El nacimiento de un teatro
Néstor Baguer
La Habana estaba de fiesta. Era el
primer domingo de Carnaval de 1838, y todo se hallaba
listo para el baile de carnaval, con el cual quedaría
inaugurado el Gran Teatro Tacón.
Con la llegada del Capitán General, Don Miguel
Tacón, se abrieron sus puertas en el hermoso
edificio que ocupaba en la manzana formada por las
calles de San Rafael, San José, Consulado y
el Paseo del Prado.
Deslumbró a los presentes el lujo y la elegancia
de los salones, y más aún la famosa
Araña, una inmensa lámpara de finísimo
cristal que se había traído de París
para los festejos.
A esa -araña- fue dedicada una copla que todos
corearon: Tres cosas tiene La Habana/ que causan admiración,/
El Morro, La Cabaña,/ y la Araña de
Tacón.
De inmediato comenzó la banda de música
a tocar las piezas de moda y dio inicio el baile,
donde los concurrentes se veían con los más
diversos disfraces.
Pero mientras, cruzando San Rafael se podía
ser testigo de la Gran Batalla del Ponche de Leche,
donde la Escolta de Lanceros asaltaba el café
de la Acera del Louvre para evitar que el pueblo danzase
en esa esquina, pues a Don Pancho Marty, dueño
del teatro, el Capitán General le había
concedido la exclusiva para dar bailes públicos
en la zona.
Don Pancho fue un riquísimo comerciante que
llegó a Cuba casi analfabeto y quiso disfrutar
de la cultura a todo costo.
El -Tacón- en su época era el teatro
más grande y lujoso del continente americano
y, por sus cualidades técnicas, el tercero
del mundo, después de la Scala de Milán
y el la Öpera de Viena.
Fue el primero en presentar las óperas italianas
y las mejores obras españolas de la época.
En el enorme edificio, junto a San José, había
un cuartelillo de bomberos y un pequeño salón
donde los asombrados habaneros vieron el inicio de
lo que hoy llamamos cine. Por la entrada de San José
una hermosa escalinata llevaba al domicilio de Don
Pancho y familia.
A su vez, en un entresuelo entre esa residencia y
el escenario se hallaban los camerinos y el apartamento
de Antonio Meuci y de su esposa, Esther Mochi, ambos
de Florencia, Italia.
El porqué este matrimonio era tan preferentemente
tratado por Don Pancho es fácil de explicar.
Meuci se hallaba en Cuba contratado como experto
en el manejo de la técnica teatral. Había
trabajado muchos años en el Teatro de La Pérgola,
uno de los más famosos de Italia.
Por ejemplo, para que hubiese más amplitud
para el baile, había inventado unos -gatos-
mecánicos que en media hora subían toda
la parte del piso donde iban los asientos.
Pero la mayor gloria de Meuci fue el invento del
teléfono en 1850, que logró 25 años
antes que Alexander Graham Bell.
Incluso en Nueva York hay una estatua del italiano
reconociendo la prioridad suya y de Cuba en el descubrimiento,
pues los cuatro primeros teléfonos que funcionaron
estaban instalados en el edificio del Gran Teatro
Tacón.
Fuente: AIN
Diciembre
- 2003
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