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Gacio el
actor
por Pepe Murrieta
| Roberto Gacio, actor,
investigador y crítico teatral, muy conocido,
reconocido y popular por su sólida y permanente
presencia en todo lo que esté relacionado
con el mundo de la escena cubana desde hace ya
muchos años, ha recibido entre finales
del 2002 y principios del 2003 dos importantes
premios, en noviembre del pasado año el
Premio CARICATO de Actuación Masculina
de Reparto, de la Unión Nacional de Escritores
y Artistas de Cuba (UNEAC), por su interpretación
de El Director, en Seis personajes en busca de
un autor, de L. Pirandello, bajo la dirección
de Raúl Martín con su Teatro de
la luna, y recientemente, exactamente el 12 de
febrero del 2003, el Premio de |
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Actuación Masculina en el
1er. Festival del Monólogo Cubano y Premio "Terry",
efectuado en la ciudad de Cienfuegos, esta vez por El
álbum, de Virgilio Piñera, también
dirigido por Raúl Martín.
En septiembre del 2002, Gacio había
recibido otra alegría, esta vez durante el
Festival de Teatro de Camagüey la más
alta dirección del Ministerio de Cultura cubano
le había conferido la Distinción por
la Cultura Nacional como reconocimiento a su larga
trayectoria y mantenidos aportes a las artes escénicas
en nuestro país.
Es por eso que recién llegado
de Cienfuegos, visiblemente feliz con su cotizado
premio, quisimos conocer las impresiones de este ser
humano cuya pasión mayor es el teatro, y que
cada mañana de viernes nos acompaña
en una confrontación de trabajo, como parte
del equipo de investigadores del CNIAE, en su sede
de Miramar. Allí, luego de recibir la felicitación
y aplausos de sus compañeros, y de concluir
la sesión habitual, aprovechamos y le hicimos
la siguiente entrevista:
PM: Como bien tú sabes nuestro
Centro se regocija de tener entre sus investigadores
a dramaturgos, bailarines, coreógrafos; también
actores, como es tu caso. Háblanos ahora de
tu trayectoria en este sentido, después de
tantos años de que Gacio se había hecho
sentir más como crítico, como uno de
los principales historiadores del teatro cubano, como
el conferencista casi obligado invitado a eventos
teóricos.
Gacio: Comencé mi carrera artística
en 1958 cuando estaban presentes la escuela del buen
decir y de la representación, junto al auge
que tomaban los conceptos stanislavskianos.
En la Academia Municipal de Artes
Dramáticas (AMAD) fui alumno de los profesores
del llamado Teatro de Arte: Centeno, Martínez
Aparicio, Marisabel Sáenz, Valenzuela, y Garriga,
cuyos métodos daban particular valor a la voz
y la caracterización. Más adelante encontré
a mi profesor guía fundamental: Adolfo de Luis.
De él recibí los conocimientos esenciales
en cuanto al mundo interior y la cadena de acciones
del personaje.
Fui miembro de Teatro Estudio, y del
Grupo Los Doce basado en experiencias grotowskianas,
y de esta etapa puedo destacar que las enseñanzas
de Vicente Revuelta con respecto a Brecht y al sentido
ético y experimental del actor, fueron para
mí de extraordinario valor perdurable.
Pero también quiero destacar
al director teatral que -años después-
ha potenciado y valorado mis recursos actorales: Raúl
Martín. En su repertorio -me refiero a su compañía
Teatro de la luna- tengo cuatro personajes que me
han deparado dichas y reconocimientos; ese es el caso
de Sedicón, el espía de Los siervos;
Agamenón -de Electra Garrigó-, y La
dama de El álbum, todos de la creación
de nuestro Virgilio Piñera, así como
El Director de Seis personajes en busca de un autor,
de Pirandello.
PM: Qué nos dices sobre tu
largo periodo de ausencia, y luego de tu reciente
regreso y triunfo, dentro de la actuación en
el teatro cubano?
En las grandes compañías
de mi época -tan diferentes de los grupos actuales-
los actores éramos clasificados a priori por
el director de la misma. Existían estratificaciones
que ponían barreras -muy difíciles de
trasponer- a los menos experimentados. Esto hizo que
después de una exitosa etapa, en la primera
mitad de los años sesenta, tuviera que enfrentar
esta realidad, la cual afectó la confianza
en mis posibilidades, y mermó la fuerza interpretativa
que yo sentía que poseía. Decidí
entonces volcar mi experiencia práctica en
la investigación de la teoría del arte
del actor, y así cambié mi oficio.
Después de haberme separado
de la actuación en activo por un periodo de
casi 15 años, tiempo en que me dediqué
solamente a la investigación escénica,
Raúl Martín me eligió para El
flaco y el gordo a principio de los 90, y volví
a las tablas sin pensarlo mucho. Mis estudios realizados
durante años, como integrante del Centro Nacional
de Investigaciones de las Artes Escénicas (CNIAE),
me permitieron ver el teatro distanciadamente.
Aprendí a analizar el trabajo
de otros, dentro de los procesos de las puestas en
escena, y descubrí aspectos que se me revelaron
como indispensables en el ámbito de la interpretación
dramática. Todo esto lo fui guardando dentro
de mí, y constantemente me decía que
si algún día volvía a actuar
debía tenerlas muy en cuenta. Es decir, que
las observaciones profesionales realizadas me permitieron
tener otra perspectiva para abordar personajes, situaciones
dramáticas, y aplicar técnicas diversas.
No tengo dudas de la importancia que
en todo esto tiene la confianza que Raúl Martín
puso en mí; su insuflo de fe y vigor que me
hicieron despertar otra vez como actor, y así
pude de nuevo enfrentar personajes, a pesar de que
los años pasados pudieron por momentos pesarme
demasiado, y hacerme dudar.
Me entusiasmó además
que en el 97 fui seleccionado por Jerome Savary, para
integrar el elenco de su puesta en escena sobre El
burgués gentilhombre, de Moliere, y así
me presenté en México; en Paris, en
el célebre Teatro Chaillot; también
en otras ciudades francesas como Perpignnan y Vaison
Laromaine, y por supuesto en La Habana. Con Savary
interpreté diferentes personajes, entre ellos
El profesor de baile, y El sastre.
PM: Fui a tu estreno de El álbum
en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional el pasado
año; no así a tu presentación
en Cienfuegos por la que el Jurado del Festival del
Monólogo te dio el Premio de Actuación
Masculina, conjuntamente con tantos agradables y útiles
regalos. ¿Se trata del mismo Gacio y del mismo
Álbum que yo conocía?
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Bueno, la puesta
de El álbum de Teatro de la luna fue concebida
originalmente para otro actor, por lo tanto, la
partitura y las pautas de actuación fueron
cocreadas con ese intérprete, lo que no
dejó de ser una limitante. Al sustituirlo
en la reposición de la obra, insertada
dentro de una temporada en la cual yo hacía
cuatro personajes más, mi estreno prácticamente
se encaminó, muy a mi pesar, a cumplir
el diseño del personaje concebido por el
director artístico, aunque en alguna que
otra función asomaron
destellos de aportes personales. Lo que ocurrió
ahora, con la representación concursante
en Cienfuegos fue resultado, yo creo, de varios
factores que paso a relacionarte: |
Mi marcada disposición a
una comunión total con el personaje, de forma
tal que sobresaliera mi histrionismo.
El trabajo conjunto con la dirección
artística en la precisión, la síntesis
y la transformación de aspectos que hicieron
aflorar las más valiosas e íntimas apropiaciones
del personaje.
Quizás los 6 meses transcurridos
desde su estreno, sin volverse a presentar, me permitió
evaluar mejor los resultados iniciales e ir a la búsqueda
de las más profundas esencias y recursos más
auténticos en la proyección de esta
Dama.
También tiene que haber influido
positivamente el hecho de haberme mantenido actuando,
en lo que no puedo pasar por alto la invitación
de la Cía. Teatral Rita Montaner para interpretar,
recientemente, al Sr. Van Damme, de El diario de Anna
Frank dirigido por Tony Díaz, con la cual realicé
funciones en La Habana y Camagüey. Esto contribuyó
a mi entrenamiento sistemático como actor.
PM: ¿Cuál de los dos
premios actorales que has recibido últimamente
consideras más justo?
Tanto el público como la crítica
elogiaron mi papel en Seis personajes... , pero considero
que éste no tiene tantas complejidades como
La dama, de El álbum, además de que
ya de por sí el primero está mejor logrado
desde la concepción de su autor, Pirandello.
Un monólogo -protagonismo absoluto-, las dificultades
que representan para un hombre interpretar a una mujer,
así como la minuciosidad de la pauta coreográfica
que me exigía el director de la puesta en escena,
hacía más difícil asumirlo y
convencer al público: indudablemente un reto
para cualquier actor. Por estas circunstancias no
dudo en decir que el trabajo en El álbum es
una de mis actuaciones preferidas, y a ello puedo
agregar que existe una marcada afinidad emocional
con elementos temáticos de este espectáculo,
tales como el conflicto que representa la lejanía
de la juventud, la nostalgia recurrente, y cierta
malsana tendencia mía a preferir el pasado.
Así Gacio, con su frecuente
declaración de cansancio físico, terminó
esta sesión, reclamando más preguntas,
dejando casi extenuado al entrevistador, por sus largos
comentarios paralelos y su afán de perfección
en las respuestas. Su entusiasmo era contagioso y
qué decir de todos los planes que ya tiene
como resultado de muy recientes proposiciones e ideas
conjuntas con otros teatristas.
Muchos son los que, cercanos a Gacio
y a la escena cubana actual, disfrutan de este reconocimiento
al buen trabajo, a la dedicación, a la pasión
por el arte teatral.
Este incansable creador que comenzó
en 1958 junto a los más grandes del teatro
cubano de su época, y abandonó su profesión
por muchos años para dedicarse a otras tareas
con las que también ha reportado muy valiosos
resultados, ha vuelto para demostrar que su nombre
tampoco podrá estar ausente cuando de actores
cubanos, y premiados, vayamos a hablar.
Fotos:
Pepe Murrieta y Ondrei Ricardo.
Fuente: CNIAE
Febrero 2003
TeatroenMiami.com
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