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los cuentos de rene 5José Abreu Felippe - El Nuevo Herald

Bajo la producción de Alexa Kuve y dirigida por Larry Villanueva, El cuento de René es una obra basada en los cuentos de René Ariza (1940-1994). René nació en El Cerro. En 1967 obtuvo el Premio Teatro de la UNEAC con La vuelta a la manzana. Conocí a René durante una lectura dramatizada que hizo el propio actor en la Sala Hubert de Blanck en El Vedado. Era un joven espigado con un humor muy afilado, satírico y burlón, pero ingenuo, fuera de la realidad. Delante de cualquiera hacía sus actuaciones o recitaba sus poemas sin calcular consecuencias, sin cuidarse; lo que a la larga le traería problemas, porque si hay algo que caracteriza a cualquier dictadura es su carencia absoluta de sentido del humor. En 1974 lo acusan de “diversionismo ideológico” y lo condenan a 8 años de prisión. Incautan toda su obra. Está en Villa Marista unos meses, y posteriormente en un hospital psiquiátrico (porque hay que estar loco para escribir “literatura subversiva”), con electrochoques incluidos y después la cárcel donde terminan de destruirlo, de convertirlo en un guiñapo humano. Gracias a la presión internacional obtiene su libertad en 1979 y se exilia en Estados Unidos. Aquí lo volví a ver. Era otra persona. Su obra publicada es, desgraciadamente muy escasa, y salvo un par de libros, el resto está dispersa por revistas y periódicos ya desaparecidos. En Cuentos breves y brevísimos (Universal, 1998) se recogen varias de sus narraciones.

Por todo lo anterior, pienso que es muy importante este montaje de El cuento de René, porque independientemente de que nos permite disfrutar del enorme talento de René, mantiene viva su memoria y su obra. Su mundo personal, marcado por el acoso, el miedo y la persecución, por el absurdo y la pesadilla, está muy bien representado en los siete textos seleccionados. Abre con Relato sospechoso, en mi opinión el más difícil y complejo de todos, magistralmente interpretado por el propio director, Larry Villanueva. René hace en él derroche de un humor feroz en esta especie de trabalenguas sobre la desconfianza, donde todos sospechan de todos mientras a su vez se hacen sospechosos. Una joya que retrata el alma, si es que tiene alguna, del régimen que padeció René y que sigue imperando en Cuba, más de medio siglo después.

Apenas hay elementos escenográficos: un refrigerador, que aparece en toda la obra y que lo mismo es una celda, que una mesa, un ataúd o una balsa, que se metamorfosea en lo que haga falta; el ojo del Gran Hermano que te vigila, que todo lo ve, y que está presente en el monólogo de Larry, que se le hace muy sospechoso hasta por cómo va vestido; la puerta del baño de un club o cabaré o vaya Dios a saber qué, con otros elementos que ayudan a configurar el ambiente (Los Bravos); y poco más. Los cuentos se enlazan mediante un recurso, en ocasiones demasiado largo, que se repite: ¡Identifíquese! La víctima de turno pide tiempo para despertar y buscar sus documentos, pero se lo niegan: ¡Vas a seguir soñando!

Le sigue Relato para moscas, un monólogo delirante, a cargo de Andy Barbosa. Este joven actor está muy bien, desenvuelto, irradiando frescura y seguridad, tanto en este trabajo como en Esposas, para mí uno de los mejores del conjunto. Ariel Texidó tiene a su cargo, El fantasma del puerco y Ser escritor, relato que, acertadamente, cierra la función. Dos cuentos excelentes desarrollados con la maestría a la que nos tiene acostumbrados este estupendo actor. En el primero, un matrimonio ciego confunde al hijo recién nacido con un puerquito que están criando para sacrificar en Nochebuena, dándole al segundo el tratamiento del primero. Un relato macabramente divertido. El último retrata al escritor bajo el horror totalitario. La escena de Texidó manipulando aquel artefacto, que se me antojó siniestro, especie de máquina de escribir surrealista, donde las teclas son martillos, es imborrable. Resume la tragedia del artista.


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