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'La
Boheme' un canto de pobreza y belleza
DANIEL FERNANDEZ
El Nuevo Herald
Aunque en
torno a la pobreza, la nueva producción
de La Boheme, de Puccini, por la Florida Grand
Opera, estrenada el martes en el Miami-Dade
County Auditorium, ostentó una extraordinaria
riqueza en cuanto a voces, calidad musical y
dirección artística.
Concebida tradicionalmente --a
pesar de los incongruentes graffiti en el telón
de boca y en parte del decorado--, la puesta
se apoya con firmeza en la dirección
musical de Stewart Robertson, extraordinariamente
acertada, clavada hasta el punto de que gestos
y movimientos escénicos coincidían
con detalles de la partitura (el rasgado del
manuscrito en el primer acto, Musetta salpicando
a Marcello con vino, etc). Esto indica un preciosismo
en la dirección escénica de David
Gately rara vez visto en las tablas operísticas.
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Lógicamente, si hasta los detalles han sido
cuidados, la concepción de los personajes,
la actuación, el montaje, todo marcha a pedir
de boca en la que es sin duda la mejor puesta de la
temporada. Todos los personajes se desenvuelven convincentemente
dentro del contexto, incluso los más breves
y caricaturescos, como Benoit y Alcindoro, ambos a
cargo de Stephen Eisenhard; mientras que los cuatro
más importantes: la caprichosa, pero multifacética
Musetta, el impulsivo Marcello, el enamorado y débil
Rodolfo y la inefablemente trágica Mimí
se proyectan con un aura de veracidad que llevó
a muchos de los asistentes a sacar el pañuelo
en las escenas conmovedoras.
Pero la actuación, aunque importante
en toda ópera, no basta, si el aspecto musical
--clave y simiente de la obra-- no alcanza o trasciende
el nivel de calidad de lo dramático. En este
caso, intérpretes, coro, músicos (de
la Florida Classical Orchestra), lograron un milagro
poco frecuente, especialmente en noche de estreno:
una representación sencillamente perfecta.
Robertson sacó a esta obra
de Puccini todos los matices que su estructura permite.
Con su discreto uso del leitmotiv, la experimentación
en colorido y textura y las libertades en el contrapunto
que alcanza a veces niveles delirantes, como en el
septeto del segundo acto, no es cosa fácil
llevar esta ópera a su punto de total definición.
Afortunadamente, no sólo los músicos
pusieron todo de sí, sino que los cantantes
mostraron una estatura artística de la más
elevada, tanto en lo profesional como en lo espiritual.
Kelly Kaduce incorporó a Mimí
con todos los recursos de una experimentada profesional,
hasta en la sonrisa y en la manera de arreglarse el
pelo se captaba el personaje en toda su fragilidad
y su entereza; pero fue en lo musical, donde su entrega
alcanzó rivetes antológicos. De clara
y limpia voz, que huye de innecesarios vibratos, Kaduce
no se ahorró ni en aliento ni en interpretación
para los momentos clave, sino que en toda la obra
se entregó completamente, logrando un impacto
indiscutible.
Igualmente entregado se mostró
Andrew Richards como Rodolfo; tanto solo, como en
sus dúos con Kaduce mantuvo una cualidad de
excelencia que aportó no poco al éxito
de la puesta y a su proyección conmovedora.
Elizabeth Caballero como la multifacética
Musetta volvió a dar muestras al público
de su ciudad de su indiscutible calidad como cantante
y su versatilidad como actriz. Caprichoso y algo infantil,
su personaje tiene hermosos momentos de nobleza y
amistad que Caballero supo exponer convincentemente.
El impulsivo Marcello de Frank Hernández
mereció también su andanada de aplausos;
mientras que Wojciech Bukalski como Colline, y David
Giuliano como Schaunard, se desempeñaron en
sus papeles menores con efectividad y acople musical.
Los decorados de Michael Yeargan,
convencionales, aunque con toques expresionistas,
cumplieron su cometido en esta obra que tantos --infaustamente--
han tratado de sacar de contexto. Se trata de una
ópera muy apegada al sustrato socioeconómico
y social que la engendró. Fuera de esa época,
la ''bohemia'' pierde su encanto y su romanticismo
para convertirse en vagancia, falta de responsabilidad,
desamparo, cruda miseria o injusticia social, según
el caso. El siglo XIX da el marco apropiado a estos
jóvenes con sus eternas luchas amorosas --lo
que los hace asequibles en nuestros días--,
mientras que los del siglo actual, tienen a esa edad
sus propias empresas y hasta pueden ser ya millonarios,
gracias a las maravillas del software.
Las luces de Ken Smith y los trajes
de Malabar completan el encanto de esta obra, que
aunque anclada en su época, aún nos
llega con su perfume de tristezas amorosas y nostalgias
juveniles. Esta nueva puesta de la FGO pule y destaca
los aspectos anímicos y la música de
Puccini, afirmando su inmortalidad y permanencia aun
en las primicias del siglo XXI. No se la pierda.
'La Boheme' se presentará
también los días 19, 22 y 25 a las 8
pm, en el Miami-Dade County Auditorium, 2901 W. Flagler
St., y el 27 de abril, a las 2 pm. En el Broward Center
for the Performing Arts, 201 SW 5th Ave, Fort Lauderdale,
se presentará los días 1ro y 3 de mayo,
a las 8 pm. Entradas: 305-854-7890, 1-800-741-1010
y www.fgo.org
Foto:
GASTON DE CARDENAS
Fuente: El Nuevo Herald
Abril 2003
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