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Máscara
y respiración: una descripción conceptual
del uso de la máscara en el actor
(*)
Juan Martins
Entiemble sostiene
que el placer poético acaso sea de origen fisiológico.
Y más exactamente: muscular y respiratorio.
Octavio Paz
Detrás
del artificio, la máscara establece aquella
relación de desdoblamiento del actor
con respecto al espacio creado, se traslada
un espacio a otro hasta su propio límite,
lo cual lo impone sólo el proceso creador.
Se explica que la máscara sea un artificio,
pero éste se involucra con el actor en
forma compleja y lo arma de una unidad conceptual.
Invoca entre la máscara y la palabra.
Ahora, si se evalúa bien, para otras
culturas la máscara adquiere una relación
de tipo espiritual, por ejemplo, las sesiones
del chamán en otras etnias.
De algún modo ambos (actor
y chamán), instrumentan la palabra, manipulan
su estructura, sólo que ahora los fines
varían según el contexto, pues,
en uno el actor adquiere una noción estética
y, en el otro, más bien religiosa. Hallan
personas y se devuelven en ellas, usando la
máscara como recurso, esto les permite
desplazarse a diferentes planos de creación.
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A la máscara, en principio
se le confiere una forma plástica pero es necesario
apreciarla también como figura simbólica,
entonces, alcanzar ese enlace con la otredad crea
un artificio nuevo: el actor como género estético.
Su estética, cabe definir aquí, encuentra
una posibilidad sensual en el cuerpo –referente
en la representación—. La máscara
es entonces una unidad de separación entre
el cuerpo del actor y el otro, representado en el
personaje de la máscara.
La máscara, vista como respiración
del actor, agrega los contenidos y significaciones
de obra teatral. Y, en consecuencia, la respiración
es una mesura de su cuerpo con la abstracción,
ya que, el actor se identifica con el universo y el
personaje deja de ser un hecho abstracto. Es otro
yo quien se ocupa de él. Sus contenidos con
la realidad sólo estarán dados por la
modalidad de esta respiración, haciendo que
el actor componga las formas expresivas del personaje
al que induce la máscara.
Por lo general, la forma expresiva
de la máscara es la que hallará el actor
en su respiración. Entonces máscara
y respiración intimidan ese espacio que necesita
el personaje para decirle al público quién
es, si se trata de un hombre o de cualquier personaje
de la historia del teatro que está representando.
En ocasiones, esas características del personaje
representado, no corresponden a una caricatura «circense»
del espectáculo. Todo va más allá
hasta conseguir la relación con su otredad.
La respiración es un artificio para el hallazgo
de su propia poética. Su ritmo es determinado
por el mismo proceso de abstracción que se
transforma en una condición de creación
para la actuación, cuyos contenidos expresivos
le son dados desde esta respiración, desde
afuera hacia adentro y viceversa, pero que no se queda
allí, se filtra una vez que alcanza su espacio
interior, en el que el desplazamiento desde afuera
al interior de la respiración compone al personaje
en una modalidad de la otredad: el cuerpo y (no)cuerpo
del actor que es donde, a su vez, se representa, en
el mejor sentido de la palabra, a este personaje.
Toda esta sensualidad del espacio
creador se adhiere a un sentido mayor: el escenario.
El instante y el espacio escénico forman parte
del actor y, por ende, de la respiración, creando
una indivisible línea de componentes. La respiración,
le sirve al actor para hallar su responsabilidad sobre
el escenario, su razón de ser. Siendo así
la respiración centra al actor en su presencia
física, en un orden creativo y de unidad poética.
Pero el feliz término está en la búsqueda
instrumental de su respiración que es la forma
técnica como el actor organiza su emotividad,
su temple, su atmósfera, mientras que se cubre
con la máscara en la representación.
La crítica, con un sentido
más hermenéutico, a esta respiración
la han llamado inspiración y es, también
expiración. El actor suelta lo aprehendido
bajo el aspecto del personaje, de los movimientos
o de los gestos: tomar y soltar, tal cual como se
da en la naturaleza de la respiración. Ahora
el gesto físico del actor le viene de esa respiración.
No camina sobre el escenario sino su otro, su yo poético.
Es decir, su caminar es una representación
de signos. Hasta aquí se la ha otorgado una
acepción estética a la respiración,
siempre que se acepte que ésta no sólo
es una experiencia física imponderable. Sino
que, en la medida que el actor encuentre su expiración,
tendrá, con ello, cómo expresar una
forma de carácter poético, eso que se
ha llamado personaje. Lo que significa que exhalar
es conducir la ansiedad estética a un temperamento
expresivo por medio del cuerpo, haciendo del cuerpo
un instrumento de la palabra. Sujeto a este rigor,
el instante de la respiración es el arquetipo
del actor con el que alcanzará, después
de todo, la palabra y su edificación en el
escenario. Al ser abstracto el procedimiento, el actor
representa la estructura textual de todo aquello que
congeniará para darle forma sobre el escenario.
A objeto de que la respiración sea continua,
el actor se vale del ritmo propio del personaje. Aquí
es cuando interviene la máscara como artificio.
Y todo por supuesto nos los confirma la relación
subjetiva y abstracta de los signos.
Hace falta agregar cuál es
la característica de esta máscara. En
principio se ha hecho referencia a la máscara
propiamente dicha, al instrumento físico que
usa el actor. La máscara no facilita al actor
la respiración por sí misma, es al actor
quien artificia el proceso puesto que, de ser así,
sólo con usar la máscara sería
suficiente y no lo es, pues se requiere de una unidad
compleja entre el actor, la máscara y los signos.
La inspiración del actor puede explicar el
placer que tiene el espectador cuando se halla frente
a una excelente representación del actor. El
espectador revela el ritmo del actor, con toda su
abstracción, cuando éste, el espectador,
ríe, llora y finalmente se entusiasma con el
personaje al que ve.
El espectador no se identifica con
la presencia física del actor, sino con las
condiciones emocionales o la psicología del
personaje, por lo que la máscara puede ser
un elemento más del vestuario que es a su vez
es un signo. Es el actor quien le entrega el modo
emocional a la máscara, de este modo, ahora
el espectador percibirá la forma de aquélla
respiración, verá al otro que no es
él, sino lo que la máscara está
significando en la representación de la obra.
Cabe decir aquí, que se tiene
la posibilidad de explicar las formas corporales de
la alteridad en la que el actor se afirma con la máscara,
al tenerla de elemento codificador de una composición
simbólica, la cual tiene por camino a la respiración.
A fin de cuentas, se dice que esta energía
de la respiración significa para el actor la
naturaleza de su desdoblamiento. Y haciendo comparación,
las mismas formas de intuición, digresión,
parodia e irracionalidad poética se dan lugar
en el actor como en Novalis con la poesía y
en La commedia dell´arte con el teatro, sólo
por nombrar algunos ejemplos.
La respiración, en su alteridad,
le permite al actor crear su unidad poética.
Representa para él nuevos significados de emociones
o situaciones llenas de vida cuyo descifrado le dará
a la puesta en escena toda la vitalidad que exige
este arte: contar la historia en la que intervienen
los personajes. Sólo de esta manera, adquiere
su sentido poético, puesto que esta respiración
se hace unidad entre lo fisiológico y la determinación
espiritual. El ritmo que suministra la respiración
es un ritmo unido al sentido universal, lo cual lo
hace corresponder a la literatura moderna. La respiración
es cadencia hacia una dilatación interior.
Ahora que la lectura del actor es
hecha de manera no verbal al momento que se instala
la máscara, lo hará desde aquél
espacio interior, junto a todas sus relaciones con
el proceso creado, en el mismo minuto de la escena.
Puesto que la máscara adquiere una indumentaria
técnica, es el actor quien le impone el ritmo.
Donde cuerpo, respiración y poética
se suman indivisiblemente. En el caso La commedia
dell´arte, que es cuando se da inicio la alteridad
en el teatro, los personajes están predispuestos
a una única representación, al Arlequín.
Pero hay algo importante: es el actor quien determina
el ritmo a través de su respiración,
desplazando su ánimo hacia una forma previa
de los personajes. Y, paradójicamente, creándole,
a estos personajes de La commedia dell´arte,
una expresión independiente, explicado sólo
por el efecto causado en el espectador. Por ejemplo,
el Arlequín figura el entorno del actor, sin
embargo, es el actor quien disfruta de su respiración
y de su ritmo. La relación del actor con este
ritmo es compleja: si el actor es inexperto en este
tipo de experiencia, puede llegar a ser muy efusiva
para él, creando una situación arrítmica
y contraria. Se presenta entonces un «vacío
inusual de energía», dispersando la respiración
y el ritmo. El actor debe aprender a centrar todo
la energía que le ofrece la máscara
es, en cierto sentido, respiración, cuerpo
y sensación.
(*) Capítulo de la tesis
La representación actoral como poética
para el actor en una muestra de la dramaturgia de
Rodolfo Santana. Universidad Pedagógica Experimental
Libertador.
Maracay,
Venezuela.
Septiembre
- 2003
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