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¡De
película!: Toma dos
AMADO DEL PINO
José Antonio Rodríguez
recibió la noticia de que había obtenido
el Premio Nacional de Teatro 2003 en plena actividad.
En enero, ya nuestro gran actor y director preparaba
¡De película!, el espectáculo
que puede verse todo este agosto en el Teatro América.
Cuarenta años después, regresa un título
que estrenará en la sala Las Máscaras
del director francés Pierre Chaussant y al
que se sumó —humildemente y demostrando
su versatilidad— Carlos Felipe, uno de los nombres
esenciales de la dramaturgia cubana del siglo XX.
Felipe, quien por entonces ya había escrito
obras tan importantes como El chino y Réquiem
por Yarini, aquí participó del proceso
de improvisaciones de los actores y aportó
su talento de escritor.
En este regreso, ¡De película!
tiene más de espectáculo de variedades
que de propósitos puramente teatrales. Debe
recordarse que las características espaciales
del América apuntan a la voluntaria grandilocuencia
del musical y no propician la necesaria intimidad
del juego escénico y la caracterización
de personajes. Con todo, puede hablarse, por momentos,
de situaciones dramáticas conseguidas, de soluciones
visuales que nos hacen recordar logradas puestas en
escena de José Antonio. Por momentos pensé
en un montaje inolvidable: Los asombrosos Benedetti.
En unas apasionadas notas al programa,
Carlos Ruiz de la Tejera, uno de los formidables actores
del elenco de estreno, utiliza una palabra que resulta
clave para analizar el montaje que nos ocupa: ligereza.
Esa cualidad se echa de menos en este regreso. El
profundo desnivel entre los protagonistas, el resto
del elenco y los figurantes, junto a una coreografía
demasiado ingenua lesionan la fluidez de la puesta.
Por ejemplo, los minutos finales (que pesan más
por tratarse de dos horas de representación)
transcurren en un tiempo "real", dilatado,
interminable.
La estructura, a partir de cuadros
que evocan momentos representativos de la historia
del cine, cojea por el contraste entre escenas efectivas,
como la del rodaje de un filme en la llamada época
de las estrellas, y otras en que la prisa, por hacer
reír con chistes actuales y la frialdad de
algunos bailarines a la hora de interpretar, diluye
el sentido original. El agradable diseño de
luces de Maikel Sánchez, la sobria contribución
de la reconocida cantante Maureen Iznaga y las inteligentes
composiciones escénicas apuntalan el exceso
de improvisación y logran que el espectador
se olvide de los tropiezos en el ritmo. También
contribuye a evitar el bostezo, la inteligente distribución
de la energía que logra el actor Vladimir Villar.
Entra y sale con fluidez de su conferencia sobre la
historia del cine.
En el resto del elenco resultan encantadores
y salvadores los momentos en que coinciden sobre las
tablas José Antonio y, la también veterana
de la aventura del 63, Asseneh Rodríguez. Herón
Vega alcanza momentos de simpatía y coherencia,
pero a la proyección de su voz le falta ganar
en magia teatral. Amarilys Pumeda, con más
oficio escénico, aligera y refresca algunas
escenas, pero a veces grita cuando podría matizar.
Sirita Santana resulta efectiva y dinámica,
sobre todo cuando no cae en un excesivo naturalismo
en el decir. Algo similar le sucede a Simón
Carlos, que, además, deberá aligerar
y sintetizar transiciones resueltas correctamente
pero con cierta lentitud. En el poco fogueado grupo
de los más jóvenes sobresale el discreto
encanto de Irina Aguilar.
¡De película! se propuso
revalorizar el musical, el divertimento, dialogar
con la historia del cine desde nuestra sensibilidad
actual. Sus logros merecen doblemente el aplauso.
Sus limitaciones artísticas mucho tienen que
ver con el estado actual de nuestra vida escénica.
Una figura como José Antonio Rodríguez
en un regreso de esta importancia merecía una
tierra mejor preparada para recibir su semilla.
Agosto
- 2003
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