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El reto del
“Anillo”
MARINO RODRÍGUEZ
Barcelona
El Liceu inicia
su primer ciclo íntegro de la tetralogía
en más de 50 años
La magna obra se ofrece en una elogiada producción
de Kupfer y con un gran reparto de cantantes
La más monumental muestra del
“arte total” wagneriano, la creación
operística más larga –quince horas
y pico de duración– y compleja, una de
las cumbres del romanticismo musical; la obra más
difícil de llevar a cabo para un teatro de
ópera –y para el director musical, el
escénico, los cantantes, la orquesta...–.
Todo eso y mucho más es “El anillo del
Nibelungo” de Richard Wagner, conocida también
como la tetralogía al estar integrada por cuatro
óperas diferentes o, como lo denominó
su autor, por un prólogo (“El oro del
Rin”) y tres jornadas: “La valquiria”,
“Sigfrido” y “El crepúsculo
de los dioses”.
Si, como queda claro por todo lo dicho,
cualquier producción de la tetralogía
es siempre un acontecimiento musical destacado –y
“lo más” para los wagnerianos y
para gran parte de los amantes de la ópera
en general–, la que ahora comienza en el Liceu
alcanza cotas de evento cultural histórico
en Barcelona –una ciudad muy wagneriana, por
lo demás–, ya que se trata de la primera
vez en más de cincuenta años que el
Liceu ofrece la tetralogía tal como la ideó
su autor, de forma estructurada y homogénea
–con una producción unitaria–,
aunque sí ha acogido en este tiempo numerosos
montajes diferentes de sus cuatro partes. “De
hecho hay dudas incluso de que el Liceu llegara a
presentar alguna vez una tetralogía completa
y concebida como una producción unitaria”,
afirma Joan Matabosch, director artístico del
teatro.
Los responsables del Liceu, no obstante,
no han creído prudente (“es un esfuerzo
tan grande que comprometería toda la temporada”)
dar las cuatro partes juntas (ahora se verán
“El oro del Rin” (estreno el 26) y “La
valquiria” (estreno el 29) y en la próxima
temporada llegarán “Sigfrido” y
el “El ocaso...”) ni acometer una producción
o coproducción propia. Esos serán, si
llegan a materializarse alguna vez, los acontecimientos
históricos del futuro. El actual, en cualquier
caso, se ve subrayado por el hecho de que la producción
del “Anillo” que se ha alquilado es una
de las más elogiadas entre las estrenadas en
Europa en la última década –procede
de la Staatsoper de Berlín y fue concebida
por uno de los grandes directores de escena alemanes,
Harry Kupfer, del que sólo se ha visto en el
Liceu el aplaudido “Tannhäuser” del
año 92– y porque se ha contratado a un
gran reparto de cantantes, “El mejor que se
puede reunir para esta obra en estos momentos”,
en palabras de Bertrand de Billy, que se encarga de
la dirección musical. Así, entre los
protagonistas del primer reparto de las dos obras
que se ofrecen ahora destacan Deborah Polaski, que
encantó en su debut en el Liceu de la temporada
pasada con “Tristán e Isolda”;
Falk Struckman, que también debutó aquí
en aquella producción; Peter Seiffert, Wolfgang
Rauch –el gran Papageno de “La flauta”
de Comediants–, Kwanchul Youn –el gran
Leporello del “Don Giovanni” de Bieito–,
Linda Watson, que debuta, o Graham Clark, quien afirma:
“He participado en 20 producciones de la tetralogía
y para mí esta de Kupfer es la mejor”.
Kupfer sólo ha concebido dos
tetralogías, una para el sancta sanctórum
wagneriano, el Festival de Bayreuth, y ésta
que llega ahora al Liceu, que mezcla clasicismo y
modernidad al estructurarse como una alegoría
de la historia del hombre que preside un gran árbol
–metáfora de la naturaleza– que
se va degradando a lo largo de la producción.
“Mi creación para Bayreuth
estuvo marcada por el episodio de Chernobyl, un ejemplo
de la capacidad destructiva del ser humano, el tema
central de la tetralogía. Esta producción
habla también de las ansias de poder y de la
destrucción de la naturaleza por el hombre,
pero con una mirada más radical. Mi primera
producción era el camino de la historia humana
y la actual es más bien la casa de la historia
humana. Hoy haría otra producción basándome
en lo que ha sucedido en el mundo recientemente. De
hecho he introducido algunas cosas inspiradas en esta
difícil situación política y
social que vivimos. Así, el fenómeno
del terrorismo se entrevé en algunas reacciones
de los personajes, que recurren a la violencia para
obtener lo que desean, y el público puede intuir
como el codiciado anillo pueden ser hoy el petróleo”.
Fuente:
La Vanguardia
Mayo 2003
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