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Del manantial del corazón teatro de la memoriaJosé Abreu Felippe - El Nuevo Herald

Presentada por SA'AS TUN, teatro de la memoria, de Mérida, Yucatán, nos llega Del manantial del corazón, escrita y dirigida por Conchi León, quien también actúa en la pieza, y que es un buen ejemplo de eso a lo que alude el nombre de la compañía: teatro de la memoria; teatro testimonial, dedicado al rescate de las tradiciones, costumbres, algunas milenarias, en fin, de la rica cultura del pueblo maya. La obra se presenta en el marco del 31 Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami, que dirige Mario Ernesto Sánchez

El escenario, un cuadrilátero en el OnStage Black Box Theatre, con un centro ceremonial en cada esquina –que contiene ropas, utilería– y unas piezas en el interior que cumplen diversas funciones; el público, situado en cada lado a manera de teatro arena. Así, en silencio van entrando las cuatro actrices Andrea Herrera, Conchi León, Addy Téyer (o Salomé Sansores), Lourdes León y la niña Estrella Borges. Todas vistiendo tradicionales huipiles y sandalias o chanclas. A ratos, una dama, sentada en una de las esquinas, marca pautas y canaliza el ritmo con un sonajero de semillas, hasta que tres "vecinas", así se llaman entre ellas, se acomodan en el centro que, descubrimos ahora, son los bancos de una iglesia donde se celebra una misa. Cuchichean, se cuentan sus problemas familiares, ironizan con humor y se van tejiendo los avatares de sus vidas, sus conflictos. El principio es algo lento y denso, pero a medida que transcurre la obra, se agiliza y toma buen ritmo.

Es obvio que la directora y su equipo han estudiado profundamente las costumbres y las tradiciones del Mayab, eso se nota en la autenticidad que destilan sus historias, donde la poesía de la vida, la más difícil de intentar o conseguir, se posa en la narración de los cuidados de la mujer antes, durante y después del parto, con su herbolaria específica, en el trabajo de la comadrona y en los baños para acomodar el cuerpo; en los ritos o ceremonias que se realizan a los niños y niñas para evitar el mal, como ponerle al infante un hilo negro en su manita izquierda o una tijera debajo de la hamaca para alejar la muerte, ya que vida y muerte son dos caras de una misma moneda. A mí esta anécdota del hilo negro me hizo recordar, y esto quizás sea una consecuencia no prevista por la autora, que cuando niño, mi madre me ponía un hilo humedecido con saliva en la frente para curar el hipo. Y en el azabache para evitar el mal de ojo.


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