|
Nuevo
en DVD - Atrapa a un ladrón
por Eugenio Trías
Atrapa
un ladrón es la tercera y última
película que rueda Hitchcock con Grace
Kelly, antes de que esta actriz se convirtiese
en princesa de Mónaco; el escenario de
la Costa Azul en que la película se desarrolla
no fue ajeno a ese real evento. Antes había
rodado con ella Crimen perfecto, y sobre todo
la genial La ventana indiscreta, con James Stewart.
Se
trata de una comedia menor, como el propio Hitchcock
la define ante François Truffaut. La
parte consagrada a esta película en su
célebre libro de conversaciones no tiene
desperdicio. Casi es mejor que la propia película.
Allí clarifica Hitchcock, con su sentido
del humor y su habitual cinismo, su teoría
de la “sexualidad indirecta” de
las bellezas glaciales, preferentemente nórdicas,
que no llevan inscrito el sexo en sus formas
corporales de modo ostentoso (al estilo de Marilyn
Monroe o de Brigitte Bardot). |

Cary Grant como John Robie en Atrapa a un ladrón
(1954) |
“El
sexo no debe ostentarse. Una muchacha inglesa, con
su aspecto de institutriz, es capaz de subir con usted
a un taxi y desabrocharle por sorpresa la bragueta”.
De este modo comenta Hitchcock la célebre escena
en que, por vez primera, entra en acción la
hija de la millonaria americana (Grace Kelly), al
acompañar al antiguo “Gato” ladrón
de joyas (Gary Grant) hasta la puerta de la habitación
de su hotel. Contra todo pronóstico, y sin
haberse cruzado apenas dos palabras, la elegante y
gélida muchacha se despide del maduro galán
con un beso en la boca completamente inesperado. Es
quizás el mejor gag de una película
que abunda en ellos; o que salva su vaciedad de fondo
con una extraordinaria profusión de golpes
humorísticos. Y que pese a su escasez consigue
deleitarnos con un ejercicio de la más pura
caligrafía estilística de todos los
temas y motivos propios del gran realizador.
Ese
sexo elíptico es, quizás, lo más
interesante de la película. Una escena de evidente
contenido sexual se sugiere a través de la
metonimia de unos fuegos artificiales realmente rompedores
y explosivos, que invaden el cielo nocturno con sus
fulgores y destellos, al tiempo que en sabia elipsis,
según las prescripciones de la época,
la escena de sillón entre el “Gato”
y la joven millonaria se sella con un beso intenso
(y un fundido en negro). Hoy la escena hubiera durado
quizás quince minutos de ejercicios gimnásticos.
Imposibles de imaginar siquiera, para el infortunio
general, entre galanes y heroínas como los
de entonces.
Interesantes
extras
PARAMOUNT
Atrapa a un ladrón (1954), de Alfred Hitchcock.
Color
Formato 1:85
Dolby digital mono
Idiomas: inglés, español, francés,
alemán e italiano
Precio: 24.01 euros
Contenido extra: Así se hizo / Hitchcock:
una aproximación / Buscando el reparto
/ Galería de fotos / Trailer de cine |
Parece
como si Hitchcock, una vez realizada su primera
gran obra maestra de la serie americana en technicolor,
La ventana indiscreta, y preparándose para
el mejor momento de su carrera, el que tres años
después dará lugar, sin interrupción,
a cinco obras maestras, Vértigo, Con la
muerte en los talones, Psycho, Los pájaros
y Marnie, se dedicara en esta película
a depurar sus recursos formales y expresivos: |
el desbordante humor que estallará sobre todo
en Con la muerte en los talones, o muchos otros rasgos
de escritura cinematográfica que hallarán
en esa increíble serie mágica (entre 1957
y 1964) su momento culminante.
Hitchcock
define esta película como “comedia nostálgica”.
Y en cierto modo así es, o al menos así
puede verse hoy. Parece casi arrancada de aquel mítico
Paris-Match de los años cincuenta (que no tardaría
en convertirse en el observatorio mayor de las evoluciones
sentimentales de Grace Kelly). La reconstrucción
de los ambientes franceses de la costa azul es magnífica:
la escena del mercado de flores o la fiesta de carnaval,
en la que de pronto parece que nos trasladamos a un
salón francés dieciochesco anterior
a la Revolución francesa.
Se
hubiera podido sacar mucho más partido humorístico
y de intriga al carnaval, que sin embargo lo posee
a raudales: los policías con las pelucas, pero
que a pesar del disfraz jamás pueden disimular
su condición; y lo mismo los camareros y cocineros.
En conjunto la película resulta algo fría
y glacial, como el ideal femenino de Hitchcock (como
no lo será en ningún momento Vértigo
ni La ventana indiscreta). El constante hilo conductor
de la película es el humor, que pone a salvo
la navegación del film. El humor de su realizador
es, quizás, el más acrisolado de todos
los humores surgidos de Gran Bretaña, patria
de los mejores humores.
El
humor, como todas las cosas de la vida, es buen humor
o es mal humor; no todos los chistes son de elevada
calidad; ni todo lo que nos hace sonreír, o
reír a carcajadas, despierta nuestros hábitos
más inteligentes. Hay humor artístico;
y hay también humor romo, o escaso de luces:
el que gusta de la brocha gruesa. Es importante tenerlo
muy presente en un país, el nuestro, poco sutil
y nada selectivo en las cosas y temas que producen
hilaridad.
Fuente
El Cultural
Enero 2003
TeatroenMiami.com --> Todo el teatro en un solo lugar
|