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max barbosaMax Barbosa (Palma Soriano, Santiago de Cuba)

Licenciado en Letras por la Universidad de Oriente. Integró los elencos de las agrupaciones Teatro Juvenil de La Habana y las Brigadas Artísticas Francisco Covarrubias. Laboró durante diez años en TeleRebelde - hoy TeleTurquino-, Santiago de Cuba, como actor, escritor y conductor del programa La Trova Santiaguera. Incursionó en la actuación radial en la emisora provincial CMKC. Reside en Miami. Aquí ha escrito para varias publicaciones locales, entre estas, La Voz Católica, El Nuevo Herald, Éxito así como en mundolatino.com (New York) y cubaencuentro.com (Madrid).Dos de sus entrevistas fueron escogidas por la editorial Aduana Vieja para su antologia La crónica más larga. Periodismo cubano en el exilio ( Madrid,2016).  Es periodista de www.teatroenmiami.com desde el pasado siglo.

del manantial de la memoria y el corazonPor Max Barbosa – www.TeatroenMiami.com

El valor del teatro está en la calidad de las relaciones que crea entre los individuos y entre las diferentes voces dentro del mismo individuo. - Eugenio Barba.

Mi trabajo literario y teatral transita, recoge las palabras de aquellos que se han quedado sin voz, quizá por la dureza de la muerte, de la vida y el mal-amor.- Conchi León.

“Teatro testimonial yucateco”, afirma el folleto informativo del XXXI Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami donde disfrutamos Del manantial del corazón, dirigida y escrita por Conchi. Sin embargo, dicha conceptualización es discutible: el hecho de que la dramaturga hurgó en el alma maya,  “reutilizándola”, en aras de preservar y difundir sus valores al crear una realidad  estética, no es necesariamente un testimonio porque el arte preside la ceremonia que SA’AS TUN ( nombre del colectivo teatral) nos ofrece. Por eso la ausencia de agresivas barricadas ideológicas a pesar del encontronazo de los frailes franciscanos con dicha población al llegar a Yucatán en 1546. Se observa, además, el propósito de crear una forma de expresión que delimite esa unción tan cara a dicha cultura. Es una definición al uso, pero adecuada, presenciamos un “teatro de la memoria”.

El elenco lo integran: Andrea Herrera (Aurora, mestiza, muerte), Conchi León (Mestiza, partera),  Addy Teyer/Salomé Sansores (Mestiza, Doña Betty), Lourdes León (Mestiza) y Estrella Borges (Niña). Sólo mujeres, portadoras de costumbres,  sufrimientos y esperanzas.

Concebido el montaje como teatro arena, cruces, cerámicas, el Divino Niño del santoral católico y diversos objetos enfáticamente mayas, conforman la utilería a modo de crear la atmosfera religiosa que protagoniza el espectáculo mediante la Cruz Verde, exclusiva de ellos. Madera y árbol son inseparables para que esté viva, significa centralidad. De ahí que las actrices entren silenciosamente para iniciar el rito pero se nota “el comportamiento escénico pre-expresivo”  que proclama Barba, permitiendo que el cuerpo, escénicamente, esté “decidido”, “vivo” y “creíble”. El cuadro de la misa católica es antológico en este sentido. Las tres participantes hablan de asuntos terrenales desatendiendo lo que sucede en el altar, aunque asumen las actitudes que corresponden según la estructura eucarística; es decir, se ponen de pie, oran o cantan cuando sea necesario para sentarse de inmediato y continuar sus pláticas. La presencia de ellas en la iglesia es puro sincretismo, enfatizado por el quehacer actoral que se relaciona con la narración oral debido a que prima lo exterior ante la introspección. Mientras esto sucede, en un lateral, otro personaje, con la niña-actriz  a su lado semejando tranquilidad hogareña, plancha la ropa sin aparente relación con el acontecer. Se trata de un recurso de distanciamiento. El espectador no tiene que asumir el hecho como suyo, sólo, comprenderlo. Así llega el bautizo maya. Cinco espectadores participan en la ceremonia. Cada uno le regala un objeto al bautizado, diciéndole cuál es el motivo porque “las palabras quedan, lo material desaparece”, dice Conchi León que ahora es Conchi, no el personaje. Desapareció la ficción para que ella relate los signos del bautismo, entre otros, la semilla de calabaza que, junto al maíz, son alimentos básicos. Con razón se lanzan al iniciado durante las nueve vueltas que la madrina da con él a horcajadas alrededor de los invitados para obtener prosperidad.

Es de notar la imagen de la Muerte: elegante, vestida de blanco, con flores en el pelo, apacible, hermosa. Se hace imposible rechazarla, se desea.

En fin: El valor del teatro está en la calidad de las relaciones que crea entre los individuos y entre las diferentes voces dentro del mismo individuo.


 

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