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Exitosa
gira de La Colmenita por Estados Unidos
José Luis Estrada Betancourt
| El reconocimiento al Mérito
del Condado, y del Consejo de la Ciudad de Los
Ángeles, entregado por el Alcalde y el
Consejo, en la Cámara del gobierno de esa
ciudad, la entrega de las llaves de San Francisco,
o el establecimiento de la Resolución 521
del Senado de ese estado que, entre otros tópicos,
exige la normalización de las relaciones
entre ambos países y honra a La Colmenita
“por sus extraordinarios esfuerzos desde
el nivel comunitario para el logro de un impacto
positivo en la vida de los niños y niñas”,
pueden ser ejemplos suficientes para demostrar
el derrame de miel de estas 23 pequeñas
abejas. |
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Y es que a pesar de todas las trabas
para evitar este intercambio, ocurrió lo inevitable
—por el empuje de personalidades norteamericanas
empeñadas en llevar a ese país el buen
arte de estos pequeños—, el encuentro
de la delegación más numerosa de La
Colmenita, con un público ávido de conocer
más sobre Cuba, y sobre el desarrollo cultural
de nuestro pueblo.
“Hasta ahora no habíamos
logrado el visado de los Estados Unidos, pero esta
historia comenzó en el 98. Cuando Mohammed
Alí y otras reconocidas figuras estuvieron
presentes en una función de La cucarachita
Martina, en la escuela para niños con limitaciones
físico-motoras Solidaridad con Panamá,
pensaron en la posibilidad de nuestra actuación
allá. Luego, se fueron sumando a este propósito
otros como Patch Adams y Belafonte, congresistas y
senadores”, rememora Carlos Alberto Cremata,
su director artístico.
“Hace tres años esta
intención tomó más fuerza, pero
no se podía concretar por la imposibilidad
de obtener la visa. Tanto es así, que aunque
fuimos en marzo, del siete al 21, la gira estaba preparada
para enero, e incluso tuvimos que cancelar las actuaciones
previstas en los teatros, lo cual es, de por sí,
un problema por lo difícil que resulta conseguir
una plaza en estos escenarios.
“Al fin se dio todo y empezó
la batalla para conseguir otras salas, pero, por supuesto,
bajo mucha presión, porque se nos otorgó
la visa el mismo día que teníamos previsto
viajar, e incluso se la negaron a cuatro adultos quienes
eran necesarios para el cuidado y la protección
de los niños. Por ejemplo, no pudimos llevar
a Mabelita, quien requiere de una atención
especial, por este motivo. Fue muy duro para todos.”
SATISFACCIONES
“Yo estuve todo el tiempo muy
emocionada. Más que reírme, lloraba,
recuerda Iraida Malberti, directora general de la
compañía. Era indescriptible la reacción
del pueblo a través de los niños, que
son su reflejo, lo mismo en San Diego, que en Los
Ángeles, Sacramento, Oakland, que en San Francisco.
“Tengo que reconocer que estuvimos
estresados todo el tiempo, porque veíamos por
la televisión las cosas terribles que pasan
constantemente. Vivíamos ‘enganchados’
de los niños, no los dejábamos solos
ni en los pasillos de los hoteles, ni en ninguna parte.
“Fue agotador, pero de una satisfacción
inmensa, tanto por el resultado del trabajo, como
por el cariño recibido. Todo fue muy especial:
cada entrevista, cada función, cada encuentro”,
enfatiza esta mujer que tras 44 años dedicados
a los pequeños, no se cansa, “porque
yo también fui una niña artista, yo
también estuve en la Corte Suprema, y desde
entonces nunca me he despegado de esa vida.”
Esa combinación perfecta entre
madre e hijo se palpa en cada una de las entregas
de esta agrupación infantil reconocida no solo
en Cuba, sino en diferentes partes del mundo. “Tin,
como le decimos cariñosamente a mi hijo, es
el encargado de montar las obras, de la estética,
y constantemente nos consultamos.”
Por suerte, ya existe un video para
la televisión de La cucarachita Martina, una
de las obras que se robó al público
estadounidense, junto a Meñique y Sueño
de una noche de verano. “Fue hecho con pocos
recursos pero es muy profesional. Se utilizaron todos
los resortes del medio, desde el lenguaje hasta el
clouse up o las cámaras por detrás.
Tenemos, con mi otro hijo, Juan Carlos, un proyecto
de una película, donde intervendrá La
Colmenita, y que su título provisional es Viva
Cuba, que se comenzará a rodar cuando finalice
su comedia musical Candela.”
Para Nisia Agüero, directora
del Teatro Nacional de Cuba, la experiencia fue inenarrable.
“No pensábamos que iba a ver tanta afluencia
de público, tanta cercanía, tanto reconocimiento.
La primera actuación fue en San Diego, y este
fue el único momento tenso y negativo, porque
seis hombre de Alfa 66, intentaron boicotear la función
y pasearse con pancartas. Sin embargo, nos sentíamos
muy protegidos por los grupos de solidaridad y la
policía.
“Después todo fue perfecto.
Realmente los niños trabajaron muy bien, al
extremo de que se crecieron por encima de nosotros,
los adultos. Sin dudas, fue una aprendizaje muy valioso
y enriquecedor. Indudablemente esta gira ha significado
muchísimo para nuestras vidas, porque estuvimos
allá cuando se anunció la guerra, cuando
comenzaron las manifestaciones a favor de la paz,
y a pesar de toda esa tensión, las salas se
llenaron para ver las actuaciones de estos pequeños
gigantes.”
VIVENCIAS E IMPRESIONES
Doce años tiene Héctor
Rosales, estudiante de la secundaria básica
Jacinto García, del Cerro; el camaleónico
actor infantil, que arrancó en cada una de
sus presentaciones, como el resto de sus compañeros
de escena, fuertes ovaciones en un público
que emitía sonidos como muestra de satisfacción
o entraba en un silencio sepulcral según lo
mereciera el momento.
El ateniense Lisandro, de Sueño
de una noche de verano, o el ayudante del Gallo en
plan de conquista de la Cucarachita, o el Gigante,
del Meñique, reveló a JR que lo que
más le había impresionado fue lo fácil
que le resultó hacer amigos, sobre todos con
los niños, “te pones a conversar con
ellos y tienes una amistad segura. Por supuesto, que
la pista de patinaje me dejó sin aliento.
“Me comunicaba con el inglés
que aprendimos en el grupo, y nos defendíamos
bien... ¿Sabes? Cada actuación fue una
prueba, pero la que más me impactó fue
la última, porque el teatro estaba repleto
y las personas eran muy entusiastas. Nada más
hacías así —y levantaba desenfadadamente
sus brazos— y la gente gozaba. Y cuando hicimos
la parodia a NSYNC, grupo de música pop, el
público se puso de pie a aplaudir.”
Según cuenta la psiquiatra
consultante de La Colmenita, la doctora Michele Frank,
norteamericana de nacimiento y cubana por adopción,
el hecho de poder hacer una presentación bilingüe,
es fruto del taller de inglés que se desarrolla
en ese colectivo, como tantos otros.
“Como nuestra sede es visitada
por personas de habla inglesa nos vimos en la necesidad
de preparar a los muchachos para que se pudieran comunicar,
a lo cual nos ayudó el embullo de que esa lengua
se estuviera impartiendo en Universidad para Todos.
Así fue como se consolidó un curso a
través del teatro, porque no queríamos
que los niños memorizaran los parlamentos,
sino que entendieran lo que estaban diciendo; y ha
funcionado de una manera increíble.
“Quiero decirte que lo más
interesante de este proceso es que a partir de una
conferencia que le dimos sobre Shakespeare y su influencia
en la literatura anglosajona, cuando se fue a montar
Sueño..., los niños nos pidieron que
le enseñáramos también el inglés
de este grande. Fue difícil y fascinante, porque
es complicado hasta para mí, pero lo lograron.”
OTRO APARTE CON CREMATA
—La Colmenita ha viajado por
Panamá, España, Alemania, Bélgica...,
pero esta gira ocupa un lugar especial.
—Sí, es cierto, pero
no podemos olvidar a Japón, donde se desarrolló
el primer festival mundial en el cual participamos
y fue también una vivencia especial. Lo que
sucede es que aunque tenemos amigos regados por todo
el mundo, la mayor cantidad se concentra en Estados
Unidos. Nuestros pueblos siempre han sido excelentes
vecinos. Y esta era una manera de reciprocar las reiteradas
visitas que tantos estadounidenses nos habían
hecho.
“Por otra parte, a pesar de
que algunas personas se han empeñado en poner
las cosas al revés, y la locura del gobierno
norteamericano de limitar nuestras relaciones, es
increíble constatar que se nos quiere entrañablemente,
y que es una tontería temporal intentar separarnos.
Y eso se demostró en el intercambio que ocurrió
allá de niño a niño. Estoy seguro
de que todo concluirá de la misma manera que
ocurrió con nosotros ahora, mostrándonos
nuestras ricas culturas, cantando, danzando, abrazándonos,
besándonos.”
—¿Entonces, satisfecho?
—Más que satisfecho.
Con todos los logros y fundamentalmente los humanos.
Artísticamente fue un reto y un riesgo presentar
esta producción bilingüe, y llevar Sueño...,
que ha tenido tantas versiones en ese país.
Y sin embargo, la respuesta fue sorprendente. Nosotros
introdujimos en La cucarachita... tres escenas de
Sueño... cuando se desarrollaba la fiesta por
la boda. Antes de ese instante, la gente tenía
mucho júbilo por nuestros cantos y bailes,
pero llegado ese momento el silencio fue sepulcral.
Para ellos era una visión única disfrutar
de un niño cubano interpretando una obra cumbre
de la dramaturgia anglosajona. Y ese, fue un sueño
vivido.
Fuente:
Juventud Rebelde
Abril
2003
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