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DRAMATURGIA EN EL CUERPO
Norma Niurka
Aparentemente, el performance de Josefina Báez
que vimos el jueves en el espacio improvisado de un
aula de la Universidad de Miami es una obra simple,
sencilla, pequeña. Sin embargo, el contenido
y la elaboración del trabajo de la creadora
dominicana de Nueva York son mucho más que
apariencia.
Si Dominicanish es una pieza corta (menos de una
hora de duración) su medida es intemporal.
Josefina utiliza texto, danza, videos y música
(un trompetista en vivo) para mostrarnos su experiencia
como inmigrante y nos traslada, con la perfecta ejecución
de su técnica y la inteligencia de su texto,
a un mundo donde se funden varias culturas: la dominicana,
la haitiana, la africana y la hindú.
En el unipersonal de esta mujer sin edad, de la raza
negra, prevalece la multiplicidad de significados
porque Josefina lleva la dramaturgia en el cuerpo.
Es un texto no lineal expresado en inglés
perfecto, algo de español y algún spanglish,
porque ella vino de La Romana (República Dominicana)
a Nueva York y tres décadas de vida en la Ciudad
de los Rascacielos la han marcado en distintas etapas.
Y Josefina va transformándose mientras aprende
inglés y señala el merengue tanto como
el jazz, apunta los slogans de una época (``Black
is beautiful''), repite frases denigrantes a los dominicanos
y entiende como drama el lenguaje del graffiti en
las calles.
Mientras entrega el texto, su lenguaje gestual va
abriendo otros caminos. Es ahí donde el espectador
comprende que ella ha creado sus propios códigos
interpretativos tomando del yoga que practica y de
la cultura hindú que ha estudiado.
Sin presunción alguna, entusiasmada y divertida,
con su vestidito negro y sus zapatos cerrados, Josefina
va creando con precisión una madeja de imágenes
y símbolos, con manos, brazos, pies, piernas
y unos ojos enormes que parecen hablar.
El video que inicia el espectáculo muestra
una danza tradicional de haitianos y dominicanos,
pero la expresión corporal de la intérprete
está basada en la danza Kuchipudi que aprendió
en la India. Sólo que ella deconstruye la danza
igual que su condición de inmigrante. En ocasiones,
vemos que su movimiento pasa del Kuchipudi al baile
afroantillano del video, el mismo de su infancia y
su memoria ancestral.
Josefina no tiene mensaje en su performance, ella
sólo viene a darnos su presente, ese único
y preciado que compartió con nosotros esa noche.
Su visita a Miami fue un regalo de Lillian Manzor,
profesora de la Universidad de Miami y directora de
la Casa Cultural del Departamento de Estudios Latinoamericanos
del plantel, que siempre sorprende a los estudiantes
con presentaciones novedosas e interesantes.
Fuente:
El Nuevo Herald
Octubre - 2003
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