en mi columna de la web teatroenmiami.com

 

 El vestido rojoLuis, me alegra que, sin previos antecedentes escénicos, has optado, entre otros géneros, por la dramaturgia  y la dirección. Entonces, te pregunto: ¿por qué el teatro y, en especial, un ‘subgénero’ preferido por mí: el monólogo?

   –Yo he llegado al teatro a través de un largo camino. Primero como espectador pasivo y atento, luego escribiendo reseñas para Diario Las Américas, donde más que ejercer la crítica, he intentado acercarme a las puestas reflejando las sensaciones que me provocan.

   «Más tarde, como parte de la directiva del Instituto Cultural René Ariza (ICRA), se dieron las condiciones para que yo dirigiera La diva en la octava casa de Héctor Santiago y luego El vestido rojo de José Corrales. Fueron circunstancias muy especiales: no había quién dirigiera esas lecturas dramatizadas y un poco impulsado por Yvonne López Arenal, Matías Montes y Yara, asumí los retos, que… (modestia, apártate), me quedaron bastante bien, gracias al apoyo y los consejos de personas del medio, como Sandra García, Juan Roca y la propia Yvonne. Luego tomé la dirección de El último vuelo de La Paloma, de Héctor Santiago, en Havanafama, como parte de una serie que organizó Juan Roca por el 30 aniversario del éxodo del Mariel. Escribir teatro vino por añadidura.

   «Sobre mi preferencia por el monólogo: pienso que es al teatro lo que el cuento a la narrativa, el género más difícil, aunque parezca el más fácil. Yo soy cuentista y creo que esa habilidad me ha permitido adentrarme con bastante seguridad en el monólogo.»   


   557657 436832402998524_100000153037097_1951233_544898457_nCuando Orquídea Gil, con su gracia y naturalidad (que ya conocía por disfrutaría, durante el XI Festival Latinoamericano del Monólogo, en uno delicioso de Julie de Grandy) encarnó el pasado viernes —en el nuevo y grato espacio “Esta noche en Delio’s” (en Delio Photo Studio)— tu monodrama Feliz cumpleaños, mamá, dirigido por el actor y realizador Christian Ocón, corroboré tu talento para esta manifestación, que ya conocía por El laundry, intrerpretada y dirigida por el propio Ocón en el XI Festival Latinoamericano. Así, ¿continuarás escribiendo monodramas? 

   –Te puedo asegurar que seguiré escribiendo, lo que no sé de qué manera se va a proyectar una idea. El texto de Feliz cumpleaños, mamá me lo había propuesto como un cuento. Sin embargo, cuando me senté a escribirlo me di cuenta que estaba fluyendo como un trabajo para teatro, y así lo continué.


   En el mundo contemporáneo, por la rapidez de la vida actual, ya resultan casi obsoletas piezas en tres actos. ¿No has pensado abordar otras vertientes dramatúrgicas, tal la obra en un acto, tan concurrida por los autores como el monólogo? 

   -Siempre me entusiasman los retos y escribir una obra de teatro con todo su rigor es una posibilidad latente. Ojalá que surja, eso me haría muy feliz. Sólo hay que esperar el momento preciso, donde confluyan idea y lenguaje expresivo.


La diva en la Octava Casa1   En tu faceta como narrador, sólo conozco tu relato incluido en tu valiosa selección Cuentistas del Pen, tan útil, y en la que, según consta en los créditos, apareces como editor, cuando en realidad eres, asimismo, antólogo de la misma.       ¿Planes de otros volúmenes de cuentos o de libros propios con tus relatos? 

    –No soy un escritor muy prolífico, prefiero la calma, el trabajo lento y firme. Escribo y luego se van armando los libros. Así ha ocurrido con todos los de cuentos que tengo publicados. También disfruto trabajar en varias cosas simultáneamente.

    Cuando te invité a la más reciente edición de mi Tertulia Añorado Encuentro, leíste dos textos poéticos de hondura conceptual y estética que gustaron a los numerosos concurrentes (entre ellos, mi invitada de lujo esa noche: la compositora y cantante cubana, exiliada desde décadas atrás en México, Ela O’Farril). ¿Has publicado poesía o tienes proyectos de publicar algún poemario?

   –Con la poesía me ha ocurrido algo muy curioso. En Cuba comencé escribiéndola. Luego, al llegar al exilio durante el éxodo del Mariel, la poesía dejó de rondarme. Sólo algún que otro poema, aislado, muy ocasional. Alguno de ellos los publiqué en revistas Sin embargo, en los últimos años —¿será la vejez?—, la poesía ha regresado, y apuntaría que, de una forma muy distinta, diría que sosegada y firme en su hechura. No busco imágenes, sino decir y transmitir, con la intensidad y brevedad del poema, una sensación, un estado de ánimo. Tengo un libro preparado Los espacios y las sombras, que quizás publique próximamente.


    Te sé (como tu colegamigo y ahora entrevistador) un pertinaz multicreador, pues eres poeta, antólogo y periodista cultural, si bien yo aún no he publicado cuentos. Entonces, ¿qué nuevos proyectos —en todos los géneros que abordas—te rondan ahora? 

   –Como cubano exiliado tengo como proyecto personal la promoción, difusión y apoyo a la literatura, el arte  que hacen los cubanos del exilio. Ese propósito me ha permitido ser parte de la revista Mariel (1983-1986), junto a escritores como Reinaldo Arenas, Juan Abreu, Reinaldo García Ramos, Carlos Victoria y Roberto Valero, publicación que fue muy importante y motor impulsor de la cultura cubana del destierro en aquellos primeros años ochenta.

   «Luego colaboré y codirigí, con Carlos Sotuyo, la revista electrónica Nexos, y finalmente publiqué, entre el 2001 y el 2008, 22 números de El Ateje, revista también virtual que llevé adelante con el apoyo de Jesús Hernández. Creo que esta publicación también marcó un punto de unión generacional y respaldo a la cultura cubana. Tenía varias secciones, entre ellas una dedicada al teatro, donde se publicaron 23 obras. También me vinculé al ICRA y siempre he tenido una disposición a apoyar los proyectos que destaquen la labor cultural de los exiliados.    

   «Ahora, un ahora que se remonta a más de 15 años, he continuado esa labor a través de Diario Las Américas, donde escribo un comentario semanal sobre libros. Generalmente dedico ese espacio a reseñar los que se publican en el exilio; libros que no siempre son de gran resonancia, pero que me parecen importante (muchos son testimonios) para la reconstrucción histórica de la nación cubana.» 

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