|
Abelardo Estorino
"Admirado discípulo
de Virgilio Piñera y maestro indiscutible de
los autores más sobresalientes
de la nueva hornada, Abelardo Estorino ha mantenido
una trayectoria de singular coherencia y permanente
crecimiento que convierte su obra en la más
significativa y audaz de la dramaturgia cubana de
hoy" VIVIAN MARTÍNEZ TABARES
Año
1946
Un día cualquiera, Abelardo
Estorino se encuentra en La Habana. Ha dejado
atrás su pueblo natal, Unión de
Reyes, con la firme decisión de estudiar
la carrera de cirugía dental, profesión
que llegó a ejercer. Sin embargo, contra
todos los pronósticos previsibles, el
teatro se convertirá en la verdadera
y única vocación que logrará
apasionarlo definitivamente.
Ocho años después
escribe su primera pieza, Hay un muerto en la
calle, la que aún permanece inédita,
y en 1956, El peine y el espejo, estrenada en
la sala Granma del Ministerio de Obras Públicas
en 1960 bajo la dirección de Dumé.
Por esta época, además de publicista,
cursó dirección escénica
en Teatro Estudio, pero las diversas fuentes
consultadas también afirman |
 |
que fue asistente de dirección
de Julio Matas y el propio Dumé, y… actor.
La década del 60 constituye
un período significativo y ganancioso de su
creatividad: realiza para la escena las adaptaciones
de El fantasmita, La cucarachita Martina, El mago
de Oz, y estrena El robo del cochino en la sala Hubert
de Blanck el verano de 1961, obra con la que obtiene
mención en el Premio Casa de las Américas
de ese año. En 1962 nos sorprende con una comedia
musical, Las vacas gordas, estrenada por el grupo
Guernica con música de Giraldo Piloto y letra
de Alberto Vera; pero también le seduce la
versión que está montando sobre la notable
novela de Miguel de Carrión, Las impuras.
En septiembre de 1964, Teatro Estudio
pone a consideración del público una
nueva puesta en escena, dirigida por Berta Martínez;
esta vez Estorino, «siempre insatisfecho al
producirse el estreno » según él
mismo confesó alguna vez, convoca a los espectadores
para la representación de La casa vieja, obra
que también recibiera mención en el
Premio Casa de las Américas. Con posterioridad
se suceden otros estrenos, el de la alegoría
bíblica Los mangos de Caín, en 1965
(«La casa vieja escrita de otra manera»),
y El tiempo de la plaga, en 1968.
1973-1989
Con La dolorosa historia del amor
secreto de Don José Jacinto Milanés
(1973), Estorino incursiona por zonas antes no transitadas
en su producción teatral, en la que se hace
evidente un acucioso trabajo de investigación
documental, al proponerse la reconstrucción
histórica de un personaje y de una época
tan lejana como el siglo XIX cubano. Esta, quizás
su obra más querida, se ubica en un ámbito
geográfico muy cercano al autor: la provincia
matancera.
En Ni un sí ni un no, estrenada
por Teatro Estudio en 1980 bajo la dirección
del propio autor, Estorino vuelve a replantearse algunas
de las inquietudes presentes en su teatro de la década
del sesenta; esta vez nos entrega una comedia de tema
contemporáneo, cuya acción se desenvuelve
ahora en la ciudad de La Habana. Y en 1982 regresa
sobre sus pasos para estrenar en el Teatro Musical
de La Habana el espectáculo Pachencho vivo
o muerto.
Morir del cuento, calificada como
«novela para representar», muestra una
indudable coherencia con las constantes temáticas
y la línea de pensamiento que sustenta el autor
en sus primeras obras: la familia cubana es, en esencia,
la protagonista de todos los conflictos. Su estreno
tiene lugar en 1983 en la Sala Hubert de Blankc por
el grupo Teatro Estudio, y en su gira por España,
recibió una mención especial del Concurso
«Caut Ferrat» en el Festival de Sitges,
además de los premios nacionales a la mejor
puesta en escena en el Festival de Teatro de La Habana
(1984) y premio de dramaturgia de la UNEAC.
En una excelente entrevista publicada
hace algunos años en la revista Revolución
y Cultura, Estorino se autodefine como un escritor
a quien le gusta «trabajar por las mañanas
porque pienso en Virgilio Piñera y en Hemingway,
que también laboraban a horas tempranas. Escribo
notas insistentemente en pedazos de papel que tengo
dentro de los libros. Cualquier cosa que lea me sugiere
una idea (…) No puedo trabajar con ruidos, ni
con música, ni con gente dando vueltas alrededor.
Ni hacer dos cosas a la vez».
Nuevas experiencias enriquecedoras
se suman a su extensa obra como dramaturgo. No se
trata sólo del texto que está por escribir.
También lo anima la labor de dirección,
entre las que sobresalen sus puestas en escena de
La discreta enamorada, Casa de muñecas, La
malasangre, de Griselda Gambaro, así como un
clásico de nuestras letras, Aristodemo, de
Luaces, la inolvidable Aire frío de Piñera,
La verdadera culpa de Juan Clemente Zenea, de Abilio
Estévez, y Medea, de Reinaldo Montero.
Otro acontecimiento teatral en la
vida de Estorino ha sido el de poder contar, además,
con un público lector. Dos antologías
publicadas por la editorial Letras Cubanas reúnen
sus principales obras: Teatro, Premio de la Crítica
1984, y Vagos rumores y otras obras, con igual premio
en 1999.
La década de los ochenta culmina
para Estorino con dos obras nuevas en su repertorio:
Que el diablo te acompañe (1987) y Las penas
saben nadar (1989), Premio Segismundo al mejor texto
en el II Festival del Monólogo.
1992-2001
Abelardo Estorino ha obtenido, a
lo largo de su carrera, numerosos lauros de diversa
magnitud, entre ellos, la Distinción por la
Cultura Cubana, que han ido signando, paso a paso,
esa capacidad inagotable que posee para la creación
dramática. Sin lugar a dudas se le ha considerado
«un clásico vivo de nuestra historia
escénica». En 1992 se añade a
todos esos reconocimientos el Premio Nacional de Literatura,
creado en 1983 por el Ministerio de Cultura de la
República de Cuba, que se concede anualmente
al conjunto de la obra de destacados autores cubanos.
En este mismo año estrena en la Hubert de Blanck,
bajo su dirección, Vagos rumores, una reciente
versión de La dolorosa historia… De 1994
es la puesta en escena de Parece blanca («Versión
infiel de una novela sobre infidelidades»),
catalogada como su obra de madurez, que toma como
punto de referencia para su escritura a un personaje
antológico de la narrativa cubana, la Cecilia
Valdés de Cirilo Villaverde.
Diferentes escenarios internacionales
han acogido con mucha atención el repertorio
de Abelardo Estorino. Obras suyas se han traducido
y representado en Checoslovaquia, Noruega, Suecia,
México, Estados Unidos y Chile. Asiste al Festival
de Cádiz (1995), con Vagos rumores y Las penas
saben nadar, así como también a la ciudad
de Nueva York (1996), para sumarse a un programa de
intercambio cultural con los integrantes de Repertorio
Español. A su regreso a esta ciudad en 1997,
Vagos rumores obtiene el premio que otorga anualmente
la Asociación de Cronistas de Espactáculos
(ACE) al teatro en español. Ese mismo año,
Parece blanca participa en el Festival Internacional
de Caracas y realiza una gira por distintas ciudades
de Venezuela.
La compañía de Repertorio
Español se interesó en que la experiencia
continuara. Entre 1998 y el 2000, Estorino, siempre
joven y dispuesto a pesar de sus 75 años, regresa
a Manhattan con nuevas propuestas escénicas
en las que, incluso, participan también actores
de ambos elencos; recibe una beca del Theatre Communication
Group y para entonces escribe El baile, su penúltimo
estreno en La Habana y en Nueva York, con la que obtiene
el premio HOLA.
For René Buch at New York's
Repertorio Español, two Cuban artists -playwright
Abelardo Estorino and actress Adria Santana- have
brought an aesthetic infusion that has invigorated
his company, wich is, he admits, far from Latin America:
«My style is extremely sparse, but Cuban theatre
is extremely baroque. They have affected our work,
and we are influencing them. We have all grown.»
(American Theatre, october, 1999, p. 27.)
En 1987, Abelardo Estorino expresó:
En fin, que me gustaría vivir
hasta el año 2001 (con permiso de Stanley Kubrick)
para ver todas las cosas que habrán cambiado
y todas las sorpresas que nos esperan. ¿Y la
fiesta de siglo nuevo será tan aburrida como
la de año nuevo? ¿O será tan
divertida como me resultaban cuando yo tenía
veinte años y bailaba como un trompo?
Ya es 2001.
(Perfil basado en las
respuestas de Estorino a las entrevistas «En
busca del tiempo vivido» y «Estorino:
la literatura como drama», realizadas por Wilfredo
Cancio Isla y Malilyn Bobes, respectivamente.)
Fuente:
Cubaliteraria.com
Abril
2003
|