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Dos
autores frente a ETA
Miralles y Barrena escriben las dos primeras obras sobre
el terrorismo vasco
| La
del terrorismo es una tragedia que ha interesado a algunos
autores (Belbel, Ortíz de Gondra, Amestoy) pero
sólo ahora salen a la luz dos obras que tratan
explícitamente de ETA. Una de ellas la firma
Koldo Barrena, seudónimo tras el que se esconde
un autor de teatro, intérprete y profesor de
una escuela de Arte Dramático. “Por temor
a ser reconocido y por miedo a las represalias de los
radicales” no permitió que le contactáramos
directamente. El título brechtiano de Terror
y miseria en Euskadi de su obra también es falso,
pero en esta ocasión para evitar ser descalificado
de alguno de los premios a los que ha presentado el
texto. |
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Barrena reconstruye en 100 folios diversos ambientes del País
Vasco: nacionalistas conversando con obispos, estudiantes
con abertzales, la vida cotidiana de las víctimas ...,
un universo increíblemente reconocible. La segunda
obra, también titulada falsamente Carcinoma intraductal,
la firma Alberto Miralles (Elche, 1940), uno de nuestros autores
teatrales más prolíficos –ha publicado
unos 50 títulos, muchos de ellos premiados–.
No es nuevo que ahora Miralles fije su interés en el
terrorismo etarra, su teatro escarba desde siempre en los
asuntos sociales con un humor e ironía que ahora el
tema no le permite. Aquí ha construido una tragedia
en la que enfrenta a los verdugos con unas víctimas
que acaban rebelándose. El Cultural conversa con ellos
y adelanta varios fragmentos de las obras, todavía
no publicadas, seleccionados por los autores.
–¿Por qué una obra sobre el terrorismo
etarra? ¿qué ha ocurrido para que ustedes se
inspiren ahora y no antes en la realidad vasca? ¿Cuánto
tiempo les costó madurar la idea?
–Alberto Miralles: Yo he escrito contra el franquismo,
contra los olvidos de la Transición, contra la corrupción,
contra el terrorismo de Estado, contra el sometimiento del
intelectual. Con mis temas se puede rastrear medio siglo de
España. No escribir sobre el terrorismo de ETA hubiera
sido un hueco en mi teatro, y me preocuparía que mi
silencio pudiera ser interpretado como complicidad. No se
puede ver un atentado de ETA y mirar para otro sitio, porque
entonces ocurrirá lo que dijo Brecht, “cuando
mataron a mi vecino no protesté; hoy vienen a por mí
y ya es demasiado tarde”.
–Koldo Barrena: No sabía cómo abordar
un texto que por lo menos para mí se quedaría
siempre corto en un formato teatral. La idea y su maduración
me ha costado años; son aspectos internos y externos.
Cuando uno cree haber dejado de pensar en ella, internamente
se va reabriendo con cada telediario, charla familiar, suceso.
Es una herida y una asignatura pendiente. Después de
encontrar la documentación precisa y una forma, una
estructura, su escritura me costó tres meses. Mi obra
no revela sólo el terrorismo etarra, sino que aborda
en 46 escenas su repercusión en la vida de los ciudadanos
en el colegio, la universidad, la policía, la familia,
el amor, el partido, los abertzales, los pueblos, las sociedades
gastronómicas, los bares tanto nacionalistas como no,
etc.. Los espacios cotidianos alterados por el terror.
–¿La
han escrito pensando que de verdad iba a ser escenificada
o creen que ese objetivo es impensable?
–A.M: Escribir sobre el terrorismo sin citar a ETA
facilitaría el estreno, pero en el franquismo se
recurría a esas estrategias para evitar la censura,
y si ahora se hiciese lo mismo significaría que nada
ha cambiado, que esta democracia no nos protege del miedo.
Y si los 50 de Leiza se han manifestado a cara descubierta,
¿cuál es mi excusa para no hacerlo?
–K.B: Me gustaría que se llevara a escena,
todo autor dramático aspira a que su obra se escenifique,
es el lugar propio de un texto teatral que se completa si
llega a su forma final. Me temo que no se llevará
a escena, los actores se jugarían la vida. El miedo
impide que se realice. La he enviado a premios de escritura
teatral. El final de todo esto no lo sé.
–¿Cuál
ha sido la mayor dificultad a la hora de crear una obra
sobre un conflicto político social que está
tan presente?
–A.M: Con frecuencia se ha oído decir que escribir
teatro crítico sobre la realidad actual tiene el
riesgo de la falta de perspectiva, de excesiva implicación
y falta de objetividad. Es el perfecto argumento de los
que quieren un teatro evasivo, blanco o descerebrado. Escribir
sobre los conflictos de hoy no sólo es conveniente,
sino necesario, porque supone participar del intento de
solucionar los problemas que nos afectan. Que la obra trascienda
el hecho concreto dependerá de la habilidad del autor.
Valle, Lorca y los realistas escribieron sobre su actualidad,
superando el peligro coyuntural. No obstante, ¡ojalá
que mi obra quede desactualizada: porque significaría
que ETA ha dejado de existir!
–K.B: El teatro no tiene que ser una crónica
de sucesos, para eso está el periódico. El
teatro responde más bien a una dramatización
de los arquetipos en conflicto. En el caso de Terror y miseria
en Euskadi sólo tuve que emular al gran maestro Brecht.
El tema, lo que trasciende de la trama, es la degeneración
moral de un pueblo sometido a la tiranía. Pensé
que debía plantear la estructura de la obra como
un universo de terror alrededor de muchos ciudadanos. De
tal forma debía ser así que pensaba en un
espacio escénico rodeando a los espectadores quienes
a veces veían delante de ellos, en otras ocasiones
detrás, el estampido de un disparo y alguien corriendo.
La simultaneidad de escenas de interior y exterior sin una
continuidad cronológica sino alternando ritmos y
espacios podría parecerse a cómo percibimos
la realidad; fragmentada, imprevista, terrorífica,
próxima...
–¿Qué
autores han tenido presentes a la hora de escribirla?
–A.M: A mi edad las influencias ya están asimiladas
y poseen características propias. En esta obra, como
en El último dragón del Mediterráneo,
sigo investigando la tragedia –un género ausente
desde Buero–, para expresar que la violencia es destino,
porque impide la felicidad y devora a quien la ejerce.
–¿Qué
documentación han manejado?
–A.M:He tenido más dificultad en encontrar
información sobre Juan March (sobre el que, más
o menos, se basa El último dragón...) que
sobre ETA, lo cual no deja de ser anómalo. Sobre
ETA hay ensayos valientes que afrontan el análisis
sin tapujos. Me sorprendieron los trabajos de Fernando Reinares
y Florencio Domínguez, porque partían de un
material de primera mano, de encuestas y entrevistas desde
dentro de la organización. A medida que los leía
iba diciendo “¡no es posible, no es posible!”.
–K.B: Me ha influido bastante la lectura de autores
amenazados por ETA como Arriba Euskadi, de José María
Calleja, Eta pro nobis y Estado de excepción, de
Iñaki Ezkerra, y Patriotas de la muerte, de Fernando
Reinares, sin contar las muchas lecturas de periódicos,
y los telediarios.
–Koldo
Barrena indica en su prólogo que uno de los aspectos
que le ha interesado subrayar es el de cómo la inmoralidad
se ha normalizado en la sociedad vasca, donde se llega a
comparar el asesinato político con un accidente de
tráfico. Es comprensible que una parte de la sociedad
–la no nacionalista– actúe presionada
por el miedo, pero ¿qué o quién ha
anestesiado a la otra?
–K.B: Me parecería cruel generalizar, no creo
que todos los ciudadanos equiparen un asesinato con un accidente
de tráfico. Todos tenemos un sentido de supervivencia,
yo, usando el seudónimo, lo practico. El miedo genera
prudencia, parálisis. El olvido, la necesidad de
vivir, hace que miremos a otro lado. Quien lo critique o
es un ignorante o está a cientos de kilómetros.
Otra cosa es que no tengamos el valor moral de hacerle frente
de alguna manera. ¿Quién ha anestesiado a
la otra? Yo creo que la Iglesia, el Partido Nacionalista
Vasco, los poderes económicos vascos que han favorecido
esa política; los gobernantes españoles, desde
el Rey hasta los distintos gobiernos que no han sabido responder
a ese conflicto histórico. Instituciones que han
mirado a otro sitio por no tener un discurso claro, que
han firmado pactos de estabilidad cuando lo que tenían
que hacer era desmontar dialécticamente esa entelequia
nacionalista. Desde la cultura, la educación no sectaria,
llevar a cabo una idea de estado federal pero nunca etnicista.
Cuando Pío XII firmó pactos con la Alemania
nazi le lavaba la cara a ese régimen. “No podía
ser tan malo si Pío XII, un Papa, había firmado”.
¿Acaso no hay políticos que le lavan la cara
día a día a ETA? Así es como se anestesia
moralmente a un pueblo, a nacionalistas y no nacionalistas.
–A.M: Del País Vasco apenas puedo opinar porque
sé muy poco, pero tendría que ser muy tonto
para no tener un opinión sobre las masacres terroristas
de ETA, porque de eso sabemos demasiado. Después
de la guerra no había seguidores de Hitler, ni de
Mussolini, del mismo modo que tras la muerte de Franco,
toda España era democrática. La Transición
fue una clínica de amnésicos. Cuando desaparezca
ETA, ningún vasco se sentirá aludido por el
terrorismo. Para seguir es bueno olvidar, pero a condición
de saber que se ha olvidado y recordarlo constantemente.
Olvido y perdón son cosas muy diferentes.
–Ambos
se refieren a cómo se enmascara la realidad a través
del lenguaje.
–A.M: La manipulación del lenguaje es tan vieja
como la mentira. Llamar “ajusticiamiento” a
un asesinato es un ejemplo.
–K.B: Se anestesia también edulcorando el lenguaje.
Cambiando el sentido, valorando diferente un asesinato para
llamarlo “lucha armada”, “daño
colateral” o a la Kale borroka, “terrorismo
de baja intensidad”. De uno y otro lado se utiliza
constantemente el lenguaje de combate que consiste en darle
otro valor a las palabras que el que tenían originalmente.
Incorporar nuevos puntos de vista interesados.
–Miralles
pone el acento en las víctimas. Uno de los protagonistas,
dirigiéndose a un ex-etarra dice: “Después
de lo del GAL no se acabó todo. Las víctimas
seguían y otras personas decidieron retomar la tarea
de vengarlas. (...) Somos la ETA de ETA”. ¿No
teme ser malinterpretado y que puedan decir que la obra
anima a tomarse la justicia por su mano?
–A.M: No soy mis personajes. Ellos pueden caer mejor
o peor al público, pero al final –con la excepción
del escritor asesinado– son condenados para mostrar
que en un contexto de violencia no es posible la felicidad.
Es un clima trágico porque de él, como del
Destino, no es posible escapar.
–¿Han
pretendido una obra combativa o realista?
–K.B: La obra la he escrito como una obra de combate.
Una obra contra los opresores y en defensa de las víctimas
del terror etnicista.
–A.M: No es un panfleto. Procuro que mis personajes
expresen sentimientos, además de ideas, y que evolucionen.
Si no lo hicieran sería un pésimo material
dramático. Y ésta es una obra de teatro, no
un ensayo.
–¿Cómo
esperan que sea entendida su obra por el mundo teatral?
–K.B: Me gustaría que produjera sarpullido,
que los directores y actores sintieran culpa por no atreverse
a llevarla a escena, me gustaría que fueran ejemplares
y lo hicieran. Eso conseguiría que me sintiera más
cobarde. En el mundo teatral quien la ha leído la
valora positivamente, reconocen estar de acuerdo y valoran
la valentía y la claridad e intensidad de su dramaturgia,
reconocen estar ante una obra de combate peligrosa para
quien se atreva a llevarla a escena. Si se hiciera hasta
incluso podría funcionar comercialmente pero, tarde
o temprano, con riesgo de un atentado.
–A.M: Con indiferencia. Las obras de autores españoles
vivos no interesan demasiado y si son críticas o
polémicas, menos todavía.
Fuente:El
Cultural
Diciembre 2002
Teatro en Miami
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