Incluye tu email para recibir información sobre nuestras actualizaciones
POSTALES | FOTOS
ARTÍCULOS - 2003
  Diciembre
Noviembre
Octubre
Septiembre
Agosto
Julio
Junio
Mayo
Abril
Marzo
Febrero
Enero
DIARIOS
  The New York Times
Sun-Sentinel
El Nuevo Herald
The Miami Herald
Los Angeles Times
La Vanguardia
Washigton Post
El Mundo
El Clarín
CNN
ArteMiami.com

BUSCADOR internet teatroenmiami.com
Colosal antigualla
JOAN-ANTON BENACH

“Juliol del 36” es un insuperable monumento a la incongruencia idiomática, un absurdo y risible galimatías

Si Claude Mercadié y Boris Rotenstein hubieran podido frecuentar los teatros de nuestro país allá por los años cincuenta, sin duda no habrían perpetrado ahora, el primero como autor y el segundo como director, una antigualla tan colosal, tan polvorienta como la titulada “Juliol del 36, Barcelona”. Pero el periodista francés Mercadié estaba por aquella época de corresponsal en Indochina y el creador ruso iniciaba en Leningrado una carrera saboteada muy pronto por la inclemente censura soviética. El teatro español “de tesis” que con frecuencia destilaba el nacionalcatolicismo reinante en nuestro país era, para ambos, algo muy exótico, irrelevante o perfectamente desconocido.

En alguna ocasión Rotenstein ha contado que su exilio en Barcelona se debió a la atmósfera asfixiante que hallaba en su país, antes de la “perestroika”, para desarrollar el teatro que él quería. Con toda la cautela que viene al caso, sospecho que se ha enfrentado a “Juliol del 36” sin desprenderse de la hostilidad que mantenía respecto al régimen dictatorial y burocrático de la URSS. De ahí que uno de los principales personajes de la obra, situada en los primeros días de la Guerra Civil en Barcelona, sea un comisario mefistofélico, adornado con los signos, modos y maneras del más pérfido sicario estalinista. En el tratamiento de tan desagradable caballero, Rotenstein olvida que el PSUC era por aquellas fechas una criatura recién nacida y que el “partido” que con tanto énfasis se jalea en el inefable drama no era todavía el Partido, en mayúscula, de meses más tarde.

El director se balancea, pues, en los tópicos que le manda el autor, los subraya con gozo y le importa un bledo que salga algún historiador que ponga a los dos de rodillas y de cara a la pared hasta que se sepan la lección. Claude Mercadié propone que el comando que capitanea el comunista esté formado (!) por anarquistas y libertarios, combinación que permite proclamar las profundas diferencias entre el jefe y su tropa, anticipando así, muy sibilinamente, los feroces enfrentamientos de mayo de 1937. Pero todo eso es “peccata minuta” al lado de la propia anécdota y su desarrollo. Una línea argumental refiere el idilio que florece entre la chica del cuento (Miriam Escurriola), hija de una viuda menestrala (Muntsa Alcañiz), y el joven anarquista armado (Aleix Rengel) que interviene en el registro expeditivo del piso de las dos mujeres. Pese al trámite tan violento y descortés, se producirá el flechazo y ambos jóvenes acabarán alistándose a la columna Durruti.

Simultáneamente, la viuda se ve impelida a dar refugio a un sacerdote, Mossèn Santiago, personaje sublime y acongojado, que lleva veinte años en Barcelona y le habla en castellano a la dama, un pusilánime tremendo que se resiste a vestir de paisano para escapar de los salvajes revolucionarios que husmean su rastro para matarlo. Quitarse la sotana es para él una imperdonable traición a la Iglesia. Casi un 50 por ciento de la obra es un diálogo entre la viuda y el clérigo, y éste, con su me la quito, no me la quito (la sotana), le larga al espectador un hórrido e insportable tostón. Un tostón muy mal interpretado, además. Una lata andrajosa que, quitando las pocas referencias a las brutalidades de los sublevados fascistas, hubiera podido firmar don Joaquín Calvo Sotelo, antes o después de evacuar “La muralla” (1954).

Muntsa Alcañiz y Miriam Escurriola hacen lo que pueden. Los personajes masculinos naufragan con el incomprensible beneplácito de un director que muchas veces ha demostrado su alta competencia y regalado excelentes espectáculos. Mercadié, que pasa temporadas en Eivissa, se ha percatado de que aquí funciona viento en popa el bilingüismo y el responsable de la versión, Lluís-Anton Baulenas, recibió el encargo de hacerla bilingüe. Ignoro si el autor metió mano en dicho quehacer, pero lo cierto es que “Juliol del 36” es un insuperable monumento a la incongruencia idiomática, un absurdo y risible galimatías . En fin: dos horas y media largas, larguísimas, para olvidar ipso facto.

Fuente - La Vanguardia
Diciembre - 2003

www.teatroenmiami.com no es responsable por las opiniones expresadas. Cada autor u opinante es responsable por sus opiniones e ideas. Igualmente las informaciones relacionadas con espectáculos son enviadas a www.teatroenmiami.com y son los productores y promotores de dichos espectáculos los responsables de cambios, suspensiones o informaciones erroneas. Los materiales son propiedad intelectual © de sus fuentes originales y son utilizados aquí solo con fines educativos

Este website está diseñado para 800 x 600 | Internet Explorer +5.
Design by www.teatroenmiami.com © 2000-2004
TeatroenMiami.com
se actualiza semanalmente
Es un website educativo y sin fines de lucro
Miami, FL - USA