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10José Abreu Felippe - El Nuevo Herald

Finalizó el 31 Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami, evento creado y sostenido por su director artístico Mario Ernesto Sánchez, sin que, como ya es habitual, lo canales de la televisión hispana de Miami se enteraran. Es una pena, pero bueno, eso ya no es noticia. Este año, para cerrar el Festival se seleccionó El sistema Solar, una obra escrita y dirigida por la dramaturga Mariana de Althaus (Lima, 1974).

La pieza que representó a Perú en el encuentro miamense anual de las tablas, gira en torno al tema de las relaciones familiares, un argumento que es abordado con mucha frecuencia en el teatro y la literatura, y que en la propuesta de Althaus, nos muestra un núcleo familiar –que incluye un abuelo muerto pero de constante presencia–, completamente disfuncional, colindante con la locura.

Para esta ocasión se preparó en el OnStage Black Box Theatre, un cuadrilátero donde se situaba el público, y en el centro, un poco en el espíritu del teatro arena, ocurría la acción. La sala de un apartamento modesto con un chaise longue o diván, una butaca, una mesa central baja, y otra más pequeña con el retrato del abuelo y una cajita metálica que, más tarde nos enteramos, guarda sus cenizas. Es una esquina un arbolito de Navidad, ya que es diciembre y la familia Solar se reúne, después de mucho tiempo, y se prepara para la cena. En una pequeña grabadora suena insistentemente Te lo pido de rodillas, un éxito de los 70 del grupo uruguayo Los Iracundos.

Los hijos, Pavel y Edurne, no están en muy buenas relaciones con el padre porque éste dejó a su madre por otra mujer: Paula, nada menos que la ex novia de Pavel. Lo que no esperan en esa reunión es la revelación que les hará el padre –que está enfermo de muerte– y que creará una verdadera conmoción, una profunda crisis en el sistema Solar por el problema de la herencia.

Cuando comienzan los espectadores a entrar y a ubicarse en sus butacas, ya la acción está en curso. Edurne (Katerina D'Onofrio) da los últimos retoques al arbolito de Navidad y sentado en el suelo, un niño, Puli (Adrián Dubois) dibuja apoyado en la mesa. Pronto nos damos cuenta de que la noche será muy complicada y nada placentera, pues aparte de que se quema el pavo y debe ser sustituido por una vulgar pizza, empiezan a aflorar los rencores y los fantasmas del pasado. Luego entra Pavel (Sebastián Monteghirfo) y más tarde Leonardo (Gustavo Bueno), el patriarca de la familia. Es un viejo político que se mueve en una silla de ruedas debido a una reciente operación. Pero no viene solo a la festividad navideña, lo acompaña su novia Paula (Valeria Escandón), una mujer mucho más joven que él. La situación se agrava y sube la tensión.

Como si fuera poco, Leonardo guarda para el final la revelación de su próximo final que dará la última vuelta de tuerca a esta tragicomedia, pero antes, en un momento dado, el patriarca sale y regresa con regalos, vestido de Santa Claus, lo que provoca otra de las crisis de Edurne, que dicho sea de paso, está embarazada. Aquí varios de los personajes se acusan, unos a otros, de hablar con animales y hasta que uno de ellos –un perro–, es una reencarnación del abuelo. Es decir que la locura se sirve en copas grandes. El espectador, piensa, puede que en algo se vea reflejado, y a la vez se divierte y no la pasa nada mal.


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