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Sobre
la piel de un actor : Luis Alberto García
ARSENIO RODRÍGUEZ y YARA
DUIVERGER, Sevilla
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Después
de 34 películas filmadas, Luis
Alberto García tiene demasiadas
cosas que contar sobre la vida cultural
de los años noventa dentro y fuera
de Cuba. Esta entrevista se la hicimos
en 1999, en pleno estreno de su última
película como actor La Vida Es
Silbar.
¿Cómo
ves la diáspora del arte cubano
de los noventa en los actores?
Si yo hubiera pasado toda mi niñez
y adolescencia soñando con estudiar
y cuidar a los canguros, estaría
hoy en Australia y no en Cuba.
¿Qué pasa con los actores
cubanos?Para ir directo al grano: no hay
trabajo en Cuba y el poco que existe no
alcanza para vivir.
En mi caso particular puedo considerarme
un afortunado porque aún consigo
papeles interesantes (o no) sin tener
que abandonar el país por largos
períodos de tiempo, pero formo
parte de un pequeño grupo que es
la excepción de la regla. El mercado
de trabajo actoral cubano ha sufrido una
contracción atroz. El Período
Especial y todo lo que arrastra hace que
actualmente (septiembre de 1998) la T.V.
cubana retransmita una aventura cubana,
una telenovela colombiana (justo cuando
llegaba a término) y una novela
cubana, todas en horarios estelares.
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El actor cubano Luis Alberto
García
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A bolina se fueron los espacios del Cuento y Teatro
I.C.R.T., hay un solo programa humorístico
y poquísimos infantiles. Muchos de los
mejores actores cubanos que quedan de este lado,
malviven del radio o los doblajes.
En cine, sólo se ha rodado una película
en lo que va de año. Salen a filmar únicamente
aquellos directores que consiguen financiamiento
en divisas, que sólo puede llegar del exterior,
y muy pocos productores se arriesgan a invertir
en argumentos que les son ajenos y para colmo
provenientes de un país seriamente bloqueado
por la mayor potencia del planeta, quien a su
vez es el mayor difusor de cine mundial y dueño
de casi todos los mercados. Por tanto, la producción
cinematográfica baja a extremos alarmantes
en una nación donde el pueblo prefiere
las películas del patio por encima de todas
las demás.
En el teatro, agobiado más aún por
la escasez de recursos económicos, la falta
de salas apropiadas y los recortes de energía
eléctrica, puedes estar ensayando una obra
medio año y luego hacer tres funciones
un fin de semana, cuando antes se hacían
temporadas enteras y hasta reposiciones de las
más exitosas representaciones. Pululan
los proyectos teatrales sin sede ni escenarios
fijos, son teatristas trashumantes y encima, los
peor pagados en comparación con el cine
y la televisión.
Con este panorama de ribetes tan dramáticos,
se comprende que muchos actores y actrices cubanos
se hayan decidido a probar suerte allende los
mares. No pocas veces escucho que se les critica
o se ironiza a costa de ellos públicamente
(otra vez la doble moral), por trabajar en telenovelas
latinoamericanas "lacrimógenas"
o en películas fallidas, pero esas mismas
¿personas? te susurran en privado lo bien
que le ha ido a fulano en tal país y lo
bien que le están pagando. Da asco. ¡Más
respeto para esos artistas! ¿Quién
tira la primera piedra? ¡Qué levante
la mano el actor o la actriz que no haya hecho
concesiones artísticas en Cuba cuando el
cinturón aprieta! Revisemos el curriculum
vitae de cada cual. A diferencia de los creadores
individuales que son responsables absolutos de
cuanto plasman en sus obras, los actores no siempre
hacemos los personajes que quisiéramos
desempeñar y casi nunca éstos representan
nuestros puntos de vista o nuestras más
recónditas opiniones, sino la de otra persona,
ya sea el dramaturgo, el guionista o el director.
El cuerpo y el intelecto, que son las herramientas
de trabajo del actor, se anquilosan y llenan de
herrumbre si no se los entrena a diario en la
construcción de algún rol, se pierden
facultades. La diáspora actoral se ha producido
como consecuencia de la desesperación,
porque la vida se acaba, los años pasan
(nos vamos poniendo viejos, Milanés) y
lo único que adora un actor es actuar.
Reinaldo Miravalles, Miguel Gutiérrez,
Ramoncito Veloz, Albertico Pujols, Yolanda Ruiz,
Beatriz Valdés, Isabel Moreno, Lili Rentería,
Omar Moynelo, Lily Vega, Francisco Gattorno, César
Evora, Rolando Brito, Leonor Cabal, Eduardo Vergara,
Ileana Wilson, Jorge Trinchet, Orlando Fundicelli
y tantos otros... ¡Cómo me duelen!
¡Cuánto me gustaría que estuvieran
todos aquí y hacer juntos las mejores películas,
las mejores telenovelas, las mejores obras de
teatro, los mejores programas de radio, los mejores
doblajes!
Pero me duele más o igual saber que Enrique
Molina, el mismo que diera una soberana lección
de actuación con su Silvestre Cañizo,
sea taxista con licencia, o que José Antonio
Rodríguez (grande entre los grandes) casi
no trabaje, o que Mario Balmaseda envejezca sin
volver a sus personajes inigualables. Me duele
que René de la Cruz no haga más
Julitos ni Samuel Claxton otro Maluala, ni Tito
Junco otro papel como Pata Pelúa, o que
salven del olvido a Maritza Rosales, Verónica
Lynn, Aurora Pita, Manuel Porto, Miguel Navarro
o María de los Ángeles Santana sólo
cuando hacen una telenovela de éxito y
luego sea de nuevo la oscuridad.
Me duelen los infartos de Rogelio Blaín
y extraño mucho a Daysi Granados, Adolfo
Llauradó, Eslinda Núñez,
Isabel Santos, Thais Valdés, Nancy González,
Luisa María Jiménez, Osvaldo Doimeadiós.
He visto a una gran actriz cubana pedir una lata
vacía de mermelada para poder orinar en
una filmación y subirse con ella en un
transporte de vestuario para llevar a término
tan difícil empresa, y me han dado deseos
de llorar, pero he pensado en la falta de recursos.
Aún así, sobreponerse no fue fácil.
Luego he visto recibir con bombos y platillos
a elencos enteros de telenovelas foráneas,
como si fueran héroes de la patria, y recibir
de nuestros funcionarios las atenciones y agasajos
que nunca han tenido con los del patio, y en casos
así, los recursos lejos de faltar, parece
que sobran. Es una modalidad de apartheid que
no comparto ni aplaudo y nos hace sentir inferiores.
A los nativos (actores y actrices) no se les premia
nunca con estancias en el Hotel Nacional o el
Cohiba o el Meliá Varadero, Cubana de Aviación
no les lleva gratis ni a Isla de Pinos, Cubanacán
se desentiende y Panataxi no los traslada a ninguna
parte como cortesía de la Empresa. Para
recibir ese paquete exquisito hay que venir desde
más allá de la plataforma insular.
Yo solo pienso que con todo ese dinero bien podría
comprarse un trailer con baño incluido
y refrigeración, para que mi gran actriz
olvide la lata de mermelada. Ella no quiere un
tour, quiere un baño en su centro de trabajo
(que nunca está en el mismo sitio). Mi
abuela, vieja sabihonda donde las hubiera, que
en paz descanse, me diría: "Mi'jo,
son candil de la calle y oscuridad de la casa".
Me alegran los éxitos del "exilio
actoral" cubano y me laceran los desaires
y maltratos (voluntarios e involuntarios) que
sufren los que están en el "insilio".
Mientras tanto, tengo en casa a una actriz, que
hace seis años que no trabaja como tal,
y se me pone mustia algunos atardeceres fatales.
No se ha ido a probar suerte porque me quiere,
ya no tiene 20 años y encima tiene dos
hijas conmigo. ¡Menos mal!
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¿Y
qué crees de los que hoy hacen revolución
con la música y el arte cubano en
cualquier parte?
Se ha abusado tanto del adjetivo "revolucionario"
y se usa de manera tan arbitraria, que me
provoca la mayoría de las veces cierta
desconfianza, sobre todo si el que se autoproclama
como tal (refiriéndose a la Revolución
Cubana) demuestra con su vida diaria exactamente
lo contrario. He conocido realmente bastante
pocos revolucionarios de esa clase, y cosa
curiosa, no se preocupan mucho por hacérselo
saber a los demás. Se ha entronizado
tanto la doble moral, a todos los niveles,
que ya no sé a quién creerle. |
Es
por ello que de un tiempo a esta parte prefiero
a los que hacen revolución en el sentido
más literal. Es decir, a los que revuelven,
cambian y alteran el orden de las cosas en sus
esferas o campos específicos. Me gustan
definitivamente los que mueven ideas, buscan otros
caminos y otros puntos de vista, a sabiendas de
que no hay verdades absolutas ni respuestas definitivas.
De ésos, está llena la Cultura Cubana,
dentro y fuera de la Isla.
Constantemente se revolucionan las artes plásticas
cubanas (a mi entender, la punta de lanza de nuestro
panorama artístico y laboratorio de todas
las vanguardias) con formas y contenidos novedosos
(y escabrosos); lo mismo ocurre en la literatura,
cuyas huestes se nutren progresivamente de jóvenes
escritores con diversas y muy peculiares maneras
de plasmar sus vivencias, otro tanto sucede en
la cancionística, el teatro, la danza,
el cine. Las generaciones se relevan y es lógico
que cada una niegue algo de la anterior y cambie,
o pretenda cambiar lo que hasta entonces se consideraba
perfecto y lo moderno. De todos ellos, solo puedo
creer en aquellos que son consecuentes con sus
ideas y se lanzan al ruedo, sin pensárselo,
para hacer su obra, que se de a conocer, compita
y levante vuelo. Es la obra lo único que
logra salvar al artista, no las buenas intenciones;
y si las carencias o incapacidades del país
impiden que se realice la obra, hay que tratar
de desarrollarla en otros lares, cueste lo que
cueste. No creo en aquellos que se cansan y se
dejan corroer por el desaliento. Ser artista y
vivir sólo de ello, es difícil en
cualquier rincón del mundo. Por cada triunfador
hay un ejército de perfectos desconocidos,
frustrados en su gran mayoría, pero aún
éstos últimos tendrían que
insistir hasta el límite de sus fuerzas
por imponer su obra. Los artistas cubanos que
hoy habitan temporal o definitivamente en tantos
países disímiles, merecen todo mi
respeto (más allá de si comulgo
con sus ideas políticas o no), sólo
por el hecho de que los he visto luchando a brazo
partido en condiciones competitivas muy duras
y en un terreno que desconocen, por hacer su trabajo.
Algunos sin hacer concesiones de ninguna índole,
otros, haciendo algunas, y otros, (los menos),
haciéndolas todas, pero no seré
yo juez de ninguno. Ellos son de mi equipo, y
yo soy fiel a dos equipos: al de los artistas
y a los Industriales.
tomado
de http://www.cubaencuentro.com
Teatro en Miami
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