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EL
CONFLICTO DE ACTORES SE RADICALIZA
Aviñón, crónica de una huelga
Restaurantes llenos, manifestaciones en las calles
y teatros vacíos
JOAN-ANTON BENACH
Aviñón- Enviado especial
El festival Off,
donde las pequeñas compañías
se juegan los ahorros de años, podrá
celebrar la mitad del programa
El festival no arranca. Anoche tampoco
sonaron las trompetas de la exultante sintonía
de Maurice Jarre que anuncia urbi et orbi la apertura
de La Cour d'Honneur. La esperanza de haber perdido
una sola jornada se desvaneció el martes a
última hora de la tarde tras una asamblea tempestuosa
de los “intermittents” (trabajadores temporales)
y después de una votación que a nadie
dejó satisfecho. Sólo un 12 por ciento
de los votos separaba a los partidarios de mantener
la huelga teatral de quienes abogaban por reemprender
la actividad. Nada parecido a los resultados del día
anterior, cuando los radicales, capitaneados por la
CGT, ganaron por abrumadora mayoría a los “posibilistas”
y “traidores”.
¿Significa esto que el conflicto
tiende a solucionarse? Ayer, en el Espace Saint-Louis,
sede de la organización, caras largas, hombros
encogidos, ordenadores apagados... pocos eran optimistas
y las nutridas colas en la oficina encargada de devolver
el dinero de los espectáculos suspendidos,
traducían la imagen desoladora de un apaga
y vámonos. Algunos no creían, sin embargo,
en este fatal desenlace.
En la calle, el paisaje de la batalla
presentaba unas turbulencias ajenas a la posibilidad
de cualquier acuerdo razonable. “¿Hay
una vida posible para el teatro después de
la muerte de los interinos?”. “Iremos
hasta el final”. “Sans culture pas de
future”, “Atención: cultura en
peligro de muerte”... Los cartelones y pancartas
se exhibían ufanos, en la Rue de la Republique,
donde ayer a las 12 del mediodía hubo de nuevo
una “tumbada” apoteósica, con centenares
de huelguistas yacentes panza arriba, haciéndose
el muerto en medio de la calzada, muchos de ellos
amordazados con adhesivos negros. El grave silencio
reinante sólo se rompía aquí
y allá por la musiquita de algún móvil
que reclamaba la resurrección transitoria del
difunto.
Los carteles del Off que cuelgan por
todas partes muestran un “suspendido por huelga”
en sobreimpresión. Una asamblea celebrada a
última hora de la noche acordó que se
representara la mitad del programa.
A las 10 de la mañana, el Vox,
uno de los escenarios Off más acreditados,
intentaba abrir despachando localidades mientras unos
empleados oteaban el horizonte por si se acercaban
los activistas de la CNT-AIT. El bueno de Alain Léonard,
director del festival Off, no puede, ni lo intenta,
controlar el inmenso tinglado del certamen alternativo
en el que muchos grupos se juegan los ahorros de varios
años. El hombre insiste en su posición
inicial: “Si no hay In, no habrá Off”.
Pero ¿cómo crear un frente común
con 400 compañías que presentan un programa
de 535 espectáculos? El pronóstico es
poco arriesgado: con 124 locales alquilados y pagados
de antemano a precios de suite de lujo, el Off se
irá buscando la vida como pueda, por poco,
claro, que se relaje la contienda y ésta no
acabe en catástrofe.
Jean-Jacques Aillagon, el ministro
de Cultura, no modifica su propuesta y la CGT se radicaliza.
“¡Es vergonzoso!” me decía,
indignada, una conocida dama del festival metida a
productora privada. Pero, vergonzoso o no, el gran
sindicato sabe que hoy por hoy Aviñón
es una trinchera abierta a refriegas imprevisibles
y, por tanto, trata de mostrarse más duro que
los anarcosindicalistas (CNT-AIT) y más eficaz
que los “interluttants”, jóvenes
con escasa o nula formación política
que funcionan por comisiones y en régimen asambleario,
convencidos de que la sombra del 68 es muy alargada.
En Rouen, los normandos de la CGT clavaron un cerdo
auténtico en la puerta de la delegación
de la CFDT.
A Bernard Faivre d'Arcier, director
del festival oficial, no le aguarda un final muy risueño
a su mandato. “A mí tampoco me han renovado
el contrato con el festival”, dijo, sin pensar
que su cese de ahora estaba previsto desde el 2000.
Había anunciado una conferencia de prensa al
fin de la reunión del consejo de administración
del festival,después de pregonar su posición:
“Por respeto al público no se celebrará
ningún espectáculo que deba ser custodiado
por la policía o que corra el riesgo de ser
interrumpido por algún piquete o que no cuente
con el trabajo de los técnicos necesarios”.
Y bien: llegó a la sede de la organización
y dijo simplemente: “"No haré ninguna
declaración hasta mañana”. Fue
inútil insistir. Enmudeció y se largó.
Fuente
- La Vanguardia
Julio - 2003
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