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El
sentido del humor de Félix Lizárraga
le provocó a escribir, cuando aún estaba
en Cuba, una obra en verso paródica y jocosa
sobre un cuento de niños, que tituló
Farsa maravillosa del Gato con Botas: Farsa en nueve
escenas, en verso y en joda (Versión libérrima
del cuento de Charles Perrault).
''De
lo que no se dio cuenta cuando la escribió
fue de su valor poético'', dice el bien conocido
pintor Ramón Alejandro, autor del vestuario
y los decorados de la obra, que se estrena en Miami
el viernes 7 y sábado 8 de junio en el marco
del Festival Internacional de Teatro Hispano, en Prometeo,
bajo la dirección de Teresa María Rojas.
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''Descubrimos
en su obra un carácter primitivo castellano,
y vi un trasfondo de visión arquetípica'',
expresa Alejandro. ``El Oriente fue el país
de los sueños para esos primitivos castellanos,
y por eso me inspiré en lo bizantino,
copto, abisinio, etíope, para darle un
carácter mítico a la obra. Esos
eran los reinos con que soñaban los europeos
en la Edad Media''.
Los
dibujos los hizo Alejandro de un tirón.
Y cuando llegó la realización,
se dio cuenta de su aspecto maravilloso. El
ogro es un ''ganguero moderno, con los pantalones
caídos, como un rapero. Es el bárbaro
de la sociedad actual'', comenta. Mientras que
los trajes de los otros personajes son ``estrafalarios,
míticos y extravagantes''.
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Alejandro
dice que él posee una imaginación arcaica,
que recuerda al Escorial, Venecia, el siglo XII, como
todo lo que se ha dado en Cuba y en general en Latinoamérica,
si se presta atención a la opinión de
Jorge Luis Borges. ''El reino significante no es el
reino ideal, la [actual] Reina de Inglaterra se viste
como una enfermera'', explica Alejandro.
Esos
trajes y escenarios, entre arcaicos y futuristas,
servirán para dar ilusión ambiental
a la obra que Rojas destina a niños de 8 a
90. ''Es imprescindible que seas niño'', advierte.
''Hemos
tratado de abarcar lo maravilloso, con la creación
de Ramón Alejandro, de Félix y de un
músico que está muy hot, Alfredo Triff'',
anota Rojas.
Triff,
que ha recibido varios premios por su disco 21 Broken
Melodies at Once y acaba de tener una verdadera racha
de fines de semana de extraordinario éxito
con su espectáculo Boleros perdidos en el Hoy
Como Ayer, ha compuesto la música a ritmo de
gypsy rock, para los versos de Lizárraga.
Traductor
de día y dramaturgo de noche, Lizárraga
cuenta cómo comenzó todo. ''Hice mi
primera versión estando todavía en Cuba,
trabajando en ese momento con el grupo de teatro de
Los Elementos, y mientras se montaba, escribía
la obra, ahora le he ido pasando la mano, la he mejorado'',
comenta.
''Después
de que se empezó a montar aquí, le he
hecho textos para esta puesta'', anota el autor. ``Por
ejemplo, la canción con la música de
Alfredo, que la canta el Gato con Botas''.
Con
ocho personajes, y varios cuadros, la obra no dura
más de 90 minutos. ''Es un concepto a lo Siglo
de Oro, con elementos de la comedia del arte italiana,
una farsa en verso, un divertimento, una cosa hecha
para divertirse, y aunque está escrita para
niños, la piedra de toque es que les interese
a los adultos, y si no les interesa, por lo general
es una porquería'', dice Lizárraga con
su característica franqueza.
Viene
con rima al estilo antiguo, en romances, décimas,
sonetos y liras. ''Es muy difícil para la gente
aprenderse eso, muy duro para esos muchachos, pero
han hecho un trabajo muy lindo'', comenta Lizárraga,
quien trabajó como actor en Cuba, escribió
para la televisión y fue dramatista de varios
grupos de teatro.
En
Miami, donde lleva ocho años, se ha dedicado
más a la literatura, que ya le valió
premios en Cuba, como el David de ciencia ficción,
con la obra Beatrice. Pronto le publicarán
por segunda vez en la colección La Segunda
Mirada, de Carlos Espinosa y Carlos Díaz, su
libro Busca del unicornio que en Cuba salió
por primera vez a la luz como una plaquette de poemas.
Y acaba de publicar Los panes y los peces, en la colección
Strumento de Germán Guerra.
Lo
que asombra de esta farsa son los vocablos, la constante
burla del tema del poder, que ya está precisamente
en el trasfondo del cuento, en el que un gato resuelve
todos los deseos y conflictos entre reyes y plebeyos.
Para
comenzar, se desarrolla en el Reino de Gargolaria,
y sus habitantes son los ''gargajos'', y ya con eso
se colige que la influencia del choteo cubano está
presente del principio al final. La princesita Gargarita
podría ser interpretada hasta por un hombre
grande y gordo, pero Rojas ha querido inclinar la
balanza hacia los niños, haciendo que la princesa
sea una muchacha rubia de ojos claros, al modo tradicional.
La
directora tomó otras decisiones, como la de
transformar el personaje del heraldo en dos hadas:
Angela y Fauna. ''La que está vestida de cabaretera,
a la derecha en la foto, es el hada traviesa, y el
hada mágica y buena, a la izquierda, lleva
una langosta. He hecho algunas interpretaciones como
directora, pero hemos respetado hasta la última
coma de Félix''. Y añade que ha sido
muy fácil trabajar con él, aunque al
principio temía que él se opusiera a
los cambios.
Ella
advierte que éstos han sido principalmente
en el aspecto visual, tratando de jugar mucho con
el subtexto, para que la imagen lo diga todo. ''Como
si un ruso viniera a ver la obra, que supiera lo que
está pasando, aunque no entendiera el idioma,
que sea tan fuerte que la gente sepa de qué
se trata, sobre todo por los niños, que no
hablan bien el español'', subraya Rojas. ``Creo
que es un modo de rescatar el idioma a caballo artístico:
con la poesía y la imagen''.
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