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Teatro
en Madrid
“LA BARCA SIN PESCADOR”, DE ALEJANDRO
CASONA, TEXTO PURO Y POÉTICO
Salvador Enríquez
| A veces los centenarios
son una buena ocasión parea recuperar textos
y autores que en su día estuvieron en las
carteleras y gozaron del éxito, pero el
tiempo, las costumbres, los gustos... o los empresarios,
hicieron que quedaran solo en los libros de literatura.
Puede ser al caso de Alejandro Casona, nacido
en 1903 en Asturias, emigrado a Argentina, y fallecido
en España en 1965, de quien se representa
ahora en el madrileño Teatro Fígaro
(calle Doctor Cortezo, 5) “La barca sin
pescador” que interpretan, en sus principales
papeles, Pedro Civera (el financiero Ricardo Jordán),
Alejandra Torray (Estela), José Lifante
(El Caballero de Negro), Elvira Travesí
(La Abuela), Mario Martín (Tío Marko),
Pepa Sarsa (Frida) y Elena Maurandi (Enriqueta),
secundados por Tomás Calleja (Banquero),
Luis Muñiz (Juan) y David Carrió
y Emilio Valls (Consejeros), con dirección
de Ángel García Moreno. |

Alejandra Torray (“Estela”) y Pepa
Sarsa (“Frida”) |
La obra, creada en 1945, está
escrita en un lenguaje poético que hace sublime
un conflicto tan duro como el que plantea: Un financiero,
al borde de la quiebra, recibe la inesperada visita
del diablo que, analizando sus pecados, descubre que
sólo le falta matar para haber incurrido en
todos los posibles. A cambio de quitar la vida a alguien
le promete solucionar sus conflictos en la bolsa.
La resistencia del financiero se quiebra cuando la
propuesta aclara que la muerte sería sólo
con la voluntad y el elegido es un pescador de un
pueblo del norte, lejano y desconocido, que caerá
por un acantilado. Este es el desarrollo del primer
acto pues la obra está escrita “al modo
clásico”, tres actos: exposición,
nudo y desenlace. Los dos actos siguientes nos sitúan
en el pueblo del norte, entre los hielos y la pobreza
de quienes luchan por subsistir en un medio tan inhóspito.
En la casa de pescadores convive La Abuela con Estela
(viuda del pescador muerto) que reciben las visitas
ocasionales de Frida, hermana de Estela, de quien
ésta sospecha que el marido fue quien empujó
al precipicio al pescador.
En un ambiente inhóspito pero
que las personas intenta hacer bucólico, o
quieren creer que lo es, surgen las dudas, los odios
escondidos, las sospechas... hasta que reciben la
visita de Ricardo Jordán, “el hombre
del sur”. La trama se sigue con interés,
los personajes resultan muy creíbles, gracias
a la interpretación justa, precisa, sin estridencia
dramáticas, de todos y cada uno de los actores.
La Abuela consigue trasmitir toda su ternura y las
hermanas, Frida y Estela, sitúan interpretación
dramática en el junto punto de hacernos sentir
su propio drama.
Pedro Civera encaja a la perfección
en el papel del financiero y José Lifante acierta
en el difícil papel de “diablo”,
un personaje poco creíble hoy en día,
pero que incluso con alguna nota de humor nos hace
entender que personifica el mal, la negociación
sucia, la propuesta indecorosa... algo más
comprensible y conocido en nuestro mundo. Como contrapunto
está la ingenuidad de Tío Marko, cuya
ilusión no va más allá de tallar
barcos en madera y venderlos, sin mucho éxito,
a los visitantes.
Como no podía ser menos en
un autor que procedía de la enseñanza
(Alejando Casona fue maestro e Inspector de Enseñanza
Primaria) en la obra hay cierto didactismo, un fondo
de enseñanza moral que marca lo negativo en
las personas pero la posibilidad del arrepentimiento;
pero todo ello envuelto en esa poética que
hoy echamos en falta en tantas funciones en las que
predominan los gritos, los saltos, las “agresiones”
al público que, para aparecer progresista e
intelectual, lo acepta todo. Pero en fin... esa es
otra cuestión.
El hecho es que ver esta función
resulta una delicia para los amantes del texto teatral,
de la buena interpretación, del argumento que
hace vibrar y por ello el público aplaudió
con gana. ¡Bien se lo merecen todos!
Salvador
Enríquez
senriquez@worldonline.es
Colaboración desde Madrid (España) para
www.teatroenmiami.com
Junio
2003
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