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Angélica
Liddell
“El teatro actual está lleno de pacatería”
Itzíar DE FRANCISCO
Sorprendente
e inclasificable, Angélica Liddell crea
en sus montajes imágenes de un goticismo
desesperado al que contribuye un lenguaje poético
y brutal. La autora, directora y actriz es la
protagonista del ciclo Perfil de esta edición.
Al estreno de Hysterica Passio –el 22
de febrero en la Pradillo– se le suman
la reposición de El matrimonio Palavrakis
– el 18 de febrero en Pradillo–
y Once Upon a Time in West Asphixia –día
20 de febrero–, que forman el Tríptico
de la aflicción, y la acción Lesiones
incompatibles con la vida (La Casa Encendida,
15 de febrero).
–¿Cómo
surge el Tríptico de la aflicción?
–Intentamos averiguar algo sobre la historia
auténtica de los hombres. Es un tríptico
a la manera de las tablas medievales, con historias
de martirio y sufrimiento. Hemos elegido la
familia como territorio de la aflicción
porque en ella amamos pero también estamos
obligados a amar. Esto último origina
relaciones tenebrosas. |
Angélica
Liddell |
–¿Cuáles
son las innovaciones de este montaje?
–Nos hemos concentrado en la figura del superviviente
y en las preguntas que quedan prendidas a la lengua
después de cualquier acontecimiento traumático.
Es una obra construida a base de preguntas. El interrogatorio
es la acción, consiste en ver sudar a las palabras.
En la obra la iconografía navideña sirve
de contrapunto sangriento a la dureza de las relaciones.
Además seguimos explotando la relación
emocional con los objetos cotidianos, juguetes...
–¿En
qué consiste Lesiones incompatibles con la
vida?
–Con esa obra paso de la decencia de la ficción
a la indecencia de lo real. Intento contestar por
qué no quiero tener hijos. Durante casi un
año he fotografiado carteles urbanos, indigentes,
supermercados..., enfrentando todo ello a un retrato
familiar.
–¿De dónde
vienen tanta oscuridad y brutalidad?
– Supongo que procede de todas esas ocasiones
en las que he deseado morir. El pesimismo me hace
desconfiar del hombre. Intento comprenderle mediante
la oscuridad y la brutalidad. Me pongo de parte de
los perdedores.
–¿Prepara nuevos
proyectos ?
–Necesito hablar de la pobreza, necesito defecar
sobre los injustos, los privilegiados. Hay hombres
que mueren ahogados y otros no. Eso me hace sentir
un asco tremendo por la sociedad, un asco tremendo
por mí misma. No quiero evitar el sentimiento
de culpa. Quiero gritar, quiero poner flores sobre
la tumba de Pasolini.
–¿Qué
hay que hacer para que a uno no le programen sólo
en las alternativas?
–¿Meterse en la cama con los jefes de
los centros nacionales? ¿Nacer en Francia?
¿Pasear del brazo de Ana Botella como Arrabal?
¿Ser vegetariano? En fin, ya lo tenemos difícil
incluso para estrenar en Salas Alternativas. Sólo
se me ocurre seguir trabajando.
–¿Existe hoy
un teatro innovador?
–El teatro tiende a ser conservador a causa
de la relación inmediata con el público.
Está más cerca del ocio que del arte.
Hay menos espacio para la innovación. Además
el teatro está lastrado por su falta de contacto
con otras manifestaciones artísticas. Vive
de espaldas al arte.
–¿Qué
sería necesario para que propuestas como Escena
no sean una incursión esporádica en
la cartelera?
–Habría que cambiar a la sociedad misma.
Vivimos rodeados de pacatería y de pequeños
burgueses ignorantes y prepotentes. El teatro está
lleno de ellos. Mi generación, por ejemplo,
se ha idiotizado totalmente. Sólo buscan la
comodidad. Son muy correctos políticamente,
muy de izquierdas, muy abiertos, muy solidarios, pero
necios.
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Fuente: El Cultural
Enero 2003
TeatroenMiami.com
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