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Actores al descubierto
Cuando decidimos dedicar este número de Conjunto
al trabajo del actor, enviamos a casi cincuenta mujeres
y hombres de teatro de diversas disciplinas y latitudes,
las notas que glosamos a continuación, y que,
más que una encuesta, les planteamos como provocación
y estímulo para ser tomados con la mayor libertad.
Al espectro de posturas que traslucen las dieciséis
respuestas recibidas sumamos la descarga testimonial
de Enrique Pinti, publicada antes en Página
12, y la aportación teórica que constituyen
las contribuciones de Elly A. Konijn, Lorraine Pintal
y Franco Ruffini, tomadas del volumen Les Chemins
de l'acteur. Former pour jouer, compilado por Josette
Féral, y traducidas especialmente para este
dossier, al alcance del lector latinoamericano. Por
supuesto que no todo está dicho y que la presencia
inefable del actor se renueva con cada gesto dibujado
en el espacio. En estas páginas trazamos el
nuestro.
El actor es el autor de los gestos que las multitudes
repiten, el epígono de hombres y mujeres tradición,
el que se rejuvenece y establece pautas culturales
imperfectas.
El actor es el arquitecto del tiempo recobrado, el
sumo pontífice de la máscara y el gesto
cotidiano, el que miente diciendo la verdad, el que
es sincero y no convence. El que decididamente vive
una vida otra.
El actor es el uno, el mismo, el que contiene las
posibles variantes del yo. El que representa los signos
exteriores del sentimiento.
El que ejecuta la actuación de inspiración
y el candidato a poseer la técnica necesaria
para llenar "el espacio vacío". El
actor se prepara para ser una forma, y seducir al
agotado consumista y consumido.
El actor es el generador de la libertad individual
al más alto grado, el guerrero líder
de la manada. Alguien lo reconoce en el mercado, el
fetiche complaciente que también es él,
sonríe complaciente, ¿a quiénes?
¿Intenta demostrar algo a la audiencia?
Stanislavski reclamó del actor ser capaz de
vivir el personaje; Craig, una supermarioneta capaz
de sustituir lo perecedero y vacío de la gente
de teatro de su época; Brecht aspiraba a un
actor de la era científica; y Grotowski a un
actor santo... ¿Qué actor requiere el
teatro de hoy?
¿De qué se vale el actor para crear
un personaje? ¿En qué nuevas circunstancias
pone a accionar el si mágico?
¿Qué palabras prefiere? ¿Cuándo
se siente "estimulado" por el texto o el
director? ¿Son eficaces los textos canonizados
por la tradición para sus necesidades actuales?
¿Qué papel o rol le gustaría
desempeñar en esta época?
En La paradoja del comediante Diderot construye esta
idea: "Amigo, mío, hay tres modelos: el
hombre de la Naturaleza, el hombre del poeta y el
hombre del actor. El de la Naturaleza es menos grande
que el del poeta, y este menos grande que el del gran
comediante, el más exagerado de todos".
¿Cómo continuaría esta conversación
acerca de la identidad del actor?
¿Es el actor un hombre de pensamientos elevados,
con ganas de ofrecer su cuerpo en sacrificio para
que sea poseído por fantasmas, sacrosantos
modelos y escuelas, apetecidas rupturas?
¿Considera al actor un ser inspirado, es decir,
que lleva a cabo la hazaña de emocionarse y
emocionar, sembrar la flor?
¿Qué rechaza el actor contemporáneo?
¿Qué elementos violan su integridad
creadora? ¿El aburrimiento, las guerras, la
falta de subvenciones, el desgaste por la supervivencia,
la imposibilidad del grupo?
¿Vive el actor de su oficio? ¿Cómo
definiría su oficio y su vida?
Antonin Artaud comparó a algunos bailarines
con jeroglíficos animados. ¿Son las
piruetas del actor, la construcción de la forma
física, visual, a la que accedemos por una
primera observación, la que evoca el misterio,
el paisaje velado?
Richard Schechner plantea que en el teatro, el énfasis
en el cuerpo -y el espíritu fugaz que una vez
se pensó para estar "en" el cuerpo-
es reconfigurado como el problema de la "presencia".
Y se pregunta: ¿para quién está
presente el performer? ¿Y en qué forma?
¿Es el performer una "persona" un
"objeto visible", "un ser humano pleno"
o, visto de otro modo, un "carácter"?
¿Qué respondería usted a esas
interrogantes?
¿Existe el actor perfecto? ¿En qué
actores identificamos los rasgos de un ideal? ¿Quién
es el actor latinoamericano? ¿Podríamos
hablar de una identidad común, de un estado
del ser en el que mirarse al espejo? ¿Qué
imagen nos devuelven las diversas escuelas, influencias
y apetencias más personales?
¿Si tuviera que definir para su desempeño
artístico, una escuela, estilo o tendencia,
cómo lo describiría?
Hay quienes piensan que en el futuro, el teatro y
la representación tendrán que articularse
con un medio ambiente cultural, crecientemente tecnologizado
y que cada vez más el cuerpo vivo del actor
en representación tendrá que competir
con su réplica mediatizada. ¿Será
el cuerpo vivo más vital que nunca, o paulatinamente
se volverá obsoleto y sin interés? ¿Qué
papel juega el cuerpo -su cuerpo- como medio expresivo?
Tomado de la Revista
Conjunto, Cuba
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