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Insipirada
por Dench, ahora Ella está inspirando a Van
Gogh
Por Matt Wolf
| En 1969, la actriz inglesa Clare
Higgins, entonces una adolescente, hizo su primer
viaje a Stratford, donde vio a Judi Dench doblando
en el papel de Hermione y Perdita en una ahora
legendaria producción de la pieza “Winter’s
Tale” de Shakespare dirigida por Trevor
Nunn. Más de 30 años después,
la señora Higgins aún puede recordar
detalles de la actuación de Judi: “Cuando
ella encarnó a Perdita, no parecía
humana. Ella encarnaba la primavera”. |
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¿Y así también
retoñó su talento histriónico?
La señora Higgins se rió: “Judi
es mi modelo de actuación. Ella tiene la culpa”.
Tal vez la dama Judi tenga “responsabilidad”
en los dos premios Olivier que la señora Higgins
ha ganado. Los más recientes le llegaron el
mes pasado en reconocimiento al papel desempeñado
por la señora Higgins como Ursula Lover, una
viuda de cuarentitantos años que se apodera
del corazón deshecho de “Vincent in Brixton”,
un drama de ficción de Nicholas Wright sobre
Vicent van Gogh cuya puesta tuvo lugar en el Royal
National Theater en Londres. (el señor Wright
ganó un Olivier en la misma ceremonia por Mejor
Obra).
La representación ahora se
pone en New York. El jueves estará en el Golden
Theater, presentada por el Lincoln Center Theater
y dirigida por Sir Richard Evre, quien fuera Director
artístico en la puesta del National. Representada
por Jochum ten Haaf, un actor danés quien también
participó en la producción londinense,
este van Gogh de 20 años de edad es impetuoso,
algo así como un chico “caliente”
y empecinado que apenas ha dado sus primeros pasos
en la pintura y que sufre de profunda soledad y de
dejadez existencial. Su encuentro con la educada,
intuitiva y madura mujer que le renta una habitación,
y que se siente tan sola como él, desemboca
en un romance casual, a pesar de la presencia en la
casa de la hija de Ursula (papel que representa Sarah
Drew) y otro huésped (Pete Starrett).
La intención de Ursula es
ayudar a Vincent a descubrir su talento artístico,
quizás más por el deseo de llenar sus
propias espectativas que por ayudar al propio Vincent.
Algunas semanas atrás, un poco antes que los
Oliviers se anunciaran en Londres, la señora
Higgins, de 46 años, se acomodó en un
sofá en el sótano del Lincoln Center
y comentó sobre el personaje de Ursula en “Vincent
in Brixton” así como también de
la actuación de la dama Judi en el Stratford.
La señora Higgins señaló el impacto
que debió acompañar el momento climático
en el cual van Gogh comienza a dibujar. “Es
cuando Ursula dice en la obra —‘No tengo
talento, estoy apagada, pero voy a hacer que algo
extraordinariamente importante ocurra— y que
al final de la obra algo extraordinario empiece’.
“Y eso”, la Señora Higgins dijo,
en relación con Ursula, “es suficiente”.
Tanto a la Dama Judi como a la señora Higgins
las une que (además de la casualidad de que
las dos son de Yorkshire) algo más que la admiración
como vínculo común. El Señor
Richard ha trabajado con la Señora Higgins
en numerosas obras desde 1986, incluyendo la pieza
“Sweet bird of youth” de Tennessee Williams
en 1994, con la cual ella ganó su primer Olivier
como Mejor Actriz. Y de la misma manera el director
que condujo a la Dama Judi al premio Tony por Mejor
actriz en “Amy’s View” cuatro años
antes en Broadway, tiene elementos para trazar juicios.
“Para ser honesto pienso que Judi y Clare tienen
exactamente la misma relación”, dijo
recientemente, “a decir verdad respecto a sus
sentimientos en escena, no podríamos considerarlo
una estrategia o una manipulación de sentimientos”.
En el caso del papel de Úrsula
encarnado por la señora Higgins, Sir Richard
dijo: “El poder está en el conocimiento
de lo que yace contenido detrás”. Esa
capacidad tolera un brote emocional lo mismo en el
girasol de van Gogh que cuando Ursula comienza a mejorar
de semblanza como consecuencia del romance. A través
del retrato de una viuda poco interesante, el Señor
Wright logra una interesantísima musa para
van Gogh. El señor Wright, en una nota al programa,
expresa que las “pistas y evidencias”
sitúan a Van Gogh como un huésped en
la ciudad de Londres en 1873, pero reconoce que la
obra “profundiza mucho más que cualquier
biografía en la comprensión del tema”.
En la obra, van Gohg renta una habitación
en el Loyer home in Brixton, en el Sur de Londres,
en 1873 y se prepara para ser vendedor de artes. Antes
de que la obra concluya, él se marcha de Inglaterra
en busca de mejoras y regresa a los Países
Bajos en 1876. En 1880, con 27 años, hará
de la pintura su profesión y en los siguientes
diez años, comprendiendo el período
de hospitalización por demencia, trabajará
intensamente y viajará ocasionalmente a Francia,
donde, en medio de la desesperación, se dio
un tiro y murió dos días después,
con 37 años. Tal vez debido a su propia infelicidad,
el personaje de van Gogh en la obra reacciona como
un barómetro de la depresiva Ursula, quien
aparece casi todo el tiempo vestida de negro.
Durante la conversación, con
su pelo negro perfilando un vivo rostro marcado por
ojos azules inquietos, la señora Higgins parecía
habitar un reino completamente diferente del decadente
estado de viudez que escenificaba. En realidad, la
señora Haggins se sumió en su propio
período depresivo después de ganar el
premio Olivier en 1995, su casi-derrumbamiento fue
el resultado de más de una década de
lo que ella define como “actuaciones en serie”
que “no dejaron mucho espacio a la vida real”.
En otras palabras, un resumen de 20 años de
trabajo que incluye la obra de Shakespeare “Cleopatra
and Gertrude”, la parte del noviazgo con Daniel
Day-Lewis en la obra llamada “Futurist”
y una variedad de papeles en televisión que
no resultaron suficientes. Deseando cambiar, la señora
Higgins se trasladó a Glastonbury en Somerset,
al sureste de Inglaterra, donde ella alquiló
una choza propiedad del novelista John le Carré.
(La hermana del Sr. Le Carré una buena amiga).
Con su pensamiento alejado del escenario,
la señora Higgins comenzó a estudiar
sobre sicoterapia —tenía título
de terapeuta— y a principios de 1997 comenzó
a salir con el fotógrafo Brian Walker, su vecino,
y se casaron hace dos años. Ahora, además
de dos hijos adoptivos que rebasan los 30 años,
la señora Higgins ha ampliado su familia al
contactar a su hijo, Paul, a quien había dado
por adopción cuando ella tenía 17 años.
Él y sus padres adoptivos asistieron a la boda
de la señora Higgins. La actriz dijo “Es
un elegante joven”. La señora Higgins
descubrió el modo de recuperarse. “Tengo
este nuevo conocimiento”, expreso sobre sus
estudios de Jung, “y esta nueva vida, que me
hace muy feliz y me reconforta. Además comprendí
que ‘tal vez no debería ser tan radical
en cuanto a plantearme no volver a actuar’.
Pienso “De modo que tomaré algún
trabajo si quiero y lo rechazaré si no”.
“Vincent in Brixto” no
es la primera obra que la señora Higgins ha
hecho desde que regresó a la escena, pero es
la que más le ha reconfortado, declaró,
debido al “anhelo de Ursula por algo completamente
inexplicable que no podría mencionar aún
si le dijeran las palabras”. Francamente, la
relación de premios que la señora Higgins
ha ganado, si bien le alegran no le resultan suficiente.
Aunque solo dos mujeres hayan logrado tal hazaña
—recibir los tres galardones más importantes
del teatro inglés por Mejor actriz en una temporada
(además del Olivier por el papel en “Vicent
in Brixton”, el del Círculo de la Crítica
y el premio Evening Standard).
Tres años antes el Janie Dee,
en el papel de la joven comediante de la obra “Comic
Potential” de Alan Ayckbourn, y, en 1987, la
Dama Judi, por su temprana inspiración en el
papel de Cleopatra de Shakespare cuya contraparte
fue Sir Anthony Hopkins. Sin embargo, con los abundantes
premios, la señora Higgins habló con
verdadero orgullo y causa de conocimiento de aquellos
aspectos de la obra que no le satisficieron en términos
prácticos —la dilatación del primer
acto en el fragmento en que Ursula asa y sirve un
carnero en tiempo real. “Cuando tengo hambre,
salgo a buscar comida”, la señora Higgins
expresó riendo. Pero desde el mes de abril
ella ha estado horneando en escena y alimentando al
reparto y al personal de apoyo tras bambalinas con
baguettes de cordero. Si la labor culinaria parece
aún más gigantesca en el Golden es porque
le han traído un carnero de Broadway. “Es
New York”, expresa la señora Higgins.
“Todo es el doble de grande”.
Matt Wolf es el crítico de
teatro del Variety en Londres. Su libro “Sam
Mendes at the Donmar: Stepping into freedom”
acaba de ser publicado en Estados Unidos por Limlight
Press.
Traducción:
Luis Chirino
Fuente: The New York Times
Marzo
2003
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