Incluye tu email para recibir información sobre nuestras actualizaciones
POSTALES | FOTOS
ARTÍCULOS - 2003
  Diciembre
Noviembre
Octubre
Septiembre
Agosto
Julio
Junio
Mayo
Abril
Marzo
Febrero
Enero
DIARIOS
  The New York Times
Sun-Sentinel
El Nuevo Herald
The Miami Herald
Los Angeles Times
La Vanguardia
Washigton Post
El Mundo
El Clarín
CNN
ArteMiami.com

BUSCADOR internet teatroenmiami.com
Teatro y Grupo: Otra Nación
Zoila Sablón | La Habana

Regresar a Teatro Escambray una y otra vez, siempre resulta un viaje necesario, que cuerpo y alma agradecen. Teatro y Nación, evento que organiza la revista Tablas con el coauspicio del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, su homólogo en Villa Clara y el propio grupo, acaba de concluir en La Macagua.

Cuando en 1995 fui por primera vez a Teatro Escambray buscaba lo que la película Como la vida misma, de Víctor Casaus me había mostrado una década antes, a mis catorce o trece años cuando entonces era una actriz de éxito municipal: un grupo de teatro que llevaba la cuenta de la estancia de sus miembros en un mural; reuniones donde se discutían posibles futuros temas para futuras obras, todo fruto de una investigación compartida sobre el terreno, sin contar con la vibrante naturaleza de la cordillera y aquel paisaje frente a Río Negro cuando Beatriz Valdés y Fernando Hechevarria hacían el amor a punto de rodar por una colina y ante los ojos de un venado extraviado; Molinos de viento, la obra de Rafael González llegaba a mí a través de la versión en la gran pantalla, y me perdía uno de los tres o cuatro personajes que Carlos Pérez Peña estima más en su amplio repertorio de treinta y tres años en el grupo. Ese fue mi primer contacto con Teatro Escambray, el momento en que comenzó en mí una idea de lo que era un grupo de teatro: encuentro y permanencia en el tiempo. Después solo los libros —Raquel Carrió, Rine Leal, Laurette Sejourné, Esther Suárez, Rosa Ileana Boudet u Omar Valiño— abrieron un nuevo acercamiento al grupo hasta que asistí al segundo Teatro y Nación.

Entonces, con Teatro y Nación: la escena cubana ante el 98, se pretendía develar una isla teatral ante las interrogantes que el centenario de los sucesos del 98 imponían, sin obviar las especiales circunstancias de encontrarnos aún en el centro mismo de la más aguda crisis económica. Aquellas preguntas estaban esencialmente ligadas al sentido de nación, de cómo el teatro había logrado expresarlas, de cómo seguía sobreviviendo y lo hacía con una conciencia crítica de su papel y lo que pensamos entonces su destino. La Doctora Graziella Pogolotti concluía su intervención de aquel momento animándonos a pensar que también la Isla son sus puertos.

Después de ese encuentro he regresado a La Macagua muchas veces más, ahora con mi hijo. Teatro y Nación ha continuado su rumbo y ha llegado a la sexta estación de vida este año para conversar sobre teatro de grupo.

Conversar aquí no resulta un sinónimo de fácil recurrencia. En La Macagua se conversó sobre teatro de grupo, se chismeó sobre los entresijos de algunos de los más emblemáticos proyectos de grupo que los hombres de teatro en Cuba insistieron en hacer desde mediados del siglo XX. Conocimos del amor platónico entre Roberto Gacio y Flora Lauten, por supuesto sin que ella nunca lo supiera, en Teatro Estudio; o de las más recónditas anécdotas en el Cabildo Teatral con Carlos Padrón y Dagoberto Gainza; del emotivo encuentro de Norge Espinosa con Francisco Morín en New York, que fue también con Prometeo y una parte viva de nuestra historia teatral. Válido también fue el testimonio del Guiñol Nacional en los fundadores Xiomarah Palacios, Armando Morales y Carlos Pérez Peña. Un recuento sin nostalgias de lo que fue y pudo seguir siendo, especialmente cuando se trata de una experiencia forzosa y dolorosamente truncada, arrasada por el fuego oportunista de algunos. Según Morales una experiencia hija de su época que tuvo sabrosos frutos y que no tiene por qué repetirse de igual modo en estos tiempos y a la que hay que mirar sin nostalgia melosa.

En un panel colectivo sobre las experiencias más recientes, se revelaron las razones por las cuales Antonia Fernández, discípula de Flora Lauten y fundadora junto con su maestra de Teatro Buendía, después de dieciocho años de trabajo en grupo, sale a inventar su propio espacio, con la necesidad de refundarse una nueva patria. Fue elocuente, de igual forma, el testimonio del Estudio Teatral de Santa Clara, que ha persistido, como dura roca de Sísifo, en subir la colina una y otra vez, en una topografía que el Estudio ha sabido reconstruir en cada etapa. Constaté de súbito también las transformaciones, apenas visibles para algunos quizás, que ha operado Teatro D’Dos desde su fundación en los inicios de los noventa como un pequeño y feliz grupo de provincia, cuando, siempre en medio de la dura cotidianidad de esos años, Julio César Ramírez publicaba la precaria revista Diálogo en Caimito del Guayabal y convocaba, camión de pasaje colectivo por medio, a los encuentros de invierno donde el grupo desmontaba espectáculos en producción y se conversaba animadamente sobre las próximas puestas en escena. O confirmar que Milva Benítez, la actriz ex integrante de tres grupos en menos de una década, finalmente ha constituido Teatro del Puerto, expresión de su obstinada inconformidad ante las cosas y su persistencia en hacer hasta las últimas consecuencias. Teatro El Público expuso una vez más la búsqueda de nuevos espectadores como el pilar fundamental del quehacer del grupo. Todos ellos confirmando la necesidad de un liderazgo intelectual y artístico que sostenga el trabajo colectivo. Reinaldo Montero evidenciando esto último a través de su trabajo como asesor teatral con Vicente Revuelta en Teatro Estudio.

Pero desde antes, con la exposición de apertura de la Doctora Raquel Carrió, quedaron pautadas una serie de definiciones y aproximaciones que permitieron establecer en sentido general qué es el teatro de grupo y cuál ha sido su trayectoria en la cronología del teatro cubano. Haciendo énfasis en algunas zonas, evidenciaba una línea que aunaba cada una de las experiencias más contundentes en la escena nacional: la multifuncionalidad, la permanencia en el tiempo y la creación de una cultura de grupo gracias a las fuentes, referencias y metodologías comunes que se articulan a un saber acumulado. También Alfonso Sastre durante su visita a La Habana en el pasado septiembre ya había aludido a la programación de un grupo como el rostro más visible que nos va descifrando su avatar y su filosofía.

Esencial fue también la presencia de Miguel Rubio, que por más de treinta años ha dirigido al colectivo peruano Yuyachkani, un punto importantísimo en esa estrecha, diversa y visible red que conforman los grupos de resistencia cultural en América Latina. De igual modo, la presencia de Eugenio Barba y Julia Varley vino a revelarnos la vitalidad del trabajo de grupo en las circunstancias del Odin Teatret, que cumplirá en octubre próximo sus cuarenta años.

Teatro Escambray era una de esas paradas obligadas que debíamos hacer en este recorrido por el teatro de grupo en Cuba. La noche antes al correspondiente panel sobre el Escambray en el que participarían Rafael González, su director, y Cheíto, ex actor y actualmente quien se ocupa de trazar nuevas estrategias de vida en el colectivo; Carlos Pérez Peña ofreció un ensayo de los tres monólogos de Fabriles, texto de Reinaldo Montero, estrenado por el grupo en los noventa. Antes de comenzar la demostración, Carlos leyó un texto, breve, inesperado, contundente donde exponía las razones por las cuales él había permanecido por más de treinta años en La Macagua. Al concluir su lectura, Carlos estrujó el papel y lo echó a un cesto imaginario. Las razones eran simples, digamos que conocidas, pero el acto de permanecer, de tirar esas palabras que cabían en el puño del actor a un escenario desprovisto de atractivo, con algunas luces y necesitado de un retoque de pintura, era una acción por sí misma que develaba los profundos nexos que unen a Pérez Peña con ese espacio vital que él ha contribuido a refundar una y otra vez.

Cuando Eugenio y Julia intervinieron en el cierre de las discusiones durante la última jornada, Barba comenzó diciendo que la pregunta qué es el teatro de grupo no era lo esencial. «Siento que lo esencial está escondido». Cada una de las intervenciones no giraba en torno al teatro de grupo, o al teatro, sino a las personas, a la vida de las personas, a las invisibles acciones que nunca se revelan y que «casi» no tienen importancia, a la pesadez y obviedad de lo cotidiano que puede marcar la vida de un pueblo, de una nación, o del hacer colectivo de un grupo de teatro. Se trataba del gato que se le muere a un director y es como si en la última bocanada de aire del felino, el futuro de un grupo expirara también. Hablábamos de los hijos de Flora en La Yaya, de los dos puerquitos que llegaron a La Macagua por accidente de la mano de Sergio Corrieri y después fueron motivo para transformar, en un sentido importante, las futuras estrategias de supervivencia del grupo. Se estaba hablando de la vida en común, de lo que los historiadores no recogen como testimonio vital, de lo que no tiene dato, de lo que está detrás de un repertorio, de un grupo de actores en escena durante años.

Cuando Julia Varley comenzó su exposición/demostración confesó que la dedicaría a Ana Correa, actriz de Yuyachkani, y a Gilda Hernández, fundadora de Teatro Escambray. Julia empezó hablando de su vida, de la pérdida de su novio quien dejó de hablarle durante mucho tiempo por decidir quedarse en el Odin, de la apatía de Eugenio en sus primeros años en el grupo, y de su persistencia en hacer, de imponerse a pesar de todo.

Recordaba yo entonces, en otra dimensión del tema, el enorme privilegio que fue para mí asistir a una reunión de trabajo del Odin Teatret en su sede en Holstebro, Dinamarca. Cada uno de los que estaban sentados a la mesa, algunos de ellos repitiendo ese acto durante casi cuarenta años, tenían una tarea por la cual responder. La actriz Roberta Carrieri era la responsable de la reunión, debía ocuparse de citar a todos los integrantes y además ofrecía la palabra según el turno, incluso a su propio director. En aquella reunión, se habló con igual cuidado de la experiencia de Julia en Sarajevo, de la organización del siguiente Odin Week, de los percheros que debían comprarse para las habitaciones de los huéspedes y los problemas de humedad y ventilación que tenían los baños, así como de respetar las disposiciones de la cocina.

Como era rigor por los 35 años de Teatro Escambray se dieron condecoraciones, diplomas, «por cuanto», resoluciones y cuadros de pintores noveles, no faltó el siempre modesto y sencillo brindis, a pesar de los abundantes banquetes y la generosidad de Alina y Teresa en que desayunáramos, almorzáramos y comiéramos a tiempo y bien las casi sesenta personas que día a día nos reuníamos en el Gallo, y esperábamos en los recesos un café que nunca llegó. En esos escasos cuatro días, que la conversación y el buen tiempo dilataban para nuestra suerte, sentíamos que de alguna manera estábamos allí por una razón especial. Una razón sabida y desconocida al mismo tiempo, una acción que se repite en el tiempo y que no nos cuesta trabajo volver a ella una y otra vez. Estábamos a gusto, hablando de temas en común, con la única retribución del diálogo, del buen estar, del compartir. Una banalidad, algo sin importancia: un gato menos, puerquitos de más, gente común.

lajiribilla.cu
Diciembre - 2003

www.teatroenmiami.com no es responsable por las opiniones expresadas. Cada autor u opinante es responsable por sus opiniones e ideas. Igualmente las informaciones relacionadas con espectáculos son enviadas a www.teatroenmiami.com y son los productores y promotores de dichos espectáculos los responsables de cambios, suspensiones o informaciones erroneas. Los materiales son propiedad intelectual © de sus fuentes originales y son utilizados aquí solo con fines educativos

Este website está diseñado para 800 x 600 | Internet Explorer +5.
Design by www.teatroenmiami.com © 2000-2004
TeatroenMiami.com
se actualiza semanalmente
Es un website educativo y sin fines de lucro
Miami, FL - USA