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Espléndido
cierre del Festival de Danza de la Florida
ORLANDO TAQUECHEL
Especial/El Nuevo Herald
La vigésimo
quinta edición del Festival de Danza
de la Florida abrió el domingo 15 de
junio con el grupo de Giovanni Luquini y finalizó
este fin de semana con dos funciones gay en
el Templo Emanu-El de Miami Beach. Estas últimas
ofrecieron un espectáculo en dos partes
--más teatral que dancístico--
abiertamente combativo y actualizado por su
referencia a la reciente decisión de
la Corte Suprema.
El domingo, la primera parte
estuvo integrada por una sucesión de
solos a cargo de Peter DiMuro --autor del concepto
y director de la puesta en escena-- Marvin Webb,
Martha Wittman y Elizabeth Johnson. Todos excelentes.
La segunda parte fue un trabajo de grupo titulado
Cerca/Lejos/Dentro/Fuera que mezcló a
los bailarines profesionales de Liz Lerman Dance
Exchange con miembros de la comunidad gay del
sur de la Florida. El resultado pierde fuerza
con frecuencia, pero aún así es
premiado con una ovación de pie.
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Con el Teatro Colony en proceso de
remodelación, los organizadores del festival
se ajustaron como pudieron a las posibilidades muy
limitadas de los dos lugares disponibles, el octavo
piso de la New World School of the Arts en el downtown
Miami y el incómodo teatro (?) del Emanu-El.
¿La solución? Obras pequeñas
y breves. Por suerte, casi todas resultaron ser trabajos
espléndidos.
En este contexto, el festival programó
propuestas para todos los gustos: del bellydance de
Myriam Eli al Hip-Hop de Harmonic Motion. Del ejercicio
teatral divertido --Claire Porter, Bampy Joe y su
Asombroso Espectáculo de Monos y Octavio Campos;
a la ''emotividad Hallmark'' de Sin una mirada hacia
atrás, de Cathy Young.
Luz de luna sobresalió en el
segundo programa de Florida baila. Este trabajo de
grupo, presentado por el Departamento de Teatro y
Danza de la Universidad de la Florida (Gainesville)
fue ejecutado con ajustada fluidez por Kelly Gaunt,
Rosie Herrera, Justin Hughes y Bobby Marin. La coreografía
es de Joanie Smith y Daniel Shapiro. Prohibido, de
Leymis Bolaños, prometió más
de lo que ofreció e Historias de otro tiempo,
coreografía de Lynda Davis, resulto ser apenas
un trabajo interesante.
Juntos y solos, el programa de duetos
y solos, será recordado sobre todo por la versatilidad
de Michael Foley: dramático en Flor y encantadoramente
divertido en Recogiendo el cambio --a partir de una
canción interpretada por Pearl Bailey. Ferdouganal,
de Shapiro y Smith --bailado por Kelly Drummond Cawton--
es un trabajo sólido y seguro. El cierre de
la función, con un ejercicio de improvisación
a cargo de Chris Aiken, resultó ser demasiado
largo.
Pero el gran triunfador de esta segunda
semana del festival es Tigertail Productions y los
artistas minusválidos del proyecto danceAble.
Para ellos, menos es más y cada movimiento
es una hazaña. Cada hazaña es portadora
de una historia. Historias que ellos son capaces de
trasmitir con eficacia innegable.
Dos solos excelentes fueron intercalados
en la función del martes: Memoria intrínseca,
de Heather Maloney. Oportunidad para entrar en contacto
con una propuesta artística y una actriz --Marjorie
Burnett-- capaz de conmover y llevar al público
al borde de las lágrimas. Eterno, creado y
ejecutado por John Beauregard es un pausado ejercicio
de masculinidad inalterable.
Homer Avila es un bailarín
que hace dos años perdió su pierna y
cadera derechas a consecuencia del cáncer.
Ante una audiencia sorprendida e incrédula,
Avila consiguió lo imposible en cada uno de
sus tres solos presentados el viernes: una ejecución
virtuosa que no sólo hace olvidar que le falta
una pierna sino que hace creer que él, simplemente,
ha decidido no utilizarla en esta ocasión.
Gerda Konig y Marc Stuhlmann --de
la compañía alemana DIN A 13-- compartieron
la función con Avila y presentaron La distancia
corporal entre las mentes. Una obra intimista e hipnótica
que se apoya en un trabajo impecable de dramaturgia.
El cuerpo de ella es deforme, él
tiene una figura que rezuma sensualidad. Semidesnudos
y con los torsos pintados de azul, ellos interpretan
a una pareja inmersa en un juego de dominación
sexual que termina con un cambio de roles. Sin duda
alguna, un momento memorable en la historia de este
festival.
Una vez más, la Asociación
de Danza de la Florida se anota el logro de un festejo
dancístico altamente profesional, incluso trascendente.
Fuente:
El Nuevo Herald
Julio
- 2003
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