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Por Waldo González López – www.TeatroenMiami.com
Tras largos años de amor-desamor, advienen los «pequeños crímenes conyugales», resultados de las, a un tiempo, pequeñas/grandes dudas que—provocadas por el tedio y el hastío de la repetitiva cotidianidad en gestos, hábitos y otras torpes costumbres— van agotando al amor, siempre necesitado del urgente hálito de vitalidad en la pareja, al punto de que, si no se renueva, caduca y fallece.
Y tal es el tema que ocupa, durante una hora y tanto, la más reciente oferta de ArtSpoken que, entre otros méritos, ofrece el protagonismo de dos experimentados actores, dotados para las más complejas interpretaciones, tales las que ostentan en el muy atendible estreno del galo Eric Emmanuel Schmitt.
Justamente de ello se trata cuando se habla de la puertorriqueña Alba Raquel Barros y el uruguayo Gualberto González, camaleónicos y volátiles intérpretes que, como fuegos a punto de arder, llenan el breve pero (gracias a ambos) enorme espacio escénico del incansable director y dramaturgo Yoshvani Medina, quien esta ocasión escogió y tradujo la pieza ganadora del quizás más codiciando lauro francés: el Premio Goncourt.
CALIDADES DE LA PIEZA
Un texto excelente es la primera virtud que justifica el ansiado galardón de la pieza estrenada en París dos años atrás y que, ahora, permite conocer algo de la intensa producción del más reciente teatro francés.
Al comentar la pieza, el colega hispano Luis Navarro ha subrayado con razón méritos, como: «la asombrosa —por veraz— capacidad de Schmitt para analizar y representar sobre el escenario los problemas que entrañan las relaciones de pareja y (…) la estructura del texto, que esconde un control perfecto del ritmo de la acción».
Y añade que «su retrato de una pareja tras quince años de unión conyugal, sus reflexiones sobre el deseo, el amor, la fidelidad y el tiempo, son tan ciertas que pueden llegar a asustar a muchas parejas de espectadores con capacidad de autocrítica».
De ahí, que —con razón indica— «Schmitt consigue uno de los fines esenciales de la literatura: ofrecer una apariencia de verdad —aunque ésta sea falsa— en lo que se cuenta; no realismo, ni verosimilitud, sino verdad. Tan clara que conmueva al receptor de la obra literaria».
Cierto: su carga sicológica es de tanta veracidad, que en ocasiones el espectador puede sonreír y reír, pero en otros instantes, muy contrarios sentimientos invaden su mente, que no pierde ni un segundo de la representación, tan tensa que, sin duda, se nos antoja el texto de un filme policíaco.
Sin embargo, no siempre el suspense, la ironía y el supuesto odio ocupan la escena: en otros momentos, el humor invade las tablas para provocar la risa del público, que agradece la pieza no poco deudora de los grandes dramaturgos del teatro realista-sicológico norteamericano (Tennessee Williams, Arthur Miller…)
La aparente desmemoria provocada en el novelista y pintor aficionado Gilles por una falsa amnesia da pie a la no menos fingidora Lisa en este a ratos diabólico ¿drama?, cuyos excelentes resultados actorales son deudores de la dirección y puesta escena de Yoshvani Medina, como a la dirección de arte del siempre minimalista George Riverón.
AL FINAL…
… el público coincide con el crítico en la calidad de esta nueva oferta artística de ArtSpoken que —junto a sus colegas de las Compañías Teatro en Miami Studio, Havanafama, Teatro 8, Abanico y Trail— lucha por mantener cada vez más viva la escena miamense, a pesar de los que, sin asistir a estas y otras salas de valía, pronostican, como aves de mal agüero, la decadencia y casi inexistencia de la escena latina en La Ciudad del Sol.