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El
delirio y los sueños en la escena
NORMA NIURKA
Especial/El Nuevo Herald
| Por
el angosto escenario del Avante desfilaron durante
el fin de semana personajes históricos
del mundo intelectual español, como un
vértigo, destilados por el filtro jocoso
y surrealista del Teatro del Temple, grupo aragonés
que inauguró felizmente el XVII Festival
Internacional de Teatro Hispano. |
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El
público adoró cada minuto de la pieza
del cofundador de la compañía, Alfonso
Plou, titulada Buñuel, Lorca y Dalí,
y con razón porque, como diría cualquier
hijo de vecino, nada en ésta tiene desperdicio.
Plou ha sabido seleccionar con inteligencia lo más
relevante del libro de su coterráneo Agustín
Sánchez Vidal, acerca de la amistad entre los
tres grandes artistas (el cineasta Luis Buñuel,
el escritor Federico García Lorca y el pintor
Salvador Dalí) durante la legendaria estadía
en la Residencia de Estudiantes madrileña en
los años 20; amistad plena también de
rencillas, celos y deslealtades. Plasmados en la obra
están las pugnas entre Buñuel y Lorca,
entre Gala y Buñuel, entre Dalí y todos;
el fusilamiento del poeta andaluz durante la guerra
civil española, el Buñuel republicano
y el Dalí franquista; los últimos días
de Dalí, entubado y en silla de ruedas. También
plasma el encuentro de Lorca y Dalí en la playa
de Cadaqués que resume artísticamente
el amor desesperado del primero por el segundo sin
dejar fuera la anécdota de la hermana de Dalí,
sacrificada como sustituta del pintor catalán
que rechaza los reclamos del poeta.
En
el contexto de las artes y letras de la época
y respaldada por la premisa del surrealismo y el dadaísmo
afín a los protagonistas, la obra expone en
cuadros sucesivos las consecuencias del encuentro
que hizo coincidir a los tres trascendentales artistas.
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El
dramaturgo se basa en lo histórico y lo
anecdótico, pero con saltos de tiempo y
lugar a su arbitrio, y lo reviste de irreverencia
y humor. Al invocar el delirio y los sueños
de los personajes y su época, va destruyendo
los íconos con destreza teatral. Allí
están Gala, Tristana, Santa Teresa, el
conejo de Alicia en el País de las Maravillas,
Franco y el Papa Pío XII. El complemento
de la obra es la dirección mordaz de Carlos
Martín, el otro caballero del Temple, que
resume la audacia del autor con características
riesgosas. |
A
obra socarrona corresponde un montaje socarrón
y Martín se explaya en locuras elaboradas con
una estética contemporánea. Ha dirigido
la obra en tono cinematográfico y los audiovisuales
creados por Pedro Ballesteros armonizan con la acción
y establecen perfecta relación entre palabra
e imagen. La caracterización de los personajes,
apoyada en el vestuario de Jorge Pérez y el
maquillaje de Virginia Maza, es extraordinaria; y
evoca momentos de los tres artistas captados en fotos
que viven en nuestra memoria. Desde que entran, vestidos
Buñuel de monja, Lorca de Don Juan y Dalí
de Dalí, ya sabemos que todo esto será
una tomadura de pelo a la altura de los tres surrealistas
que la obra quiere desnudar.
David
Ardid, como Dalí, resalta por su gran comicidad;
Ricardo Joven crea un hondo Buñuel de cuello
y corbata; y Francisco Fraguas tiene toda la vulnerabilidad
de un Federico casi adolescente. Laura Plano se destaca
en su multiplicidad de personajes, y el resto del
elenco apoya magníficamente el sensacional
trabajo de equipo de esta compañía que
por diez años ha existido en la lejana Zaragoza
y que, afortunadamente, hemos visto en la Florida.
El festival no pudo tener mejor comienzo.
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