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Por Waldo González López – www.TeatroenMiami.com
Fotos: Cortesía de Teatro Trail
El siempre actualizado Teatro Trail ofrece —en asiduos estrenos o reposiciones— atrayentes títulos a su numeroso público, al que propone piezas de indudable valía que en ocasiones, combina con otra premiere, incluso, más.
Como para corroborar su atendible cartelera semanal, el coliseo de Coral Gables aportó al pujante movimiento escénico miamense otro buen estreno, solamente el pasado fin de semana, lo que es de lamentar, pues —por desconocimiento de la pieza o por la popularidad de la otra oferta en reposición: Monólogos de la vagina (de la que me ocuparé en una próxima crónica)— muchos se perdieron esta propuesta de calidad, cuya reposición confío no demore para el solaz de los habitués a la escena. Pero leamos:
LA OBRA
Se trata de la más reciente creación para las tablas del Premio Nobel Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936), prestigioso narrador de fondo quien, al parecer, tras las exitosas adaptaciones cinematográficas de sus novelas La ciudad y los perros y Pantaleón y las visitadoras, comparte su talento literario con el dramatúrgico, ya que asimismo posee en este rubro indudables capacidades, no tan distantes, por cierto, de las escriturarias, que le merecerían años atrás el preciado Nobel de Literatura.
Así, el crítico pudo visionar (y disfrutar) el estreno absoluto en Miami de otra propuesta de interés en el Teatro Trail: la pieza en un acto Al pie del Támesis, en la que el gran autor de los títulos mencionados y otros de pareja o superior calidad, se muestra poseedor de cultura y técnica escénica, como de los suficientes elementos (“garra”) para atrapar el público con esta obra, cuyo inesperado final, por su tratamiento y solución, evoca los clásicos “cierres” de los mejores narradores, a la manera del norteamericano Edgar Allan Poe y del uruguayo Horacio Quiroga, por sólo mencionar dos altos ejemplos.
La trama se cuenta con pocas palabras: Tras 30 años sin saber de su mejor amigo de la infancia y adolescencia: Pirulo, el hoy acaudalado Chispas, durante un viaje de negocios a Londres, recibe la inesperada visita de la hasta entonces desconocida hermana de su inseparable y también condiscípulo, quien no será otra que su propio amigo travestido, quien, durante la infancia y en un baño de la escuela, ya con inclinaciones de gay, quiso besar a Chispas en la boca y este lo golpeó, separándolos para siempre.
Este hecho da pie a una pieza, cuya trama, tan rica por su enrevesado tejido de inesperada solución, atrapa al espectador en un espeso y, a un tiempo, ágil desarrollo, con algunos tintes policiales. Al final, el espectador sabrá finalmente el verdadero desenlace, que no es el que intuía, ni, siquiera vislumbraba.
Pero este final —uno de los mayores aciertos de pieza y autor— no lo cuento al ciberlector, porque sería echarle a perder la fiesta de la imaginación que resulta, sin duda, Al pie del Támesis, un derroche de imaginación y absurdo, tan afín a las piezas de la vanguardia escénica europea de los “50 y “60.
LOS ACTORES
El arquetipo incorporado a plenitud por el actor venezolano de pura raza Iván Tamayo en su complejo personaje de Chispas, resulta de una elaboración de tal fuerza y organicidad, que asombra y admira al público y al crítico.
El intérprete le otorga una hiperrealista vitalidad a su inseguro y nervioso personaje, a partir de las duplas amor-humor, amor-rechazo, amor-aceptación y, sobre todo, amor-prejuicio machista, causa de su viejo fracaso, tres décadas atrás, cuando no reconoció la velada aceptación-amor-pasión por su íntimo amigo, el nunca más aparecido Pirulo, causa, no menor, de su frustrada vida, a pesar de sus triunfos profesionales.
Por su parte, la actriz, también venezolana, Fabiola Colmenarez —en la piel de su ex Pirulo y ahora su supuestamente “hermana” travestida— consigue, con no menor calidad, convencer con su cálido y enamorizo personaje que, dotado de belleza, afecta aún más al ya enajenado Chispas en su velado amor de juventud, criatura que, no obstante el humor de su personaje (amplificado por la insuperable entrega del intérprete), produce lástima en el público. En un momento, dice a la bella ex Pirulo y ahora “hermana”: «Después de 30 años, somos fantasmas de lo que fuimos». Y más adelante, le espeta”: «El adulterio es la verdadera patria del amor».
LA DIRECCIÓN
El realizador venezolano Héctor Manrique se arriesga con esta excelente obra, cuya trascendencia escénica no poco le deberá (le debe ya) a su lúcida dirección de actores, como a su igualmente talentosa puesta, en la que destacan la descollante síntesis de elementos de las tablas contemporáneas, como, prima facie, el minimalismo, del propio modo común en una buena parte de la narrativa actual.
ADDENDA: EL TEATRO DE VARGAS LLOSA, GENUINA CULTURA
El pasado día 13 de este mes, entrevistado por Nuria Azancot (para el Diario El Cultural) sobre su más reciente volumen —el esencial ensayo La civilización de espectáculo—, al responderle a la periodista qué es para él la cultura, subrayaría el notable intelectual peruano:
Es algo que definió muy bien (Thomas Stearns) Eliot: todo aquello que hace más vivible la vida de la gente. Ésa ha sido la gran función de la cultura, enriquecer la vida de las gentes, darles unas convicciones, una sensibilidad que les permitiera defenderse contra la adversidad. Al mismo tiempo, un gran entretenimiento, pero si sólo es entretenimiento se banaliza, y ése es el gran fenómeno que vivimos hoy. Aunque, afortunadamente, hay excepciones y grandes creadores originales que huyen de la vaciedad y de lo publicitario.
Y ese «enriquecer la vida de las gentes» que es, asimismo, «la gran función de la cultura» es lo que no sólo logra el gran narrador en sus novelas: La Casa Verde y Conversación en La Catedral, sino también en esta estupenda pieza en un acto que, dirigida con talento y praxis por Héctor Manrique e interpretada con excelencia actoral por Iván Tamayo y Fabiola Colmenares, posee ese raro y difícil arte de bien combinar sicologías de similares idiosincrasias en otros contextos, gracias a un tema de plena actualidad, sólo que abordado desde un punto de vista novedoso.
Satisface, pues, visionar y disfrutar Al pie del Támesis, otra muestra del talento de Mario Vargas Llosa, validada por un experimentado director y dos notables actores venezolanos, cuya reposición esperamos sin falta.