Category: Teatro
Luis de la Paz - Diario Las Américas
Hay una tendencia a simplificar lo cotidiano. Los mensajes en las redes sociales a través de Facebook y sobre todo Twitter tienden a establecer una rápida y sucinta relación entre las personas donde prevalece el texto directo, sin matices y mucho menos descripciones. Esta forma ha incursionado también (pienso, a veces, que peligrosamente), en la literatura, con minirrelatos, minipoemas, microteatro y minipelículas.
Hay escritores que manejan muy bien la brevedad, integrándola a su obra como un estilo. El escritor Augusto Monterroso es particularmente célebre por su hiperbreve relato El dinosaurio: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Se trata del más socorrido ejemplo de un exitoso microrrelato. Recientemente en una revista de creación artística de Miami, se leen varios cuentos verdaderamente breves. Son textos que en sentido general funcionan, pues logran transmitir un momento, una emoción, narrar más o menos una anécdota, con cierta eficacia. Sin embargo, en literatura, en ocasiones, se evidencia la falta de los recursos propios de la narrativa, los atributos de la prosa, que adornan y dan vuelo a un texto.
He pensado en esta literatura mini tras ver la minipelícula El vendedor de tornillos y observar el entusiasmo que ha despertado el proyecto Micro Teatro Miami, en el Centro Cultural Español.
El vendedor de tornillos.
Dirigida por el colombiano Andrés García Uribe, sobre un texto escrito, producido y protagonizado por el cubano Francisco Besada, la comedia intenta “fomentar el cine en Miami”, de acuerdo con Besada. El filme de 15 minutos de duración, describe las andanzas de Wilfredo Cruz, un hombre que ante la amenaza de ser despedido de su trabajo le ofrece un reto a su jefe. Éste le pide que venda 500 tornillos industriales a lo largo del día. El resto son las peripecias del personaje para lograr su meta, la cual consigue de una manera bastante ingeniosa sobrepasando sus propias expectativas.
Producida por Kabeza de Ratón, a un costo de 200 dólares, el proyecto se propone filmar varias minipelículas, para ensamblarlas finalmente en un largometraje. La próxima será Miramar, la compradora compulsiva. En esencia los realizadores se proponen abarcar diferentes situaciones entorno a la crisis económica, y explorar la reacción de los individuos ante esa realidad, algo que en El vendedor de tornillos se consigue.
Filmada con recursos limitados, el hábil montaje, le imprime cierto ritmo, lográndose una simpática e ingeniosa historia, Sin embargo, faltan una serie de paréntesis que ayuden a entender y armar la película con más rigor. Pienso, que la propia idea de la brevedad, de exponer directa y tajantemente la realidad de la venta de los tornillos, hace que se pierdan situaciones que perfilen a los personajes y sus realidades.