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'La
casa de Rigoberta mira al sur', un texto cargado de
poesía
NORMA NIURKA
Especial/El Nuevo Herald
Elementos
puros del buen teatro se pusieron de relieve durante
la intervención del grupo Justo Rufino Garay,
de Nicaragua, en el XVII Festival Internacional de
Teatro Hispano, con La casa de Rigoberta mira al sur,
de Arístides Vargas.
La
obra es el resultado de una estadía en ese
país, de Vargas y Charo Francés, fundadores
del grupo ecuatoriano Malayerba (que también
veremos en el festival).
Un
texto cargado de poesía donde se contraponen
diálogos y monólogos en dos planos distintos
de acción: un pasado muerto y un presente en
crisis. Por las referencias directas del texto, se
trata de distintas etapas de la historia nicaragüense.
Los sucesos del pasado --guerra, desolación,
mutilación, en boca de la niña; miseria,
injusticia, castas sociales, indigenismo, en boca
de la abuela--; los actuales --la revolución
eclipsada--, en boca de los padres.
Los
eventos protagonizados y narrados por la niña
y su abuela están paradójicamente relatados
con la vitalidad del triunfador y no con el sabor
de la derrota; los de la pareja son una dura confrontación
alentada por el destino que tuvieron sus ideales.
La
niña y la abuela parecen ser la álgida
memoria del pueblo que va contando los sucesos como
un poema maldito de verdades amargas, dichas con cierta
ternura y un ritmo continuado que llega al público
como una flecha al corazón.
El
obvio compromiso de la pieza con los ideales de la
revolución sandinista está aquí
supeditado a la obra de arte, y eso la diferencia
de un vulgar panfleto.
Los
únicos objetos --sillas, árbol y plataforma--
tienen rueditas; y la música es evocadora.
Vargas, argentino radicado en Ecuador, codirige la
obra con Charo marcando los rasgos expresionistas
y apoyándose en las magníficas actuaciones
de este grupo de actores del Rufino Garay que están
perfectamente formados para crear un lenguaje gestual
que realza el texto.
Verónica
Castillo (Rigoberta), una actriz casi acróbata,
es un ejemplo de precisión técnica y
fuerza dramática; Alicia I. Pilarte (abuela)
es una delicia en su monólogo sobre los héroes,
pelando papas para los ricos o describiendo personajes
sólo por sus sombreros.
Lucero
Millán y René Medina (Ella y El) completan
el elenco de profesionales que nos llevaron a ese
lugar inaccesible desde el que Rigoberta mira a todas
partes.
Posted on Wed, Jun.
12, 2002
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