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lorca en un vestido verde jafJosé Abreu Felippe - El Nuevo Herald

En tierra de nadie, un espacio en la memoria colectiva o en el quinto infierno, ocurre el encuentro. Allí dos militares, un General (Carlos Acosta Milián) y un Guardia (Rosie Inguanzo), dos espectros con mando que parecen dirigir el tinglado, apoyados por un grupo de "viejos" espectros, es decir de seres con más experiencia en lo que Rilke llamaba "la penosa tarea de estar muerto", fungen como "actores". Todos con una única misión: convencer al recién llegado, que no es otro que el poeta andaluz Federico García Lorca, de que está muerto, de que la cuarentena a la que debe someterse en ese lugar es un aprendizaje, una escuela que le servirá para adaptarse a su nueva condición y, en un futuro, si es que con los muertos es apropiado hablar de futuro, "ascender". Con ese fin, cada uno de los espectros-actores representará una faceta del poeta de "verde que te quiero verde": Lorca con Sangre (Ariel Texidó), que es el poeta fusilado que debe ser adiestrado; Lorca con Pantalones Bombachos (Irene Benítez), que representa su infancia; Lorca como una Mujer (Yani Martín), obviamente la parte femenina del autor de Yerma; Lorca con un Traje Blanco (Xavier Coronel), elegante, feliz, radiante, que es el éxito del dramaturgo y el poeta; un Bailaor (Aaron Cobos) que marcará el ritmo de la acción; y Lorca con un Vestido Verde (Omar Germenos), que es el más enigmático de todos, y el que le da título a la obra del premio Pulitzer, Nilo Cruz, que se acaba de estrenar en el OnStage Black Box Theatre del Miami Dade County Auditorium, en una producción de Arca Images, y dirigida por el propio autor.

El fusilamiento de Federico García Lorca (1898-1936) al principio de la Guerra Civil Española (1936-1939), fue un hecho, quizás por lo especialmente monstruoso, que ha despertado un interés continuo, que no ha hecho sino crecer con el tiempo. Se han realizado investigaciones –y aún se realizan– sobre las circunstancias de su trágica muerte, se han escrito muchos libros sobre la vida y la obra del autor del Romancero gitano y sus obras de teatro se siguen montando. También el poeta ha despertado la imaginación de un gran número de creadores y Lorca en un vestido verde es una prueba de ello. Nilo Cruz construye en un escenario prácticamente desnudo –solo hay unas maletas alineadas al fondo, con las que se juega ingeniosamente– un universo onírico donde el poeta debe ensayar su propia muerte una y otra vez mientras los espectros-actores escenifican escenas de su vida: un pasaje de la infancia, su relación con el pintor Salvador Dalí, el triunfo de sus obras en distintos escenarios, sus amantes, el poeta en Nueva York, entre otras.

Esta puesta de Lorca en un vestido verde resulta un ensayo sobre la muerte del poeta sentida a través de los sueños y la poesía. Una poesía que a veces tiñe todo de verde y otras de rojo; una poesía que desciende para transportarnos a la Gran Manzana con rascacielos escritos de arriba abajo por el poeta y esa luna gitana que tanto amó el autor de Bodas de sangre. Una poesía que ahora se transforma en una tendedera de manuscritos, un torbellino de manuscritos. Pero una poesía que, sobre todo, estalla en los desplazamientos de los actores que se mueven como en una coreografía. Y en las equilibradas actuaciones.


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