Incluye tu email para recibir información sobre nuestras actualizaciones
POSTALES | FOTOS
ARTÍCULOS - 2003
  Diciembre
Noviembre
Octubre
Septiembre
Agosto
Julio
Junio
Mayo
Abril
Marzo
Febrero
Enero
DIARIOS
  The New York Times
Sun-Sentinel
El Nuevo Herald
The Miami Herald
Los Angeles Times
La Vanguardia
Washigton Post
El Mundo
El Clarín
CNN
ArteMiami.com

BUSCADOR internet teatroenmiami.com
El fervor de la natilla
por Carlos Díaz
Comenzaré confesando que nunca esperé la acogida que hasta hoy, luego de más de cien funciones de La Celestina en La habana y otras provincias, la obra ha tenido. Al principio fue un encargo, pensé que estaría en cartelera sólo dos noches. Lo asumí con esa idea. Uno nunca sabe dónde está el éxito. Lo que llevó la puesta a un centenar de representaciones fue el interés del público, gentes de teatro e incluso otros que nunca habían puesto un pie en una sala. Es importante destacar esto: el éxito se debe, sobre todo, al público. A menudo se hacen otras que cuestan muchas horas de ensayo, trabajo intelectual, y se ponen tres veces. Trato de aprovechar la oportunidad que brinda nuestra sede del Trianón. Carlos Díaz - Director cubano del grupo "El Público"

Ahora bien: mantener temporadas tan largas supone algunas rarezas, como es la de cruzar y simultanear elencos. Nuestra programación es inestable, los montajes mueren muy pronto, por eso los mismos actores desempeñan durante toda una temporada los mismos roles. Por la extensa temporada de La Celestina han pasado muchos rostros y eso ha sido riquísimo para el proceso. Cada noche se verifica la posibilidad de conocer de nuevo al autor, de descubrir otras aristas del cuento o de todos los días. Porque los días cambian y la escena no es estática. Por tanto, los actores tienen un margen para incorporar, para infiltrar elementos de esa existencia cotidiana. Ese margen es lícito, es dúctil, no puede devenir convención. Además, pienso en el público que tiene al teatro como parte y no como toda la vida: un ángulo de la historia le debe ser especialmente cercano.

Alguien me ha preguntado cómo pueden convivir en mí dos maneras tan diferentes de hacer como la que dio vida a La gaviota, y la que hoy se aprecia con La Celestina. Yo no me lo explico. He entregado mucho en ambas. No he partido del cuestionamiento de un futuro éxito. Para mí La gaviota tuvo muchísimo, como también Las brujas de Salem o Escuadra hacia la muerte. En materia de arte, como en materia de destinos, uno nunca puede predecir qué pasará cono lo que crea, menos en el teatro, del cual perdura un testimonio efímero. Se trabajó con mucho amor en Chéjov y con mucho en Fernando de Rojas. Lo que sí es un hecho es que el amplio público rompe las puertas para ver La Celestina; no así La gaviota.

Regreso a los actores. Yo tengo un criterio muy mío, y no es frívolo ni superficial. Estoy orgulloso de haber trabajo con los mejores actores de este país, de todo tipo, de diversos mundos. Pero no creo que sea del todo justo que un actor de carrera interprete un gran papel, cuando un muchacho recién graduado tiene las condiciones para hacerlo. Hay que cuidar el talento de los jóvenes, no dejarlos como por orden haciendo coro, Viejo 1 o Mujer que pasa por el fondo. Si tienen fuerza que que permitirles el salto de la escuela a la escena, para que se forjen poco a poco sus momentos, para que crezcan en vivencias, en capacidad de motivarse y motivar al espectador. Se corre el riesgo, sino, de que pase el tiempo y se les vayan los papeles, por la edad, por el físico: son como deudas que el director salda y aspira a que sus actores salden también. En Teatro El Público he cuidado mucho al actor, que es tan importante como el traje que se pone o la cúpula sobre la que lanza un monólogo. O no: es más importante, por su carga sensible.

Ha causado estupor la introducción de los temas de Habana Abierta hacia el final de La Celestina. Tiene que ver esto con mi costumbre de hacer guiños dentro del espectáculo, la libertad en los actores a la que ahorita me referí. O guiños y manipulaciones desde la escenografía. La banda sonora es un elemento activo del lenguaje escénico. Curiosamente, La Celestina es una obra española y se pone aquí, y los Habana Abierta son de aquí y están en España, junto a su natilla, que sí es de todos. Hay ironías muy particulares: tiene que ver con la ruptura del canon y del género, con la apropiación de lo tragicómico y los resortes con que ello se aborda en la actualidad. Nunca quisimos contar una historia ya escrita, sino una fábula a la que le ha pasado el tiempo. Porque la gente sigue amando, gozando, auque en otras circunstancias. Por eso es bueno remover continuamente las circunstancias, y es lo que hice en esta ocasión. Aclaro: este proyecto se hizo a muchas manos y no quiero que la culpa de La Celestina caiga sólo sobre mí.

Un último tema: los desnudos en el escenario. No se puede hacer El público de Lorca, y menos dar el nombre de esta pieza a una compañía, si se piensa que hay cosas que ocultar. Lo mejor de Cuba es que la gente anda en cueros en la calle. Nadie se preocupa del desnudo y el descaro que hay en las calles. Entonces, ¿alguien va a criticar el que está sobre el escenario? El que viene a eso no sabe quitarse la ropa.

Si me preguntaran qué teatro he hecho, de acuerdo con el que tenía que hacer, respondería simplemente: He hecho el mío, el que me tocó.

Fuente: Revista TABLAS
Mayo 2003

www.teatroenmiami.com no es responsable por las opiniones expresadas. Cada autor u opinante es responsable por sus opiniones e ideas. Igualmente las informaciones relacionadas con espectáculos son enviadas a www.teatroenmiami.com y son los productores y promotores de dichos espectáculos los responsables de cambios, suspensiones o informaciones erroneas. Los materiales son propiedad intelectual © de sus fuentes originales y son utilizados aquí solo con fines educativos

Este website está diseñado para 800 x 600 | Internet Explorer +5.
Design by www.teatroenmiami.com © 2000-2004
TeatroenMiami.com
se actualiza semanalmente
Es un website educativo y sin fines de lucro
Miami, FL - USA