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Ramón
Oller
“La creación escénica es como
una confesión”
Liz PERALES
| El estreno el 10 de abril en el
teatro Albéniz de Madrid de Congelado en
el tiempo hace la número 61 en la obra
coreográfica de Ramón Oller, uno
de los indiscutibles de la danza contemporánea
de nuestro país. Con 40 años, Oller
ha realizado una sólida carrera dentro
y fuera de nuestras fronteras que no se ha limitado
al mundo de la danza. Sus colaboraciones en el
teatro (La Celestina, San Juan), la ópera
(Rigoletto, Aida), la zarzuela (El barbero de
Lavapiés), el musical (El Hombre de la
Mancha, T’odio amor meu), sin olvidar su
faceta de profesor, lo convierten en un inquieto
y sensible creador con una actividad frenética.
Tras este estreno le aguarda la gala de los premios
Max que se celebrará en Vigo, y que según
dice tendrá a la danza y a los mensajes
antiguerra como protagonistas. Después
comenzará con un viejo proyecto que siempre
le ha inspirado gran respeto: Carmen, un encargo
del Festival de Perelada. |
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Para hacerse una idea de la actividad
frenética de Oller (Esparreguera,1962), señalar
que en tres días siguiendo su rastro ha cambiado
cuatro veces de escenario. En Barcelona tiene su cuartel
general, la sede de la compañía que
formó hace 18 años, Metros. Viaja a
Madrid una mañana para ultimar algunos asuntos
relacionados con su estreno en el festival Madrid
en Danza y también para tratar con la Sociedad
General de Autores y Editores de la gala de los Premios
Max que dirigirá el próximo mes en Vigo.
Por la tarde se traslada al Centro Coreográfico
de Valencia, organismo del que partió el encargo
de Congelado en el tiempo, y donde supervisa los ensayos
y las pruebas de vestuario... Al día siguiente
sus labores de coordinador del Plan de Estudios del
Centro Andaluz de Danza le llevan hasta Sevilla.
–Ha subtitulado Congelado en el tiempo como
“evocación de El Cascanueces y El lago
de los cisnes”. ¿Es una revisión
de estos ballets románticos o una obra nueva?
–Es desde luego una relectura porque no sigo
el libreto original. Soy un apasionado de la música
de Chaikovski y hace tiempo ya hice un espectáculo,
Duérmete, inspirado en La Bella durmiente.
Inicialmente quise hacer este espectáculo con
los tres ballets pero resultaba muy largo y redundante.
Esta es una historia onírica, familiar si se
quiere, protagonizada por una niña que vive
ese momento que supone el paso de la infancia a la
adolescencia. Y es eso, un espectáculo sobre
el paso del tiempo.
–En Pecado, pescado ya reflexionaba sobre la
edad. ¿Tiene ésta obra alguna continuidad
con aquella?
–En absoluto, aquello era algo muy íntimo.
Esto es un experimento en el que he querido mezclar
a mi compañía Metros con los bailarines
del Centro Coreográfico de Valencia, que fue
quien me encargó el espectáculo.
Oller ha creado con Metros unos treinta espectáculos
y otros tantos con compañías nacionales
y extranjeras en calidad de coreógrafo invitado,
como la Compañía Nacional de Danza,
el Ballet Hispánico de Nueva York, la compañía
de Cristina Hoyos o el Centro Coreográfico
de Tours. Una de sus obras más aclamadas ha
sido Romy & July.
–¿Qué criterios sigue para seleccionar
el repertorio de su compañía y el de
aquéllas a las que le invitan?
–Metros es una compañía de autor,
algo que he tenido claro desde el principio, lo que
exige un trabajo continuado de investigación
y creación. Así que los trabajos más
intensos, en los que hay una preocupación por
renovar el lenguaje, los abordo con mi compañía.
Por lo general, cuando me invitan a trabajar con otras
compañía el proyecto suele estar definido,
con unos periodos de ensayos muy establecidos y un
lenguaje codificado que da poco espacio a la experimentación.
18 años de Metros
–¿Y cómo ha sido lo de mantener
una compañía durante 18 años?
–Pues con muchos problemas de cómo vamos
a acabar el mes. Metros cuenta con diez bailarines,
más el equipo administrativo. Recuerdo los
inicios y ahora creo que el inconsciente me ha conducido
a lo que quería hacer en mi vida consciente.
Ha sido y es duro mantener una carrera creativa, exige
estar constantemente investigando, creando, porque
la creación es como una máquina que
se retroalimenta. Exige un esfuerzo tremendo, una
inversión de tiempo y entrega.
–¿Ha tenido que trabajar fuera de Metros
para poder mantenerla?
–No, no lo he hecho por eso sino porque creo
que para crecer artísticamente es necesario
esta en contacto con gentes diversas.
–El teatro, la ópera, el musical... su
campo de acción es muy amplio.
–Como digo, me gusta la diversidad, soy un apasionado
del mundo del espectáculo y del acto teatral
lo que más me interesa es la comunicación
con el espectador. Por ejemplo, apenas he hecho cine,
y lo achaco a que en él la comunicación
no es directa. La creación escénica
exige mucha gente, bueno, como mínimo exige
dos personas, el artista y el espectador. Es un acto
de comunicación directo, tiene un carácter
casi de confesión.
–¿El estilo de Oller se distingue por
una danza teatralizada?
–Sí, hay muchos de mis espectáculos
en los que utilizo teatro de texto, en otros, elementos
muy visuales o, por ejemplo, en el último,
Sangre pura, creo que me salió muy conceptual.
No sé, depende del espectáculo. En general,
a la hora de crear yo siempre parto del mismo punto,
de cualquier cosa capaz de conmoverme, una música
o un tema social, como el que ahora vivivimos.
–Usted confía mucho en la intuición
del artista. ¿Casi tanto como en su formación
técnica?
–Un bailarín tiene que tener una preparación
técnica al cien por ciento, pero debe saber
jugar con su intuición. Cuando ensayo, que
es el momento de la creación con el que más
disfruto, me encanta observar a los bailarines y ver
el mundo que creamos, ese pequeño microclima
que yo organizo pero que sería imposible si
no contara con ellos.
–En la creación de una obra, ¿va
a los ensayos con el espectáculo muy definido?
¿Cuánto tiempo tarda en concebirlo?
–En Metros empleamos unos cinco o seis meses
para crear un espectáculo. Yo intento ir con
las ideas claras a la sala de ensayos, pero dejo un
amplio margen a lo que surge allí a la hora
de confrontarlo con los bailarines porque realmente
la obra depende de ellos, aunque se les suela ignorar.
–De la gala de los Max, ¿que puede adelantar?
–Pues va haber mucha danza y, obviamente, será
inevitable que tratemos lo que estamos viviendo. Negar
la evidencia es lo peor que podemos hacer.
Fuente:
El Cultural
Abril 2003
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