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El Diablo y Cartas de amor a Stalin.

389208 10150745755729171_605759170_9275437_1685467088_nPor Max Barbosa – www.TeatroenMiami.com

 

El estreno de Cartas de amor a Stalin del dramaturgo español Juan Mayorga (Madrid, 1965), dirigida por Alberto Sarraín es un hecho  relevante en Miami. Además de ser la primera vez que un texto de este notable hombre del teatro sube a escena, el hecho que narra trasciende su contexto histórico original para insertarse (así lo desea Mayorga) en otra realidad mucho más real; en esta ocasión: Cuba.

 

Porque no sólo se trata del acoso a que fue sometido Mijail Bulgákov ( 1891-1940) a través de la censura de sus obras durante el período estalinista allá por 1930. Se trata, también, de cómo los intelectuales se relacionan o depende del poder y cómo este los utiliza para obtener legitimidad.

 

En Miami abundan los censurados. En Miami residen otras víctimas que emulan con la candidez de  Yelena Bulgákova cuando intenta conseguir el permiso para que ella y Mijail salgan de la Unión Soviética; víctimas que, a pesar de serlo, se congratulan entre sí cuando a una institución cultural de la Isla le autorizan lecturas dramatizadas o publicar algunas de sus obras. Es decir, la editorial Tablas/Alarcos, ¿goza de independencia?

 

La buena nueva es que Cartas de amor a Stalin se destaca, sobre todo,  por las actuaciones.

 

Cuando se cuenta con actores como Larry Villanueva, Mauricio Rentería y Mabel Roch es difícil percibir el trabajo del director. ¿Hasta qué punto él contribuyó a crear cada personaje mediante directrices o sugerencias? ¿Su punto de vista prevaleció? ¿Cuál fue el aporte de ellos? En una infructuosa entrevista a Sarraín antes del estreno (aún desconozco por qué no contestó la totalidad del cuestionario), escribió: “Los tres son personajes históricos (…), están tratados libremente, quiero decir, a pesar de estar anclados en la realidad son personajes que están, primordialmente, en función de un juego escénico”. Dudo en demasía que él no participó del juego:

 

El Stalin de Larry logra independizarse del Bulgákov perteneciente a Mauricio; este lo crea a partir del delirio que padece al quedar interrumpida la llamada telefónica que aquel le hiciera dos días después del suicidio de Mayakovsky. Como surge a imagen y semejanza de quien lo inventa, Stalin tiene la posibilidad del libre albedrío. Entonces incorpora el Diablo que siempre fue, sojuzgando la voluntad de Bulgákov para separarlo de Yelena, Mabel Roch, quien lucha encarnecidamente por no perder a Mijail, porque no se pierda en laberintos inútiles. Los tres personajes se complementan a partir de la humanidad que los arrulla. Son de carne y hueso, por eso la perseverancia al defender cada concepto. Stalin es un camaleón. Bulgákov un héroe trágico: cualquier decisión que adopte lo destruye. Yelena, romántica al extremo.

 

Ahora bien, ¿cómo se refleja lo anterior en las actuaciones propiamente dichas?

 

“Fe y sentido de la verdad”, aunque el término parezca extemporáneo.

 

 La caracterización de Larry Villanueva llama la atención desde el principio por su parecido con el Stalin real, pero esa semejanza le permite al actor romper criterios establecidos acerca de un hombre feroz. Este Stalin resulta sarcástico, simpático a veces. Dueño absoluto del poder, es innecesario aplicarlo con rudeza porque cada palabra suya lo impone. Larry se mueve a sus anchas en este sentido mediante la interpretación del texto, acciones físicas (gestos que recuerdan el realismo socialista), dominio del espacio escénico al desplazarse por el mismo, incorporando al personaje los imprevistos que con frecuencia suceden en escena. Es evidente que Larry conoce a Stalin.

 

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A Mauricio Rentería se le pudiera objetar que no se observa un desarrollo del personaje porque desde el inicio está definido el conflicto que padece; sin embargo, se justifica por los hechos que anteceden. Quizás el suicidio de Mayakovsky fue el detonante. Muy significativa la gorra que usa  Bulgákov con una M en la parte frontal y que Stalin le ordenará quitársela posteriormente. A mi modo de ver, lo más significativo de la actuación de Mauricio son los puntos de giros a que se ve sometido el personaje, de no asumirlos como es su actuación quedaría trunca. Debo destacar la fluyente comunicación con Mabel y Larry; obviamente, con Stalin resulta más intensa.

 


 
Mabel Roch cumple su rol con el sacrificio que el personaje demanda. Amorosa siempre, desgarrándose ante la destrucción del hombre que ama, impotencia que le hará decidir su destino en contra de sí misma. No hay un instante en que ella deje de ofrecerse para el bien de ambos. El soliloquio (soliloquio porque Bulgákov no la escucha) al relatar su odisea por conseguir los pasaportes, demuestra su cualidad como actriz.


Del equipo de realización menciono el acertado maquillaje de Adela Prado. Sin este, los personajes fueran otros. Alaín Ortiz concibió una escenografía que rememora las murallas del Kremlin (es mi lectura), conformadas por enormes paneles grises, color de la tristeza; allí viven los Bulgákov. El diseño de luces de Pedro Remírez de Estenoz  muy efectivo, sobre todo, en los entre actos, creando la atmósfera dramática necesaria para continuar las acciones.

 

Alberto Sarraín fue muy respetuoso con el texto original. Me pregunto por qué varió el momento en que Yelena decide aceptar la invitación de Zamiatin. Por supuesto, es su visión, pero ¿es más adecuada que la de Mayorga?

 

Cartas de amor a Stalin estará en escena hasta el próximo 13 de mayo.

 

Teatro Abanico. 3138 Commodore Plaza, Coconut Grove. Teléfono: 305-993-9657.

 


 FOTOS POR JULIO DE LA NUEZ

 


 

 

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