Incluye tu email para recibir información sobre nuestras actualizaciones
POSTALES | FOTOS
ARTÍCULOS - 2003
  Diciembre
Noviembre
Octubre
Septiembre
Agosto
Julio
Junio
Mayo
Abril
Marzo
Febrero
Enero
DIARIOS
  The New York Times
Sun-Sentinel
El Nuevo Herald
The Miami Herald
Los Angeles Times
La Vanguardia
Washigton Post
El Mundo
El Clarín
CNN
ArteMiami.com

BUSCADOR internet teatroenmiami.com
Friedrich Nietzsche

Manifiesto Anti-Teatral

"Oh, si esta tan tan sólida carne pudiese derretirse, deshacerse, y disolverse como el hielo; o si el Eterno no hubiese fijado su ley contra el suicidio... ¡Oh Dios, Dios! ¡Qué aburridas, insípidas, sosas e inútiles me parecen todas las costumbres de este mundo! ¡Qué asco! ¡Oh, qué asco! Es un jardín lleno de rastrojos, donde crecen malas hierbas, y productos groseros y de vulgar calaña gozan de él por entero. Que se haya tenido que llegar a esto..."

(HAMLET. Acto.I, Esc.2).

El teatro ha dejado de ser arte (¿pero lo fue alguna vez?). Las exigencias del llamado "teatro profesional" son diametralmente opuestas a las exigencias de lo que podemos entender como "arte". La experimentación, la investigación y la vocación de búsqueda no tienen ningún interés en un medio dominado por las leyes del mercado, por la oferta y la demanda. Más aún: son claramente un estorbo.

El culmen de esta situación son las llamadas "Ferias de teatro" (que igualmente podrían ser ferias de ganado o de alpargatas, da lo mismo), donde todo se vende y se compra... Todo. No estamos en el terreno del arte, sino ante un auténtico mercado de carne humana, una denigrante feria de ganado teatral. Bajo la piel de cordero se esconden lobos; los teatreros con pose de hippies, bohemios y "artistas" no son sino puros especuladores, comerciantes que se prostituyen por un plato de lentejas, que venden sus almas, cual Faustos modernos, por un puñado de bolos. Da igual lo que vendas, eso es lo de menos: lo importante es vender. O estás en el juego, o no eres profesional.

La figura del programador es de las más patéticas que existen: seres prepotentes e incultos, al que no les gusta el teatro (o son teatreros frustrados), putos funcionarios que aprovechan su situación de poder para emborracharse y petardear, sin criterios, sin visión de la vida, del arte o de la cultura, mercenarios vomitivos... Los criterios de los programadores demuestran en qué niveles nos movemos y la capacidad intelectual de tales individuos: no se valora un espectáculo desde un punto de vista teatral (propuesta, puesta en escena, dramaturgia, rigor en el trabajo, riesgo, trabajo actoral, técnica...); no, por Dios, ¡qué tontería!, sino desde un punto de vista, llamémosle "social"; es decir, lo graciosos que son sus componentes tomándose una cerveza, el poder de persuasión que se tenga para convencer a un programador que, evidentemente, carece de criterios propios para decidir qué espectáculo es más interesante o idóneo, el número de talla de sujetador que gaste la distribuidora de la compañía, y lo bien que lo luzca bailando y rozándose con el susodicho individuo... Aunque la figura del teatrero que se arrastra ante ellos es doblemente patética y dolorosa. Esta gente ha convertido el teatro en una mierda, en un lugar de prostitución, donde es prácticamente imposible encontrar un trabajo honesto y sincero. Sólo hay personas vendiendo su alma una y otra vez, ratas de cloaca, arrastrándose, prostituyéndose, revolcándose en la mierda, sin ninguna dignidad ya.

El espectáculo al que se asiste en estas ferias es bochornoso: programadores que lo único que buscan es emborracharse y divertirse, compañías persiguiendo a programadores a costa de lo que sea (a cualquier precio), amiguismos (¿qué decir de las mafias del teatro?), especulación... La vergüenza y la impotencia es brutal. El cinismo llega a extremos increíbles cuando nadie niega la situación que allí se representa, y asumen determinadas afirmaciones con una prepotencia y una sabiduría de la que obviamente carecen. Frases como: "Si quieres investigar y experimentar vete a tu casa, el teatro profesional es otra cosa". Lo peor, lo más terrible, es que es cierto: esto es una pura industria, un puro negocio... Todo ello, como no, aderezado con el constante petardeo de los teatreros, que siempre tienen que "significarse" y demostrar lo divertidos que son. Vergonzoso. Es un auténtico burdel, que lo único que provoca es repugnancia y asco. Uno siente ganas de vomitar ante tanta mierda. Yo siento que no pertenezco a ese mundo, que no tengo nada que ver con esa gente. Ése no es el teatro que yo quiero y siento. No me gusta. No me interesa.

¿Y dónde queda el arte? (Pregunta estúpida e ingenua donde las haya). Evidentemente, a nadie le importa. El arte ya no existe como experiencia estética o camino de conocimiento del mundo. Ha sido engullido también por la sociedad en la que vivimos, que lo ha convertido en productos light, envueltos en un enorme lazo estético que nos haga sentirnos "cultos" ante los convencionalismos más vulgares. El arte ha sido domesticado y convertido en aquello que llamamos, de forma tan general e imprecisa, "la cultura", es decir, lo establecido como correcto, estético, "bueno"... Y quiero dejar claro que aquí no estoy hablando de calidad: hay obras de arte muy malas y productos comerciales muy buenos, y debe haber cabida para todos. El problema surge cuando algo que es esencial se da de lado, se aparta, desaparece. ¿A costa de qué? De nuestras almas.

No hay cabida para el arte en el teatro. La "Propuesta Artística" surge de una necesidad vital, de una búsqueda, de una lucha, de un inconformismo con la vida y el arte... Al artista le mueve el riesgo, y necesita enfrentarse a retos que le superen, a proyectos mayores que él, en un afán de superación artística y humana. No teme al error, porque es parte del proceso de la vida, porque lo que busca no es dar respuestas ni mensajes, sino aprender, entender un poco mejor el mundo y la vida. La propuesta artística se centra en el proceso, no en el resultado (como ya dijeran Stanislavsky o Grotowski), en el riesgo, la búsqueda, la imperfección... Es una obra abierta, no cerrada, no terminada... Al contrario que el "Producto Profesional". Ya el nombre define el concepto: es un producto, es decir, algo terminado, cerrado, útil, industrial, vendible (inevitable dentro de un mercado)... Se busca un resultado claro, algo "perfecto", del mismo modo que el tornillo y la tuerca tienen que ser perfectos para poder encajar y ser útiles. No interesa el proceso, sino el resultado. La elección del proyecto se toma por conveniencia y por estrategia comercial, no por necesidad vital. Hace lo que la gente espera de él, y sus sorpresas no son tales: están calculladas y previstas (aunque se sea Rodrigo García). Piensa su producto en función del mercado, y eso es lo que marca su creación: "lo que debe hacer", según los criterios del "tejido profesional". No nos engañemos: estos productos pueden ser muy estéticos, muy "cultos"... Pero forman parte de la misma maquinaria comercial que otros menos elaborados visualmente. En el fondo, como producto, es lo mismo Lina Morgan que La Fura dels Baus.
El problema es que la gente de teatro no sabe nada de teatro, de arte y de la vida. No saben quiénes son Gordon Craig, Vatjangov o Grotowski, no saben quiénes son Umberto Eco, Duchamp, Pollock... Es decir, no saben nada de los conceptos surgidos en el siglo XX sobre la obra de arte como obra abierta, ni saben nada de literatura, pintura, música, cine, escultura, etc... Tener un compromiso serio y riguroso con el arte y con la vida suena como algo insultantemente ingenuo. Se entiende perfectamente, tras pasar por una feria teatral, la coherencia absoluta en el gesto de Grotowski de abandonar el teatro y centrarse en el parateatro.

Quizás haya que volver a las catacumbas, a hacer teatro real en la clandestinidad, para dos personas que se juntan a vivir un instante único, un ritual que transforma sus vidas, que transgrede y agrede. Una vuelva a un sentido moral y espiritual del arte, a un artista comprometido y auténtico (de nuevo palabras pasadas de moda, lo sé; seguimos siendo ingenuos, lo sé). Me niego a doblegarme ante la estupidez y el cinismo. Hay que buscar, hoy más que nunca, nuevas vías, nuevos cauces, nuevos caminos, alejados de "tejidos" e "infraestructuras profesionales", recuperar un lenguaje artístico y vital, rebelarse contra la imposición monolítica y unipersonal de las instituciones públicas y privadas llevadas por los cabezacuadradas que manejan el cotarro. Luchar, luchar, luchar... Unirse al grito desesperado e inútil del genial Leo Bassi: "¡Hasta los cojones!" Aunque no se consiga nada. ¿Para qué? Para vivir, para no ser vencidos y engullidos, para no ser un simple vegetal con patas que "hace como que actúa", pero que está muerto.

Como le escuché decir a alguien hace poco: España no es un país de Quijotes, por mucho que quede muy bien decirlo. No es un país de idealistas, de místicos, de personas que luchan hasta la locura por una visión moral del mundo... Es un país de Sanchos: de pragmáticos, de cobardes, de personas que sólo quieren llenar su panza, y les importa un carajo mirar más allá.
Teatro en Miami
www.teatroenmiami.com no es responsable por las opiniones expresadas. Cada autor u opinante es responsable por sus opiniones e ideas. Igualmente las informaciones relacionadas con espectáculos son enviadas a www.teatroenmiami.com y son los productores y promotores de dichos espectáculos los responsables de cambios, suspensiones o informaciones erroneas. Los materiales son propiedad intelectual © de sus fuentes originales y son utilizados aquí solo con fines educativos

Este website está diseñado para 800 x 600 | Internet Explorer +5.
Design by www.teatroenmiami.com © 2000-2004
TeatroenMiami.com
se actualiza semanalmente
Es un website educativo y sin fines de lucro
Miami, FL - USA