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Tres
quijotes al borde de la monotonía
JOSE ANTONIO EVORA
El Nuevo Herald
Dulcinea
aparece en un balcón, baja al escenario hablando
con el público y da paso a las presentaciones
de tres --no uno, sino tres-- quijotes. Allá,
colgadas en el telón de fondo, hay numerosas
aspas de ventilador que parecen ser los primeros íconos
de referencia explícita en el decorado a la
historia del ilustre caballero andante, y uno supone
que lo primero que harán los tres redentores
en esta versión para teatro del clásico
de Cervantes es arremeter juntos contra tan infame
alegoría a los molinos de viento.
Pero
no: resulta que las aspas están ahí
para quedarse, y cuando llega el final de Farsa quixotesca,
la obra de Hugo Possolo que él mismo dirigiera
para el grupo brasileño Pia Fraus, desmanes
como aquel quedan sin el merecido castigo, así
que la idea de multiplicar por tres al hidalgo termina
siendo en la práctica una división que
sólo consigue debilitarlo.
| Era
muy prometedora, sin embargo, pues no había
mejor forma de evitar la linealidad a que obliga
poner en escena episodios de un solo personaje
(de dos, para no dejar fuera a Sancho), y por
otra parte hacía posible enriquecer en
cada uno de los seis las cualidades del Quijote
y del Sancho originales escogidas para caracterizarlos.
Las opciones que sus posibles choques dejaban
abiertas al antagonismo, la conciliación
o la indiferencia también auguraban el
descubrimiento de nuevas dimensiones del mito
quijotesco, tanto como para imaginar un resucitado
Italo Calvino escribiendo Las tres mitades del
Quijote. |
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Debo
admitir que, luego de haber visto Bichos do Brasil,
el otro espectáculo traído por Pia Fraus
al XVII Festival Internacional de Teatro Hispano,
mis expectativas eran muy altas. Cuando se espera
mucho se exige demasiado, lo que en última
instancia habla bien del grupo brasileño.
Por
eso no me tomaron por sorpresa las maravillas que
nuevamente consiguen hacer con muñecos, máscaras
y figuras para la llamada luz negra. Decía
Alberto Andreta que tanto él como Roberto Lima,
el otro director artístico de Pia Fraus --ambos
son dos de los tres quijotes de esta puesta--, carecen
de formación académica --Lima sí
estudió muñecos--, pero es obvio que
su pasión por el teatro les ha hecho muy bien
formados autodidactas.
Además
de recurso para llenar un reparto enorme con un elenco
reducido, el trabajo con las máscaras aporta
mucho a la belleza del espectáculo y cuesta
trabajo imaginarse de otra manera las escenas donde
aparecen. Sin embargo, creo que el diseño general
del montaje queda demasiado a merced de las necesidades
impuestas por esa multiplicidad de personajes asignados
a cada actor, al punto de que las entradas y salidas
a escena tienen con frecuencia más de urgencia
que de coherencia.
Lo
más triste es que, excepto por obvias diferencias
de estatura y apariencia física, los tres quijotes
no se distinguen bien unos de otros en términos
de caracterización. Faltó audacia para
quitarles, al menos a dos, la socorrida estampa del
caballero andante (si uno es el de los leones y otro
el de la triste figura, con más razón
hubiese sido posible arriesgarse a cambiarles la facha).
Esa
ambigüedad tiñe toda la puesta --incluso
en los momentos más disparatados-- de cierta
monotonía cercana a la grisura, lo menos que
se podía esperar luego de ver Bichos do Brasil.
Posted on Fri, Jun.
14, 2002
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