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¡Qué viva el Teatro!

Por Max Barbosa | TeatroMundial.com, Miami

Dos hermanas y un piano es una obra subversiva , provocadora, trasgresora en cuanto a las reacciones de los personajes porque recrea nuestra compleja existencia.Se trata de lo impensable como leifmotiv. Por tanto, el hecho de que las turbas asediaron a la poeta cubana María Cruz Varela, obligándola a masticar sus versos por exigir vivir con libertad; cumpliendo, posteriormente, dos años de prisión, se convirtió en motivo para que Nilo Cruz diera hacia la luz dicho drama.
 
Las hermanas Obispo, María Celia ( Marta Velasco) y Sofía ( Grettel Trujillo) sufren prisión domiciliaria; sólo pueden observar el exterior por las ventanas o cuando suben a la azotea. Son disidentes.  El teniente Portuondo ( Raúl Durán y Ernesto Tapia alternan las actuaciones) las oprime; es decir, se preocupa por ellas como miembro del Ministerio de Interior, a tal punto, que ni un afinador de pianos ( Chano Isidrón) puede entrar en la casa sin su autorización.
     María Celia es escritora, poeta más bien. Sofia, pianista con espíritu bohemio. La soledad las acompaña. Carecen de contacto con el mundo exterior. El teniente será su única referencia, pero él sólo disfruta y padece leerle a María Celia la correspondencia que a ella le envía el marido desde el extranjero. Si las hermanas se han visto obligadas a construir un nuevo mundo para sobrevivir, Portuondo también es víctima del acontecer que lo rodea. Creo que es el personaje más infeliz. A pesar de la coraza represiva que aparentemente lo protégé, está quedará resquebrajada cuando lee las cartas de amor remitidas a María Celia, incorporando al queredor como macho en celo. Entregará las cartas, exclusivamente, si la poeta le narra la novela que escribe. Al fin, sucede; al fin los cuerpos se encuentran.

Desde el punto de vista dramatúrgico la relación María Celia-Teniente Portuondo, polos opuestos circunstanciales, define el desarrollo del conflicto, uno de los logros del texto; aunque este se empobrece al hacer directa alusión a la problemática política, acercándose al panfleto.
Marcos Casanovas logra una puesta en escena coherente al integrar los diversos elementos que la conforman en función del discurso actoral. En la escenografía se observa el paulatino deterioro del interior de la casa: ventanas uniformes, persianas rotas, pocos muebles y el piano, claro está, presidiendo el acontecimiento. Efectivo el sonido de los tambores yorubas cuando la población habanera celebraba en la calle el triunfo del equipo cubano en los Juegos Panamericanos, sugiriendo la vigencia de dicha cultura  en la Cuba de estos instantes, en contraposición a las obras de la pianística cubana que Sofía interpreta. Ella es la que se percata del jolgorio al escuchar la percusión. Brecht, sin dudas. Preciso trabajo de luces, aunque discreto. Adecuada utilización del espacio escénico. No obstante, sugiero retomar la escena amorosa entre María Celia y el teniente: la belleza de los parlamentos y la situación de los personajes requiere un montaje más imaginativo, atrevido. Debo señalar que el hecho de la diferencia de edad entre ambos personajes contribuye, acertadamente, a incrementar el drama. 

Grettel Trujillo realiza una actuación memorable. Creíble siempre, domina la interpretación, el desplazamiento, las acciones físicas, el no dejar de actuar nunca, capaz de mostrar el desarrollo del personaje; en fin, actriz. Es más: ella es Sofía.

 Martha Velasco demuestra el oficio de las actrices experimentadas. Disfruté su trabajo interior sin sobreactuaciones. Espontánea la relación que establece con su hermana menor como hermana mayor.

Para los que conocemos a Chano Isidrón desde cuando actuaba con Los Fonomemecos allá en La Habana de los años noventa, su actuación resulta prometedora. En el contexto del drama, el afinador de pianos es un punto de giro para enriquecer el acontecimiento. Chano lo refleja mediante la simpatía del afinador, un clásico “ jodedor” cubano. Excelente el momento en que Sofía le quiere poner los zapatos de su padre para pagarle el arreglo del piano. El afinador sufre de cosquillas, si le tocan los pies muere de risas Nosotros también.

Y Raúl Durán, quien al salir en escena presagiaba buenos resultados, no logró interiorizar las contradicciones que consumen al teniente. La interpretación adolece de falta de matices o transiciones propias del buen decir de personajes complejos como el Teniente Portuondo.
Cuando Nilo Cruz recibió el premio Steinberg otorgado por The American Theater Critics en el 2003, concluyó su discurso de aceptación con una frase en español: ¡Que viva el teatro!

Dos hermanas y un  piano
Teatro 8, 2101 SW 8Th  St.
Teléfono: 305-541-4841.
Funciones: Viernes y sábados 8:30 p.m. Domingos: 5 p.m.

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